El egoísmo es la RAE un "inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás". Las personas egoístas, pues, centran su perspectiva únicamente en ellos mismos, sin ponerse nunca en el lugar de otras personas y preguntarse qué sienten. El resultado es que nunca llaman a sus seres queridos para preguntarles cómo están, no les felicitan por su cumpleaños o no les hacen cumplidos.

Un signo inequívoco de egoísmo es pensar continuamente en lo que se quiere y confundirlo con una necesidad. Por ejemplo, uno puede querer ir al cine a ver una determinada película, pero no "necesita" hacerlo y, por lo tanto, no puede obligar a los demás a acompañarlo o fallarles para ir. Lo mismo ocurre con el protagonismo: las personas egoístas quieren tenerlo siempre y no disfrutan cediéndoselo a los demás, lo cual les dificulta alegrarse del éxito ajeno y también darse cuenta del cariño de los demás y, por lo tanto, agradecerlo.

Una buena manera de identificar a una persona egoísta es observarla cuando habla con otras personas: no escucha lo que los demás tienen que decir, afirma más que pregunta e interrumpe a los demás. Además, es signo de egoísmo no hacer nunca favores simplemente por hacerlos, y esforzarse solamente cuando conseguiremos algo a cambio. Cuando los demás nos necesitan, deberíamos estar ahí para ellos, y si tenemos algo, sería bueno que lo compartiéramos de vez en cuando.