Los aficionados a cocinar postres tienen una opción más para preparar durante el verano: el helado casero. La receta más sencilla es la de vainilla, y, una vez aprendida, se pueden preparar todo tipo de sabores introduciendo pequeñas variaciones. Así es como se hace sin utilizar una máquina específica:

1. Necesitamos un vaso de leche entera, cuatro tazas de azúcar, dos tazas de leche condensada, cinco yemas de huevo, ramas de vainilla natural, una cucharada pequeña de extracto de vainilla y una pizca de sal.

2. Primero ponemos a hervir la leche, el azúcar, la sal y las ramas de vainilla (enteras) y lo dejamos reposar durante una hora. Luego, añadimos las yemas batidas y hervimos la mezcla a fuego lento, sin dejar de remover en ningún momento, hasta que empiece a coger consistencia. Finalmente colamos la mezcla en la leche condensada.

3. Aquí empieza la parte divertida: cogemos dos bolsas de plástico, una pequeña y una grande. En la pequeña metemos la mezcla y, en la grande, hielo. Introducimos la pequeña dentro de la grande y la agitamos durante unos quince minutos.

4. Metemos la mezcla en un bol, sacamos las ramas de vainilla y añadimos el extracto (también se pueden añadir pepitas de chocolate o nueces garrapiñadas troceadas). Introducimos el bol en la nevera, y durante unas dos o tres horas lo vamos sacando para removerlo hasta que veamos que la masa está lista para tomar.

5. Bastará entonces con dejarlo unas horas en el congelador para que esté bien fresquito y disfrutarlo en las calurosas tardes de verano (o noches, o mañanas?).