Desde hace algunos años vengo planteándome la necesidad de promover navidades más conscientes y cada año que pasa lo tengo más claro: si queremos disfrutar de estas fechas, debemos atender a su esencia y no a las capas de consumismo y materialismo con las que las hemos cubierto.

En la infancia tomamos esta época con ilusión, la mezcla de vacaciones y regalos siempre es bienvenida por niños de todas las edades. Sin embargo, cuando entramos en la edad adulta el peso de los compromisos, los gastos y la desgana, comienza a inclinar la balanza y la Navidad termina por convertirse en una tortura.

¿Qué tal si apelamos a la sencillez, apartamos el materialismo, tiramos de asertividad y vivimos la Navidad con atención plena?

Te invito a reflexionar conmigo acerca de algunos aspectos que podemos analizar y reconfigurar para vivir estas fechas de una forma consciente, humilde, plena y feliz.

 

  • Reflexiona sobre la Navidad y tómala como a ti te guste

¿Qué es para ti la Navidad? ¿Qué celebras? ¿Por qué te reúnes con tus seres queridos? ¿Por qué haces regalos? ¿El día 25 te reúnes para conmemorar el nacimiento de Jesús o solo vas a comer con la familia?

Vivimos en automático, ya lo sabemos, y esto incluye también la Navidad y cualquier otro festivo de origen religioso. ¿No te parece una idea genial hacer el ejercicio de recuperar el significado de la Navidad y tenerlo presente durante todas las fiestas?

¡Y no!, no necesariamente debes reunirte a celebrar el nacimiento de alguien, menos aun si no crees en ese alguien o la religión y tú no sois grandes amigos. Basta con que decidas qué significado le das tu a las fiestas, con qué motivo de celebración te sientes cómoda, por qué te arreglas y sales a cenar en familia, étc. Ese motivo que elijas deberás tenerlo presente y acudir a él cada día, cuando te sientas feliz y quieras poner consciencia sobre esa sensación de plenitud, como el día en que no quieras ver a nadie y aun así debas hacerlo.

Navidad Consciente

  • Mindful Christmas

¡Qué raro, yo hablando de mindfulness! La atención plena se puede aplicar a todo, en cualquier momento podemos experimentar sus beneficios y, cómo no, la Navidad es un momento perfecto para ponerlo en práctica y notar cómo todo cambia cuando nos cambiamos de gafas.

El modo automático del que hablamos es un estado muy cómodo para nuestra mente, ya que nos permite alejarnos de la realidad cuando esta nos resulta incómoda. La rutina diaria, las cenas del trabajo, los excesos, los gastos que se nos escapan de las manos y la energía infinita que debemos tener para sobrevivir a todo esto hasta el 10 de enero, más o menos, son motivos más que de sobra para que nuestra mente entre en automático y decida evadirse.

¡No entres en guerra con ella! Pero sí debes esforzarte un poco en mostrarle cómo salir de los pensamientos y entrar en las sensaciones puede ser mucho más placentero que cualquier otra cosa.

Saborear la comida con atención, escuchar las conversaciones de las personas sin programar a la respuesta, arreglarnos con sencillez y consciencia, analizar bien cada regalo y hacerlo con amor y, de verdad, un sinfín de ejemplos dónde podemos salir del automatismo y obrar con todo nuestro amor y cariño.

 

  • Se avecinan gastos. Sé responsable

Hablemos en primer lugar de cómo llenamos la mesa de platos de comida y luego nos vemos obligados a tirar la mitad porque, ni aunque comamos recalentado las próximas dos semanas, terminaremos con la batería de tuppers que armamos el día de la fiesta.

Compra la comida justa, cocina la comida justa y sirve la comida justa. Ya no solo por gestionar mejor tus gastos, sino también por gestionar mejor los recursos que, dicho sea de paso, no son tuyos (ni míos tampoco). Tiramos mucha comida y eso se debe a nuestra costumbre de servir mesas opulentas. La prosperidad de nuestros hogares la identificamos con la abundancia en las mesas y, como imaginarás, esto no es ético ni consciente.

