El mindfulness es una práctica basada en la meditación, que consiste en prestar atención consciente y plena al momento presente. Haciéndolo con el máximo interés, curiosidad y aceptación, atendiendo a la experiencia que se está viviendo sin juzgar lo que se percibe, sin preocuparse por sus causas ni consecuencias.

Según los expertos, este tipo de atención nos permite aprender a relacionarnos de forma directa con aquello que está ocurriendo en nuestra vida, tomar conciencia de nuestra realidad y enfrentarnos de forma consciente con nuestro estrés, dolor, enfermedad, pérdida o con los desafíos de nuestra vida. Practicarlo de forma continuada consigue mejorar nuestra calidad de vida, reflejándose en una mejora en la capacidad de concentración, la autoconciencia y la inteligencia emocional.

Su buena aceptación y sus buenos resultados, han hecho que se aplique también a otros aspectos de la vida, como la nutrición, dando lugar a lo que se conoce como mindful eating o alimentación consciente. Pero, ¿en qué consiste exactamente?

Actualmente, vivimos con un alto nivel de estrés. Comemos mal, rápido y, con más frecuencia de lo deseable, “enganchados” a un dispositivo electrónico. Apenas lo saboreamos, como si simplemente necesitáramos cubrir una necesidad fisiológica para seguir dedicándonos a nuestras muchas ocupaciones y preocupaciones. Como si canalizáramos nuestro estrés y nuestra ansiedad a través de la ingesta de alimentos sin consciencia.

El mindful eating pretende focalizar toda nuestra atención en el acto de comer para ser conscientes de lo que estamos comiendo, del sabor y la textura de los alimentos y de las sensaciones que nos provocan. Para dejar de lado el estrés mientras comemos y, de ese modo, generar una conexión con los alimentos que hemos elegido y nuestro propio bienestar. Para evitar que ciertas emociones negativas nos lleven a comer con ansiedad, eligiendo aquellas opciones alimenticias menos saludables para nuestro organismo, lo que se denomina “hambre emocional”.

Esta hambre emocional nos lleva a ingerir alimentos ricos en carbohidratos o productos procesados con altos niveles de azúcar, que reduce el cortisol, la hormona del estrés, generándonos un placer momentáneo. Si nos ataca de forma puntual por alguna situación estresante no debemos preocuparnos, ni tener sentimiento de culpa, pero si nos sucede con frecuencia debemos prestarle atención, pues puede dar lugar a trastornos de la conducta alimentaria.

Una alimentación saludable y equilibrada con alto valor nutricional, nos ayuda a reducir y controlar los niveles de ansiedad, estrés y depresión, que pueden estar causando esa mala relación con la comida. Y escoger alimentos de origen natural, con alta cantidad de nutrientes, es clave para hacer frente a este problema.

El mindful eating nos sugiere realizar diferentes acciones antes y después de comer, como por ejemplo: prestar atención al etiquetado; elegir productos frescos y de temporada; cocinar en un ambiente agradable; tomar consciencia antes de comenzar del acto de comer; sentirnos afortunados por poder hacerlo; atender a los sabores, olores y texturas; dejar de comer cuando estemos llenos; y no juzgarnos por lo que hemos comido.

Si nuestra relación con la comida está marcada por la ansiedad, es recomendable contactar con un nutricionista y psicólogo profesional, pues podrá proporcionarnos técnicas que nos ayuden a conseguir una forma de vida saludable, que no podremos alcanzar sin una alimentación equilibrada, consciente y sana.

Lucía Belloch, farmacéutica, nutricionista y coach de Baïa Food