Sea lo que sea lo que nos toque vivir, es posible afrontar las adversidades siendo optimistas, sin perder los nervios ni desanimarnos. Hay personas a las que parece que todo les resbale. Pero no se trata de eso. La cuestión es que ellas han sabido cómo tener el control de su vida, pese a situaciones negativas, y son capaces de analizar la realidad de una manera positiva. De hecho, saben enfrentarse a un “no” y salir fortalecidas. Os damos algunas ideas para lograrlo.

Hay personas que se vienen abajo ante el más pequeño conflicto o dificultad, mientras que otras no pierden nunca el buen ánimo por muy graves que sean los acontecimientos que las rodean. Parece como si todo les resbalara. Tal como señalaba el neurólogo creador de la logoterapia, Viktor Frankl, que sobrevivió al nazismo, “el ser humano a menudo no puede elegir las circunstancias que le toca vivir, pero sí la actitud con la que las afronta”.

¿Es posible vivir sin sentimientos?

¿Tienen poderes especiales los que conservan la calma en medio de la tormenta, o es una habilidad que puede aprenderse? Desde un punto de vista patológico, hay personas que padecen alexitimia, que se ha definido como una especie de “daltonismo emocional” en el que la persona es incapaz de reconocer y expresar sus emociones. En un artículo de David Robson para la BBC, este periodista científico hablaba del caso de Caleb, un hombre con este trastorno que no fue capaz de emocionarse ni siquiera con el nacimiento de su hijo: “¿Sabes de esa embargadora sensación de alegría y afecto que los padres describen al ver sus bebés por primera vez? Yo no experimenté nada así”. El mismo testimonio reconocía que tampoco sintió nada especial el día de su boda: “Para mí era como una producción teatral, algo mecánico”. Los alexitímicos sufren una especie “desconexión de conciencia” que no permite que sus sentimientos lleguen a la mente. Esto presenta la ventaja de que la persona puede soportar cualquier dolor o experiencia desagradable, pero el drama es que también los recuerdos positivos quedan suprimidos.

Estrés emocional

Más allá de las patologías, la mayoría de las personas se acercan más al problema contrario: los distintos acontecimientos de la vida les provocan tal estrés emocional que les cuesta mantener la serenidad. Uno de los autores que mejor ha explorado este tema es Richard Carlson. Este psicoterapeuta fallecido en 2006 afirmaba que “el estrés es solo una forma aceptada socialmente de enfermedad mental”. En su libro No te ahogues en un vaso de agua (Debolsillo), daba unas cuantas claves para lograr que el entorno no nos desborde:

Acepta la imperfección de la vida y de ti mismo, ya que lo contrario es una fuente constante de disgustos y decepciones. “Aún no he conocido a un perfeccionista absoluto cuya vida esté colmada de paz interior”, dice Carlson.

• Entiende que todo acaba pasando, también lo malo. En momentos de crisis, cuando todo el mundo pierde los nervios o nos enfrentamos a grandes problemas, es justo cuando hay que conservar la calma y esperar.

No crees más problemas de los que hay. Si no tienes paz de espíritu, resulta contraproducente tomar decisiones precipitadas, como explica Carlson: “Vivimos como si nos encontráramos en un constante estado de emergencia. Corremos de aquí para allá aparentando estar muy ocupados, tratando de solucionar problemas, pero en realidad muchas veces los estamos creando”.

Renunciar a tener la razón. Buena parte de las fricciones con el mundo vienen de querer convencer a los demás de que están equivocados y nosotros estamos en lo correcto. Para el autor: “Siempre es preferible ser amable que tener razón”. A fin de cuentas, en la tensión de las discusiones nadie convence a nadie.

¿Tendrá importancia de aquí un año? Si la respuesta a esta pregunta es negativa, no merece la pena seguir enfadado o dolido por ello.

“La llave para una buena vida es esta: si lo que te preocupa no es algo de lo que hablarías la última hora de tu vida, no hagas de ello una prioridad mientras vivas”, concluye Carlson.

El arte de resistir, según Kipling

Hay ocasiones, sin embargo, en que será difícil que todo nos resbale, cuando nos hallamos en una situación que nos sobrepasa. Tal vez lo veamos como una pequeñez de aquí un tiempo, pero aquí y ahora lo vivimos como un drama. Este es el caso de una ruina económica, de una separación inesperada o de una enfermedad sobrevenida que cambia radicalmente las condiciones de vida de la persona. Podemos tomar estos casos como un ejercicio de templanza del que sin duda acabaremos aprendiendo muchas cosas. El célebre poema If, escrito por Rudyard Kipling en 1895, expresa con mucha belleza las claves para no perder el rumbo en medio de la tormenta: “Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor la han perdido y te culpan a ti. Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti, pero también aceptas que tengan dudas. Si puedes esperar y no cansarte de la espera; o si, siendo engañado, no respondes con engaños, o si, siendo odiado, no incurres en el odio. Y aun así no te las das de bueno ni de sabio…”. Considerado una brillante muestra de estoicismo en la época victoriana, aún hoy es un texto de cabecera para muchos líderes y dirigentes. El mensaje primordial es que cuanto mayor sea el caos y la incertidumbre, mayor ha de ser nuestra serenidad para compensarlo y no causar estropicios adicionales. Escrito como un regalo para su hijo John, el poema termina así: “Si ni amigos ni enemigos pueden herirte. Si todos pueden contar contigo, pero ninguno demasiado. Si puedes llenar el implacable minuto, con sesenta segundos de diligente labor. Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella”. Así que en los momentos de mayor dificultad, quien posee el control sobre sus emociones y sigue adelante con paciencia, acabará saliendo airoso de la situación.

