Dar las gracias es una de las mejores actitudes cotidianas que nos ayudan a lograr la felicidad y la salud. Porque más que una fórmula de cortesía, lo cierto es que nuestro cerebro rejuvenece cada vez que aceptamos que también la vida nos ayuda espontáneamente de muchas maneras y que el mejor regalo lo recibimos a diario.

Vivimos haciendo esfuerzos increíbles para llegar a todo lo que nos proponemos. Pensamos que para ahorrar más y más tiempo no importa acumular altas dosis de estrés. Pasamos de las prisas al zapping mental y al teclado del teléfono, y después nos damos largas explicaciones sobre por qué hacemos lo que hacemos. La mala noticia es que en el 90% de los casos nada de esto funciona para tener más tiempo y disfrutar de nuestros logros. Más bien al contrario, cuando paramos y dedicamos unos minutos a observar la increíble cantidad de ayudas espontáneas que nos da la vida, obtenemos paradójicamente más tiempo. Parece increíble, pero con solo parar y decir “gracias”, una palabra simple que incluso alcanza con solo cerrar los ojos y sentirla, todo pueda dar vuelta, el tiempo pareciera que se estira y, mientras, sin saber cómo ni cuándo lo cierto es que empezamos a sentirnos mejor.

Activa tu energía interior

La ciencia está demostrando que la gratitud moviliza un buen número de sentimientos positivos, que nos permiten sentirnos más felices, y más sueltos físicamente, y esa es la razón por la que nos percibimos más receptivos y por lo tanto con mayor abundancia. También hay evidencias científicas de que se producen importantes cambios en nuestro cerebro. Las personas agradecidas son más felices porque el hábito de agradecer libera neurotransmisores como la dopamina, provocando con cada experiencia positiva en relación a otras personas cambios interesantes en la biología del cerebro a causa de la plasticidad neuronal. Hoy la neurobiología de la felicidad por esta razón da la misma importancia a la práctica de la gratitud casi como al hábito de meditar, ya que en ambos casos, con tan solo unos minutos al día, se activan regiones que permiten una gran la comprensión de los demás y un gran alivio del estrés, una mejor frecuencia cardíaca y una notable reducción del dolor tanto físico como emocional. Estos efectos son increíblemente duraderos en el cerebro, hasta tres meses después de comenzar con esta práctica y la convierten en una experiencia óptima. La investigación también ha demostrado que las personas que se sentían agradecidas por las cosas cotidianas eran más pacientes y tenían más capacidad para tomar decisiones sensatas, algo que las diferenciaba de quienes esperaban agradecer solo ante acontecimientos importantes. Asimismo, se constató que las personas que acostumbraban a agradecer las pequeñas cosas apreciaban el valor de su cuerpo y llevaban a cabo comportamientos de cuidado y bienestar con naturalidad, sin sentirse obligados, como rutinas de ejercicio o alimentación saludable. Además, se percibían más atentos y más creativos.

Paciencia y voluntad

Un truco interesante para recuperar la motivación y la voluntad consiste en leer antes de irte a la cama tu lista personal de cosas a las que estás agradecida. Al parecer, esto permite aumentar el control de los impulsos, reduciendo la necesidad de satisfacción inmediata, lo que te permitirá tener más tiempo para razonar y tomar mejores decisiones. Incluso, puedes activar tu motivación en un reunión, con solo hacer tu lista mental en un momento de tensión con el fin de liberar tu mente y hacer un “reiniciar”, lo cual aportará una gran dosis de felicidad. Se trata de dar las gracias mentalmente por tres o cuatro buenos momentos vividos a lo largo del día anterior; y luego retomar la conversación con las personas allí presentes. Una técnica sencilla y eficaz que, sin duda, es mucho mejor que buscar gratificación en dulces que solo aportan azúcar y grasas, y traen una explosión momentánea de felicidad que no aguanta una tediosa reunión de dos horas. La gratitud, produce un estado de bienestar y felicidad mucho más sostenible.