¿Eres de las que se cierra a todo? ¿Tienes el «no» siempre en la punta de la lengua? ¿Nada te parece lo suficientemente bueno? ¿Te repatea esa dependienta que siempre dice «solo tenemos lo que ves en tienda» en vez de mirar en el almacén por si queda tu talla? ¿Te niegas a aceptar las derrotas? ¿El de enfrente siempre está equivocado o busca hacerte daño?

Todas estas actitudes tienen un nombre: negaholismo. «Hay personas con mayor tendencia a mostrarse como negadictos o negahólicos. Es un proceso interno tóxico y crea patrones de conducta que a la larga perjudican la vida del afectado. Llegan a boicotear sus propios sueños por el miedo infundado o el pesimismo. Y viven en una angustia constante», apunta la psiquiatra Marián Rojas-Estapé.

No es que no haya cosas malas en la vida, que las hay. Ni que en ocasiones no tengamos que plantarnos ante aquello que nos perjudica, que también. «Es esa negación sistemática que nos impide ver lo positivo o, incluso, lo meramente neutro». Incluso cuando hay algo negativo (un despido, una ruptura, un robo), cerrarnos no ayuda.

«El sufrimiento y el dolor existen para todos. La diferencia radica en la forma de afrontarlo», explica Rojas-Escapé, «el tiempo puede no curar todas las heridas, pero sí las cicatriza. El negahólico reabre la herida, la escarba y no permite que se cure. El optimista y resiliente permite que se cierren y busca nuevos caminos para mejorar». En otras ocasiones decir «no» simplemente nos cierra las puertas a una vida más variada.

Detectar cuánto tienes de negahólica no es difícil. Enmendarlo, aunque no lo creas, también es más asumible de lo que parece.

 

Olvídate del no irracional

No a robar, no a matar, no a abandonar a un cachorro en la carretera. Pero, ¿no a navegar hacia lo desconocido? ¡Menos mal que Cristóbal Colón hizo caso omiso a quienes auguraban un destino funesto a sus tres carabelas! ¿Y si te atreves a probar ese plato africano? ¿O a escalar en un rocódromo? Prueba aquello que te ofrezcan (siempre que no sea una majadería). Tiempo hay para decir «gracias, no me gusta».


Hoy irá bien

Una mala experiencia nos predispone a negarnos a repetir lo mismo por si vuelve a ir mal. ¿No has vuelto a meterte en el mar desde que te picó una medusa? ¿Te cierras al amor porque aquel chico te rompió el corazón? Dale una segunda oportunidad a la vida. Esta vez seguro que va bien.
 

Busca el lado positivo

Parece una frase sacada de La Vida de Brian pero, rascando un poco, siempre podemos encontrar algo de bueno en cada situación. ¿Te parece horrible todo lo de esta tienda que te recomienda una compañera? Dale una oportunidad. Seguro que hay una blusa a buen precio que puedas combinar con tus nuevos pantalones. ¿Tu suegra se muda unos días a casa mientras le arreglan la cocina? Pídele que ya que está en casa se quede con los niños para que tu pareja y tú salgáis a cenar. Y sugiere a los niños que vean con ella esa película de Disney que tú ya has visto trescientas veces.


Sé creativa

¿Las tiendas de muebles baratos son un asco? Todo lo contrario: podrás renovarlos o costumizarlos sin remordimientos, dando así un aire nuevo a tu casa. ¿Llueve y se os chafa el plan de playa? Seguro que hay una ciudad medieval o un museo bonito cerca. Uno de los grandes problemas de ser negativo es que anulamos nuestra creatividad, explican Andrew y Gaia Grant en su libro Quién mató la creatividad y cómo recuperarla. Recuerda: siempre hay un plan B.
 

Negalholic siempre dices no


No critiques al instante

¿Cuántas veces hemos puesto a caer de un burro a la nueva incorporación en la oficina, que si no tiene estilo, que si no vocaliza, que si tiene aires de superioridad para descubrir, semanas después, que es una bellísima persona? En ese momento no querrás que se entere de lo que comentabas de ella, ¿verdad? Cúrate en salud, guarda tus opiniones para ti y dale a las situaciones una segunda oportunidad.


Deja de leer la mente

¿De verdad crees que esa chica que se sienta frente a ti en el autobús está criticando mentalmente tu vestido? Cuando tu pareja se queda embobado en la cena, ¿piensas que tiene una amante y está pensando en ella? Lo más probable es que la mujer del autobús se pregunte dónde lo has comprado o qué color tan bonito. Y tu marido lo mismo está con la mente en la derrota de su equipo o en dónde aparcar mañana antes de visitar a un cliente. Son muchos los ejemplos de situaciones en las que los pensamientos negativos nos sabotean. El problema es que, aunque la amenaza sea irreal, tú la vives como real, sufriendo sin necesidad. Deja de jugar a ser adivina. Nadie puede leer la mente. Tú, tampoco. 


Asume los triunfos ajenos

Si ascienden a una colega, ¿crees que ha habido enchufe o malas artes? Cuando gana el equipo contrario, ¿es porque compraron al árbitro? ¿Sospechas que todos los sorteos están amañados? Es hora de valorar los triunfos de otros. No hay nada peor que tener mal perder y arremeter con críticas destructivas o insultos. Aunque no te des cuenta, tu entorno se alejará de ti, te convertirás en esa persona tóxica, criticona y con mal perder.


Coge papel y lápiz

La monja budista Kankyo Tannier advierte que las palabras, aunque no se pronuncien, pueden estar dando guerra dentro de tu cabeza. Ella apuesta por silenciarlas. ¿No puedes acabar con ese runrún? La psiquiatra Rojas-Estapé propone otro truco: apuntar los pensamientos negativos, releerlos y refutarlos. «Escribe, por ejemplo, "mi cuñada me odia". Luego, piensa "hoy tiene un mal día, en general no es tan dura conmigo". Puede resultar un autoengaño, pero a la larga realizar este simple ejercicio tiene consecuencias saludables para la mente y para el cuerpo».