Darle la vuelta

Una situación clásica de impacto emocional es el desánimo que nos causa recibir una negativa. Tanto si se trata de una propuesta sentimental como de una petición de ayuda a un amigo, vivimos el “no” como una negación de toda nuestra persona, en lugar de restringirlo a la cuestión planteada. Casi siempre lo sobredimensionamos. En Estrategias para el Optimismo, Doris Wolf y Rolf Merkle explican cómo nos podemos entrenar para este tipo situaciones. Así es posible vivir de forma optimista. En su libro, ofrecen el siguiente ejercicio de visualización a partir de un caso práctico. Lo diseñaron para un vendedor de seguros que había caído en una pequeña depresión tras varias semanas sin lograr vender. Estas medidas aportadas por los expertos sirvieron al vendedor para encajar los “no” de sus posibles clientes sin que por ello se sintiera un fracasado:

1) Cambiar los pensamientos negativos del tipo “seguro que el siguiente cliente también me va a decir que no, y es que soy un mal vendedor” por otros más positivos. Porque ¿quién dice que no vas a venderlo?

2) Analizar los pensamientos de forma realista, por ejemplo: “Si antes he vendido seguros, ahora puedo hacer lo mismo, pues no depende de mí, sino del mercado. No siempre se puede tener éxito. En el mundo de las aseguradoras existe un porcentaje de ventas”.

3) Practicar el visualizarse a sí mismo en determinada situación antes de llevarla a cabo. Por ejemplo, imaginándose delante del teléfono pensando: “Voy a llamar al siguiente cliente: si no le vendo un seguro no debo preocuparme, pues a mis colegas les pasa lo mismo. Unas veces se vende, otras no. Si no es hoy, será mañana”.

4) Escribir el siguiente texto, llevarlo siempre encima y leerlo cuando sea necesario: “Yo determino cómo me encuentro y comporto. Yo tengo el control sobre mí mismo y sobre mi vida. No tengo el control sobre los demás o los acontecimientos, pero decido cómo reacciono ante ellos”.

5) Romper con la pasividad, pues las palabras sin actos no sirven de nada. Por lo tanto, es importante demostrar que realmente se tiene el control sobre uno mismo, la vida y la situación.

6) Aumentar la confianza en uno mismo, pues no nos comportamos según nuestras capacidades sino según la idea que tenemos de las mismas. Por ejemplo, si creemos que somos poco inteligentes, nos comportaremos como tales. Nuestra actitud ante nuestras capacidades determina lo que hacemos y lo que conseguiremos en la vida. Es imprescindible, por tanto, para ser optimistas superar los propios límites. Decirse a uno mismo: “Soy capaz. Consigo lo que me propongo”. Se trata de cambiar el discurso “no puedo” por “un momento, lo intento y así tengo la posibilidad de rebatir mi opinión pesimista. Antes de intentarlo no puedo saber si lo puedo hacer o no. Que una vez no me haya salido bien no significa que siempre sea así. Lo que cuenta es intentarlo”.

7) Ser consciente de las propias capacidades. Hay que apuntarlas, aunque cueste esfuerzo y añadir nuevas capacidades a la lista a medida que se van descubriendo. Mejorarse.

8) Celebrar los avances, aunque sean pequeños, por ejemplo, diciéndose a uno mismo: “Lo he hecho muy bien. He dado el primer paso. He avanzado un paso más”. Eso te refuerza. Al final, se trata de asumir que la vida está llena de bajadas y subidas, de retrocesos, paradas y avances, por lo que hemos de aprender a fluir con cada tesitura.

 El cambio en la vida está siempre presente. Tal como afirma el psicólogo Xavier Guix, especializado en comunicación y Programación Neurolingüística: “Es un error condicionar la felicidad a una vida sin problemas, porque vas a conocer pocos momentos así. Hemos de aprender a estar bien en la calma y en el conflicto, en todas las situaciones que nos traiga la vida”.

Por todo ello existen dos reglas para vivir en armonía. Se cuenta que cuando Richard Carlsonescribió al doctor Wayne Dyer para pedirle una recomendación para su libro, a petición del editor, el autor del bestseller le envió una breve nota con estas dos premisas:

1. No sufras por pequeñeces

2. Todo son pequeñeces