¿Temes intentar las cosas? Quizá piensas que no te van a salir bien. Pues te doy una buena noticia: te estás adelantando a los acontecimientos. No puedes saber lo que te saldrá bien o mal, ni siquiera basándote en experiencias anteriores, porque cada momento es distinto y cada oportunidad es única.

¿Te cuesta creerlo? Pues te doy otra buena noticia: cuando crees que has fracasado, en realidad tan sólo estabas intentándolo. Sí, porque los intentos son eso, intentos, y si no consigues hacer lo que te propones, no significa que tengas que llevarte un nuevo fracaso a casa. ¿Acaso el intento no es ya un éxito en sí mismo?

Lo que pasa es que tu cabecita no deja de pensar que has fallado y cosas por el estilo que sólo te sirven para minar tu autoestima y que proceden de tu ego. No estoy diciendo que seas egoísta ni egocéntrica, lo que digo es que le das demasiada importancia a tu ego, por encima incluso de la realidad. Y esto es un error que acarrea cientos de problemas. Te lo explico.

Según el psiquiatra Wayne W. Dyer, esta voz interior que todos tenemos y que a veces nos juega muy malas pasadas, es el ego que habitualmente se centra en lo que te falta y en tus carencias; en las circunstancias negativas; en la duda; en los miedos; en el pasado; e incluso en las opiniones ajenas. Seguramente, cuando escuchas a tu ego, te sientes cansada y sin ánimo para continuar, ¿verdad? Es lógico, es agotador escuchar a alguien negativo. Estás permitiendo que sean esos pensamientos negativos los que dirijan la situación, en lugar de hacerlo tú. Dejas que te hable hasta que el miedo y la percepción negativa sobre ti mismo, acaban por paralizarte y bloquear tu intento.
 

5 pasos para intentar lo que de deseas:
 

  1. Aprende a intentar: En mis cursos, suelo proponer un ejercicio a mis alumnos para que aprendan a valorar cada uno de sus intentos y el hecho de “intentar” en general. Les pido que “intenten coger” un lápiz, que he dejado previamente sobre la mesa. Casi todos lo cogen sin problema en el primer intento. Entonces se sorprenden cuando les explico que lo que han hecho ha sido “coger” el lápiz, pero en el ejercicio yo les pedía que “intentaran cogerlo”.
     
  2. Descubre las diferencias: Casi nadie es capaz de ver la diferencia. Es porque coger un lápiz es bastante fácil y no requiere ningún esfuerzo, pero cuando lo que queremos hacer es más complicado y requiere de nuestro trabajo continuo y de un esfuerzo mucho mayor que el habitual, es importante diferenciar el intento del logro, para valorar cada uno en su justa medida. Intentar no significa siempre conseguir, pero es igual de importante y de necesario en cualquier camino que emprendas.
     
  3. Disfruta el éxito: Hay algo que tienes que aprender, que nadie te ha enseñado seguramente, y que es muy importante: intentar es tener éxito. Una amiga me dijo que, durante su estancia colaborando en un hospital de enfermos terminales, había averiguado aquello de lo que más se lamentaban los que iban a morir. Todos, sin excepción, le hablaban siempre de cuánto les gustaría tener una nueva oportunidad para “intentar” hacer aquello que habían dejado de lado por no atreverse o por no tener tiempo, o por miles de excusas que cada uno había fabricado en su mente durante su vida. Es decir, que lamentaban por encima de todo no haber “intentado”. ¿No querrás que te ocurra lo mismo, ¿verdad?
     
  4. Hazte preguntas siempre: Pregúntate por qué no lo intentas. Seguramente, en tu respuesta está la clave de tus miedos. Esa clave es la llave que abrirá la puerta a tu intención. No esperes más y ¡ábrela! ¿Te animas a intentarlo?
     
  5. Disfruta de tu silencio: En esta época tan tecnológica perdemos mucha energía en hacer partícipe a los demás de nuestro día a día y también de nuestros sueños. Sin embargo, es mucho mejor que los muestres cuando los hayas conseguido y que mientras tanto, te guardes para ti tus intentos. Necesitarás de toda tu energía para intentar lo que deseas y no es necesario que los demás sepan lo que estás haciendo. Además, parecer un poco enigmática siempre es elegante, ¿no crees?