Los llamados angiomas entran en la categoría de tumores benignos, ya que no se malignizan.

Los especialistas en dermatología definen los puntos rojos o rubí como pequeñas dilataciones capilares debidas a fallos en el sistema vascular. Sí son una forma de envejecimiento cutáneo que tiene un componente genético importante: si tu madre o tu padre tiene estos puntos rojos, tienes más posibilidades de desarrollarlos, sobre todo, a partir de los 40 años.

Aunque suelen presentar el tamaño de una cabeza de alfiler y lo normal es que se desarrollen en el tronco, los angiomas pueden llegar a medir hasta siete milímetros y aparecer en cualquier parte del cuerpo. De hecho, éstos no desaparecen de forma espontánea, sino que se multiplican. Aunque estas pequeñas lesiones de color rojo intenso asintomáticas no requieren tratamiento médico, pueden alertar al dermatólogo para buscar enfermedades subyacentes, como las de origen hepático.

La única forma de eliminarlos es con la tecnología láser.

Y ya que hablamos de cuidar nuestra piel, no podemos olvidar la importancia de protegerla del sol mediante 7 hábitos para tomar el sol de forma adecuada.