El espacio vale dinero (y más tras la burbuja inmobiliaria). Pero el tiempo, también. Las viviendas asequibles para un salario normal son cada vez más pequeñas. Esto obliga a medir mucho qué queremos conservar para no acabar en una casa asfixiante. Tampoco estamos dispuestos a dedicar horas semanales a la limpieza de una casa llena de enseres y recuerdos en forma de portafotos, libros o útiles de cocina cuando cada vez tiramos menos del puchero. El minimalismo como forma de vivienda pese a ser una corriente aún minoritaria, crece en adeptos.

Solo hace falta dejar atrás el apego a las cosas –o lo que es lo mismo, practicar el desapego–. A cambio, se gana espacio, tiempo… y mucha calma.

¿Cómo hacerlo? Hay dos maneras. La más sencilla es directamente hacer minimalista tu nueva casa. Introducir el minimalismo en tu vida es lo ideal pero, claro, lleva más tiempo. Hay que seleccionar minuciosamente y tirar, vender o donar aquello que no se utiliza. Los expertos recomiendan ir habitación por habitación, con tranquilidad pero con firmeza y sin sensiblería.

 

1. Fácil acceso a lo que buscas.

¿Te ha sucedido que buscas algo en el armario, tienes que desmantelarlo y acabas no por localizar lo que querías o lo encuentras tras media hora esparciendo bártulos por toda la estancia? Los amantes del minimalismo consideran que su tiempo es oro. Mucho antes de que Marie Kondo llegara a nuestras vidas los minimalistas ya sabían que acumular solo sirve para entorpecer la rutina diaria. En un salón libre de trastos todo se encuentra a la primera. Y en un armario ropero, mucho más.

Consejo: deshazte de aquello que no hayas usado en los últimos doce meses. Y más si ya tienes un sustituto nuevo. Adiós al walkman de cassette, a la yogurtera y al despertador digital. Hay muchas posibilidades de que no los vuelvas a usar.

 

2. Lista para los invitados.

¿Te incomodan las visitas sorpresa porque nunca la tienes perfectamente recogida? El problema desaparece si se reducen las posesiones a lo esencial. Una mesa con jarrón, ceniceros y una familia de estatuillas de cristal labrado se tarda más en recoger que una vacía.

Consejo: aplica el criterio de utilidad. ¿No fumas pero guardas ceniceros por si vienen visitas? ¿Dos juegos extras de toallas de manos por la misma razón? Deja de hacerlo.

 

3. Estreno constante

Cuanto más acumulas más te cuesta despegarte del pasado. Y más difícil es cambiar visualmente lo que te rodea. Tienes la impresión de obligarte a usar siempre la misma ropa o a ver siempre el mismo salón. En cambio, si despejas tu casa, con desplazar algunos muebles parecerá que estrenas espacio.

Consejo: elimina los souvenirs de la librería, el paragüero de la entrada.

 

4. Sensación de amplitud

Puede que la casa sea pequeña pero lo será aún más si el poco espacio transitable se llena de banquetas, cómodas, tresillos o cestos para acumular revistas viejas. Hazlo por el feng-sui o por no llenarte de cardenales por chocarte con las cosas: quédate solo con lo indispensable.

Consejo: haz que todo lo que tienes a la vista tenga una utilidad real. Mantener una silla en el dormitorio para dejar ropa tirada no es una necesidad. Es la antesala al desorden.

 

5. Acceso inmediato

Hay quienes hacen un inventario de los libros o los discos que tienen en casa. Es imprescindible cuando tu biblioteca o tu discoteca es realmente extensa. Con el libro digital se pierde el encanto de pasar páginas, pero se ahorra mucho espacio. Y accederás a los libros en cuestión de segundos. Lo mismo con los discos.

Consejo. ¿Guardas revistas enteras en las que solo te interesa un artículo? ¿Por las recetas de cocina? Escanéalo.

 

6. Mantenimiento infinito

Un apartamento minimalista puede convertirse en un almacén si vamos dando cabida a nuevos adornos, nuevos muebles… Hay que ser firmes: si ya optaste por vivir con menos no te dejes colonizar por nuevas tentaciones. Además cuanto menos tengas, menos limpiarás.

Consejo: sigue a rajatabla la regla de que si algo entra, algo debe salir. Así mantendrás el equilibrio. Esta norma ayuda también a mantenerte alejada de las compras compulsivas ya que si compras un nuevo pantalón deberás deshacerte de otro de tu armario.

 

7. Un extra de tranquilidad

Los psicólogos advierten: el desorden o los espacios demasiado recargados perturban nuestra calma, nos generan estrés y dificultan la concentración. Por algo los monasterios románicos eran tan austeros. Cuanto menos tengas a la vista más fácil te resultará desconectar al llegar a casa.

Consejo: ¿tienes la nevera llena de imanes, post its o listas de teléfonos? Despéjala. Haz lo mismo con las paredes si te ha ido la mano colgando cuadros, posters o percheros. La pared blanca es el nuevo negro.