La Navidad se acerca y con ella todas las reuniones familiares correspondientes. Puede que tengas ganas de ver a mucha gente, pero sabemos que hay personas que preferirías evitar. En todas las familias hay roles y conductas que se repiten año tras años y que pueden generarte estrés  ya que te resulta difícil lidiar con ellas, o porque sus comportamientos pueden llegar a crisparte en unas fechas tan señaladas como la Navidad. “La gente no disfruta de aquello que siente como una obligación. Y eso pasa en Navidad, porque son unas fechas determinadas, quieres estar con unos pero no con otros... Y eso nos agobia”. Estas fiestas son el escaparate de todo tipo de roles. Prepárate y sé hábil a la hora de manejar la situación con este listado de los roles predominantes.

1. El pesado

Puede ser el famoso cuñado, esa figura que se ha convertido en sinónimo de “yo lo sé todo, opino y así son las cosas”. Si no puedes evitarlo, ponle límites en la conversación, dale la razón en parte (debes estar dispuesta a aguantarle) y trata de no sentarte delante de él para que la velada no sea monotemática. A poder ser, no le sirvas mucho alcohol porque dará rienda suelta a su energía...

2. El ausente

Puede que no diga nada por vergüenza, por sentirse sobrepasado o por pensar que no tiene nada que ver con nadie (y eso es imposible en una reunión familiar). Aprovecha para conversar en petit comitè, arranca con un elogio comedido sobre su aspecto, por ejemplo, o comentando sus aficiones. Busca nexos de unión.

3. La matriarca

Esta categoría abarca mucho más que la de madre. Las matriarcas comen las últimas y se levantan constantemente para controlar el asado en el horno. Acude antes para ayudar, fomenta el trabajo en equipo y, si es necesario –que lo suele ser–, fuerza a tu madre a sentarse. Agárrala. Ella debe entender que la Navidad no ha es un sacrificio y que otras personas pueden cocinar y servir a los demás.

4. El comodón

Si al verlo sientes que te hierve la sangre, ínstale a que mueva el trasero de la silla o del sofá. Suelen ser los más comodones. Los platos no vienen solos a la mesa, como tampoco se cocina por arte de magia o se recogen solos los regalos. Pídele que colabore con sentido del humor para evitar roces. Busca aliados que te ayuden.

5. El chantajista emocional

Los hay que aprovechan para echar en cara la falta de visitas (“no se te ve nunca el pelo”) o las pocas atenciones (“es que solo piensas en ti, y no haces nada de lo que yo te pido”). Deja claro que tú tienes tu vida y si sientes realmente que les has fallado, piensa en cómo mejorarlo. Pero, ante todo, deja claro que eres un ser independiente.

6. El triste

La pérdida de seres queridos afecta a todos y, en especial, a quienes convivían con ellos. Si la pérdida es reciente, puede que cambiar de aires sea lo que más les conviene; pero si, por el contrario, acuden a la reunión familiar, una actitud comprensiva y sin atosigamiento les hará mejor que estar demasiado encima de ellos, pese a las buenas intenciones. Mezcla los recuerdos con el buen humor si se permite.

Seguro que existen muchos otros roles, muchos otros estereotipos y conductas que se repiten en tu familia, pero estos son los que pueden llegar a estresarte. Ahora ya sabes como puedes enfrentarte a cada uno de estos casos para pasar una Navidad en familia lo más agradable posible.

 

Si los encuentros con estas personas se te hace cuesta arriba, debes poner a prueba tu asertividad ser firme en tus respuestas y en tus intenciones con estas personas para que no te tomen el pelo y para que no se te haga “insoportable” estar con ellas en la mesa.

Tienes que aprender a decir que “no” si lo consideras necesario. Desde a ofrecimientos a copiosas comidas o a regalos excesivos; y di que “no” o suaviza tu mensaje si las conversaciones pueden derivar en discusión.

Tu actitud es muy importante ya que es lo que definirá, quien eres en el fondo. No caigas en la agresividad, ni en la sumisión, pese a que haya cosas que te hagan perder los nervios. Un “preferiría que no me dijeses que tengo que hacer” es mejor que un “déjame en paz”. O “prefiero que no me critiques porque me incomoda” te da más razón que un “estoy harta de tus críticas”.

Practica estas técnicas con un tono calmado. Si ya estás en plena discusión: diferencia entre un hecho de una forma de ser (“aunque llegue tarde no soy impuntual”); relativiza (“quizá este tema no sea tan importante”); usa el banco de niebla (“en parte te doy la razón”) y valora en positivo y pregunta (“sé que lo dices con tu mejor intención, ¿qué harías tú en mi lugar?”).