La rutina y la repetición en nuestra vida nos aportan orden y seguridad, dando forma a la llamada zona de confort. Nos gusta tenerlo todo controlado y, para ello, nos resulta práctico hacer siempre las mismas cosas, ya que eso nos asegura obtener los mismos resultados. Nuestra parte creativa, sin embargo, se rebela contra el aburrimiento y nos exige novedad, aventura, improvisación.

Contra la creencia de que el propósito de la vida es ir siempre a lo seguro y saber siempre adónde vas, te proponemos estas fórmulas para introducir improvisación en tu vida cotidiana:

1. Cambia de ruta para ir al trabajo. Aunque sea un poco más larga, verás cosas nuevas que pueden aportarte una nueva inspiración y el día no empezará siempre igual.

2. Frecuenta nuevos ambientes y habla con desconocidos, como alternativa a las conversaciones previsibles que mantienes con los de siempre.

3. Compra un libro que no conozcas, solo porque el título o su contenido te resultan sugestivos. Practica el arte de la improvisación en una librería,

dejándote guiar por la intuición.

4. Pasea por un lugar en el que nunca has estado. Para ello, toma una línea de autobús hacia un destino que no conoces o bájate en una parada de metro en la que nunca has estado. Déjate sorprender por el ambiente.

5. Haz algo que nunca hayas hecho. Tocar un instrumento, aprender un nuevo idioma, ensayar un nuevo plato… Cualquier novedad que introduces en tu vida es una cura contra la rigidez y el aburrimiento. Espontaneidad no significa tener que hacer locuras, sino abrir compuertas para que fluya la creatividad que anida en ti.