Las acelgas son nutritivas, ligeras y cuentan con vitaminas que mejoran la salud. Es el caso de los folatos, que intervienen en la producción de glóbulos rojos y blancos y fortalecen las defensas. También contienen betacarotenos, necesarios prevenir enfermedades de la piel, el cabello, las mucosas o la vista. Asimismo son ricas en fibra necesaria para mejorar el tránsito intestinal y combatir los problemas de estreñimiento.

Entre sus minerales destacan el magnesio, potasio y yodo. El primero participa en el funcionamiento del intestino, formación del músculo y de los huesos y tiene un ligero efecto laxante. El potasio es necesario para producir proteínas y descomponer hidratos de carbono, para el desarrollo muscular o la actividad eléctrica del corazón. El yodo, por su parte, es esencial para el metabolismo de los alimentos y para la función de la tiroides.

A pesar de que a muchas personas aborrecen las acelgas por considerarlas un alimento insulso, lo cierto es que admite diversas y sabrosas preparaciones culinarias. Pueden comerse en ensalada, sopa, rehogadas, acompañadas de jamón, con salsas, rebozadas o hervidas. Si este es el caso, se aconseja no tirar el caldo y utilizarlo como sopa para aprovechar los nutrientes que se han quedado en el agua.