Además, llegan las compras masivas de regalos, pregúntate: ¿qué necesitas?, ¿qué necesitan tus hijos, tu pareja, tus padres?, ¿tienen que tener treinta paquetes cada uno de ellos?, ¿abrir regalos por abrir regalos?, ¿no te ha pasado que abres regalos y se te olvida lo que te han regalado? o, ¿no te has planteado qué opinas de ello?

Te invito a reflexionar sobre cómo y por qué regalar. Puedes hacer regalos muy bonitos si pones un poco de interés a la tarea, averiguas qué necesita esa persona y compra y empaquétalo con amor. En el post Qué regalar en Navidad y por qué. Parte I reflexiono acerca de cómo entender esto de regalar y qué podemos hacer para estar en paz con las decisiones que tomamos al respecto.

Y, por último, que no se pierda la bonita costumbre de meter dinero en un sobre. ¿Quieres que te diga por qué? Porque, aunque parezca muy frío, la realidad es que quizás a la persona que vas a regalar le apetece pedir sushi con tu dinero, en lugar de almacenar otra bufanda de cuadros en su armario y, está bien, a la persona que regala quizás esto no le guste, pero (personalmente) prefiero patrocinar una buena cena que una bufanda cogiendo polvo en un armario.

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  • Fluye, a veces son fechas duras

Por unos motivos u otros, la Navidad no siempre nos trae el ánimo que necesitamos para afrontar la vida en sociedad, las reuniones de trabajo y las cenas en familia. Estos u otros motivos, pueden ser echar de menos a una persona que ya no se encuentra con nosotros, estar lejos de un ser querido, experimentar sensibilidad ante los problemas del mundo o, simplemente, sentir una especie de tristeza inexplicable, como una melancolía.

Si te identificas con estas situaciones o sensaciones, respira profundo y fluye.

Pon toda tu atención en esas emociones y sensaciones corporales que te invaden y experiméntalas. No sufras, solo analiza y aprende de ellas. Es normal vernos afectados por determinadas circunstancias en fechas donde todo parece tener que ser perfecto, el mantel perfecto, hijos perfectos, perfectos compañeros de trabajo, alegría y villancicos. Y, a veces, no es así. A veces caemos en la cuenta de que el mundo, tal y como lo vemos, no nos gusta. A veces tomamos consciencia de que se ha terminado el año y no hemos logrado ningún propósito, ni hemos disfrutado en lo absoluto del año.

Cuando te sientas desganada, recuerda estas palabras: todo es cómo tú decidas verlo, no rechaces tus emociones, observa y gestiónalas. En ocasiones sólo necesitamos permitirnos estar tristes para que la tristeza haga su trabajo y, finalmente, siga su camino.

 

  • Evita los excesos

Créeme. En estas fechas de tanta intensidad, lo que menos te apetece es sufrir estreñimiento, sentirte pesada, cansada o hinchada. Sé que es tiempo de disfrutar, pero disfruta con conocimiento de causa.

¡Y no! Puedes estar segura de que no lo digo porque engordarás y luego te arrepentirás. Básicamente estoy apelando al bienestar de tu cuerpo físico, que lo único que quiere es agua y comida nutritiva, y tú le vas a dar comida pesada y sidra. Cuídate.

Tu cuerpo físico y tu cuerpo energético van de la mano, tomar al pie de la letra mis recomendaciones para cuidar tu mente y tu espíritu, olvidándote de respetar tu organismo ¡no tiene ningún sentido! Imagina que te sientes nostálgica y, para colmo, ¡te buscas una buena resaca! Hazme caso: no ayuda.

Nuestro cuerpo se resiente cada vez que le damos más o menos de lo que necesita. Respétate, para que él te respete.

 

  • ¡Y por último!

No quiero dejar pasar esta oportunidad para desearte felices fiestas. Si crees en una fuerza superior a ti, es un buen momento para sentirla y honrarla, y si no, ¡aprovecha para disfrutar del tiempo en familia!

Tómate la Navidad como tú quieras, solo hay un requisito, que te haga sentir en paz contigo misma y con tu entorno.

Practica mindfulness cada día, experimenta cada momento y analízate, después de todo son unas fechas muy buenas para el autoconocimiento.