La meditación es una actividad relacionada con el alivio del estrés o incluso con el budismo. No obstante, también es una práctica que pueden llevar a cabo los niños y que puede ayudarlos de distintas maneras y no sólo a nivel psicológico, sino también en su proceso de aprendizaje. Iniciar a los niños en el mundo de la meditación desde una edad temprana es la mejor manera para garantizar su bienestar.

Para enseñar a los más pequeños en qué consiste la meditación, lo mejor es hacerlo al final del día que es el momento perfecto cuando puede coincidir toda la familia en un ambiente relajado. Sentados cómodamente en el suelo con los ojos cerrados, el siguiente paso será centrarse en la respiración: una inspiración profunda por la nariz, mantener el aire en los pulmones y expirar lentamente por la boca. A partir de ahí se puede introducir música relajante o la narración de unas instrucciones para liberar los pensamientos.

Este entrenamiento ayuda a relajar tanto el cuerpo como la mente y en un niño puede desarrollar una mejora de la concentración, la atención y la memoria enriqueciendo su proceso de aprendizaje. Asimismo, puede convertirse en una herramienta muy útil para tratar miedos o dudas, así como para tranquilizarse y renovar energías. Todo ello convierte la meditación en una actividad beneficiosa para toda la familia cuando se practica con regularidad.