¿Eres de las que se pasa de forma perenne a dieta sin lograr rebajar esos kilos de más? ¿Vives los días de comida baja en calorías como un período ominoso de sufrimiento? ¿Buscas el plan más rápido y de resultados más asombrosos y luego te extrañas del efecto rebote? Saltarse etapas suele ser sinónimo de fracaso, tanto como ir a lo facilón. No disfrutar del camino también tiende a acabar mal. De aquí en adelante olvida la palabra ‘dieta’ y plantéatelo como ‘vivir mejor’. ¿Vas a renunciar a eso?

 

Haces la cuenta de la vieja

No, no y no. Despídete de la calculadora de calorías. Las cifras de consumo calórico que aparecen en las revistas se calculan para un varón de 70 kg. ¿Pesas 55 kg? Tu cuerpo va a quemar menos calorías por hacer el mismo trabajo que el varón en cuestión.

Pero las malas noticias no acaban ahí. Resulta que ese varón en tu misma clase de spinning quemará más calorías que tú. ¿Está cachas? Quemará todavía mucho más porque sus músculos necesitan más energía. Si al terminar la clase él y tú os zampáis sendas palmeras de chocolate adivina quién acabará engordando…
 

Ves la dieta como una condena

Te agobias solo con pensar que a partir del lunes te pones a régimen. Lo vives cual agonía en el Huerto de los Olivos, como si las próximas semanas fueras a entrar en una cámara de tortura. Y desde el día 1 no haces más que contar los que te faltan para salir del agujero, fantaseando con la fabada que te vas a tomar cuando tu cuerpo sea ya el de una sílfide –y que junto con otros atracones te devolverá a la casilla de salida en menos de lo que querrías–.

En el proceso estás tan agobiada que te permites pequeñas licencias a escondidas: una chocolatina, una bolsita de patatas… Pequeñas tentaciones que te aportan, exactamente, las calorías que pretendías perder. Fracaso asegurado.
 

No consigo adelgazar 5 cosas que te lo impiden
 

Tomas atajos

Los nutricionistas recomiendan perder entre 0,5 y 1 kg por semana. Si te prometen perder 8 kilos en un mes huye porque las dietas milagro efectivamente te harán bajar de peso a toda velocidad… tanta que lo recuperarás así de rápido. Olvídate de los ayunos exagerados y sin supervisión, de las dietas alucinantes a base de piña y de todas las locuras que te alejen de un plato que otra persona pueda considerar normal.

Ponte en manos de un nutricionista y deja que te trace un menú. Te sorprenderá saber que al quitar algunas grasas y los excesos de hidratos de carbono (por ejemplo, el pan y las patatas fritas) las raciones se vuelven muy abundantes. Y ya hay muchas recetas con platos bajos en calorías variados, vistosos y aptos para toda la familia. Hay vida más allá de la lechuga y el pescado a la plancha.

Al terminar el proceso, no solo habrás bajado varias tallas. Habrás adoptado nuevos hábitos con respecto a la comida. Y no volverás a engordar.

 

Adelgazas por razones equivocadas

¿Buscas perder peso porque ahora se llevan las chicas delgadas, porque tu chico tiene una compañera de trabajo con cuerpo de top model o para ligar más? No vas por buen camino. Considera tu cuerpo como una inversión.

Lograr tu peso ideal es invertir en salud, en una mayor movilidad, y, sí, también en felicidad porque te verás mejor. Pero tienes que sentirlo tú. Adelgazar para otros es un motivo que se deshincha con rapidez. En cuanto esa colega escultural se cambie de departamento o tu chico deje de ser tu chico abandonarás la dieta. Y volverás a ganar peso. En cambio, si te sientes más ligera, fuerte y guapa, ¿a que querrás seguir comiendo bien?

 

Buscas el premio equivocado

¿Tienes estrés? Bolsa de patatas. ¿Estás tristona? Bote de helado. ¿Feliz porque tienes un nuevo trabajo? Comilona. ¿Satisfecha con tu entrenamiento de hoy? Cervecita y aceitunas al llegar a casa. Asociar el placer a la comida –especialmente a la calórica– es un error que arruina todo el equilibrio del día.

Cambia el chip. ¿Tienes estrés? Date un baño con gel de colores. O sal a correr. Sal un fin de semana a la montaña, ve a un concierto… Mentalízate: la comida no es un premio.