Esa compañera de la oficina, con la que tantos almuerzos junto al microondas de la empresa has compartido, te la ha jugado. Sabía que esta semana estarías de vacaciones y ha aprovechado para presentar ella sola ese informe tan importante. Ahora la han hecho jefa del departamento. Es normal que te sientas dolida (todos queremos subir en el escalafón) y traicionada (utilizó una información personal para sacar provecho). Que esas emociones negativas surjan es una reacción natural. Que jures hacerle la vida imposible o simplemente odiarla hasta el final de los días es cosa tuya. Pero ese resquemor posiblemente te hará más daño a ti que a ella.

La vida no es un camino de rosas y hemos de aprender a digerir el daño que nos hagan. En especial, el que viene de personas cercanas. Que, paradójicamente, es el que más profundamente nos machaca. Pensémoslo: No nos irrita tanto ese dirigente que nos sube los impuestos o prohíbe algo que antes nos gustaba (por ejemplo, fumar, conducir deprisa o aparcar en tal calle) como esa amiga que en Nochevieja decide salir con sus colegas de la oficina en vez de contigo. Es ahí donde surge el rencor, que en realidad es una doble condena: al mal trago por la jugarreta se le suma el torrente de pensamientos negativos que nosotros mismos alimentamos.

Para hacernos la vida más llevadera toca ser prácticas: ¿te merece la pena alimentar el rencor? Es como una mercancía peligrosa: has de gestionarla adecuadamente o te estallará en las manos. Pero, ¿sabes cómo? Hay algunas pautas para el manejo de ese rencor que nos ayudarán a sobrellevarlo.

 

  • Evita que nazca

 Lo mejor para combatir las malas hierbas es cortarlas de raíz. Coge el toro por los cuernos: habla con tu amiga, pregúntale por qué lo ha hecho, escucha sus motivos. A veces una explicación bien basada elimina el rencor antes incluso de brotar. Tal vez el jefe adelantó plazos en tu ausencia y se vio obligada a presentar el informe. O, en el caso de la de la fiesta, resulta que era la ocasión perfecta para tirarle los tejos al de administración, al que ama en silencio desde hace un año.

No te calles que algo te duele, pero prepárate a escuchar disculpas. Y a aceptarlas. Pasado el trámite, cierra el caso. Bloquea todo atisbo de rencor. Pasa página.

 

  • No alimentes malos pensamientos

Darle vueltas no sirve de nada, salvo para alimentar ese odio interno, hacerlo inmenso y acabar devoradas por dentro. Era tu mejor amiga y ahora ya no os habláis por una miserable noche de fiesta. Rebobinar una y otra vez solo te causará amargura: te sentirás tonta por todas las veces en las que la acercaste a su casa en tu coche, cuando le prestaste ropa… La mente es perversa en este sentido y es capaz de convertir buenos recuerdos en agujas punzantes.

Páralo en seco. Lo pasado, pasado está. Lo que fue bonito, déjalo estar. No ensucies tu pasado. No estás manchando a quien te ha ofendido, estás arruinando tus recuerdos.

 

  • Valora el perdón

Es posible que este punto te rechine. ¿En serio quiere que me muestre como si no hubiera pasado nada después de lo que me ha hecho? Es el momento de examinar tu relación con esa persona. ¿Qué pesa más, una amistad de años o una Nochevieja? No lo hagas de cabeza (a estas alturas ya sabes que la mente está contra ti).

Coge papel y lápiz, haz dos columnas y escribe en una los buenos momentos y en la opuesta, los malos. Dales un peso numérico (10 si lo pasasteis nivel Thelma y Louise, 1 si tampoco fue para tanto). Súmalo todo. En caso de que los buenos momentos pesen más, déjalo pasar, perdona mentalmente y no dejes que esa amistad se vaya al garete. No estás siendo débil. Estás siendo práctica y quedándote con lo mejor. Recuerda: un mal garbanzo no estropea el cocido.  

 

  • Saca conclusiones

Hacer borrón y cuenta nueva no significa aprender de lo que nos ha hecho daño. ¿Habías manifestado varias veces que la Nochevieja es un rollo? ¿Dijiste que los de su empresa son pijos snobs? ¿Dejaste caer que te irías al pueblo con tu familia o que aprovecharías para hacer una escapada a esquiar? A lo mejor haces comentarios inapropiados. O, tal vez, es que sueles declinar las ofertas para salir por la noche y deberías mostrarte más activa. O, sencillamente, ¿pero qué no le djiste «llévame contigo»? Examina también si últimamente tu amiga hace muchos planes sin ti. Lo mismo ya no le interesa tanto tu amistad. Aprender de la experiencia es de sabios.

 

  • Desahógate

No te lo guardes para dentro. Verbalízalo. Si no puedes con la afectada, con otra persona. Esa amiga de spinning, una madre del colegio, esa vecina con la que juegas al pádel... Pregúntales qué opinan, qué habrían hecho ellas. Una segunda opinión ayuda a enfriar los malos pensamientos.

 

  • No actúes en caliente

Responder al mal con el mal solo hará que todo se avinagre. Que ella se me deja tirada en Nochevieja, pues yo ya me busco otro plan para Semana Santa y la dejo tirada en esa escapada a Canarias que pensábamos hacer juntas. El resultado: no disfrutas ni de la Nochevieja ni de la Semana Santa. Y encima, te sentirás culpable y vil. No te hagas daño gratuitamente.

 

  • Olvido selectivo

El cerebro tiene un mecanismo de supervivencia por el cual tiende a olvidar aquello que nos causó dolor, siempre que se lo permitamos. Hazlo. Pasa página. También puedes ignorar pero manteniéndote alerta en un discreto segundo plano (como esa app que se actualiza aunque no la abras). Si alguien te la jugó, tal vez merezca la pena estar alerta por si reincide. Nada agresivo, solo andar un poco pendiente para que no vuelva a pasar algo así. Ahora bien, al igual que sucede con las apps, esa vigilancia extra consume batería. Valora cuánta batería quieres gastar.

 

  • Apártate

Pongamos que en vez de irse a una fiesta, te ha robado el novio. Si optas por romper la amistad, hazlo por completo. Tú a Boston y yo a California. Empieza una nueva vida sin ellos dos. No te lleves lastres: el rencor no te ayudará a superar el duelo –enfócate en superar esa ruptura– y, salvo que tengas poderes mágicos, tampoco hará que su relación fracase. Da carpetazo y empieza a disfrutar del resto del mundo. Sé positiva: no vives en una isla desierta. Malo será para no encontrar nuevos amigos, nuevos amores o nuevas cosas que vuelvan a ilusionarte. ¿Te lo vas a perder siendo una amargada?