Si leíste Siete motivos por los que no consigues alcanzar tus metas, quizás recuerdes que uno de ellos era no haber invertido el tiempo y la energía suficiente en configurar correctamente tu objetivo. Lo cual te podía llevar, directamente, a trabajar en una dirección errónea o, incluso, a estar consiguiendo tu objetivo sin darte cuenta de ello.

Pues bien, en este artículo vamos a centrarnos es cómo definir bien el lugar al que queremos llegar, ya que resulta imprescindible para la consecución de nuestros objetivos saber qué queremos y para qué lo queremos.

Inspirándome en el método SMART y añadiendo dos puntos que, a mi juicio, son sumamente importantes, vamos a repasar cómo debe ser un objetivo para que podamos decir que está bien definido:

1. Propio.

Es importante que tengas la certeza de que la meta que te has propuesto alcanzar sea tuya, sea natural en ti y no vaya en contra de tus valores.

Fijarse objetivos por que están de moda, o porque «tenemos que» hacerlo, no es buena idea. A veces ese «tengo que» proponerme hacer tal cosa es muy positivo para nosotros o, voy más allá, es necesario –imagina hacer ejercicio y ponerte a dieta porque el médico te lo ha dicho-. Sin embargo, si no haces ese objetivo tuyo, se te va a hacer muy difícil crear el hábito y sostenerlo en el tiempo.

2. Específico.

Esta característica busca acotar al máximo la meta a alcanzar para poder darle a nuestro cerebro órdenes claras. Cuanto más específico sea el objetivo, más fácil será elaborar un plan de acción y más fácil será cumplir con la siguiente característica: que sea mesurable.

Si continuamos con el ejemplo de haber ido al médico y «tener que» tomar medidas por nuestra salud, veamos qué es más específico: «mi objetivo es bajar el colesterol» o «mi objetivo es salir a andar 45 minutos todos los días y reducir el consumo de alimentos relacionados con índices de colesterol alto».

Parece lógico pensar que si le das la orden de bajar el colesterol a tu cerebro, este no hará nada; pero si le ordenas organizarse para caminar cada día y reducir la ingesta de determinados alimentos, se puede poner manos a la obra.

3. Cuantificable de algún modo.

Una de las preguntas que has de hacerte a la hora de determinar un objetivo es ¿cómo sabré que lo he alcanzado? y, para poder responder a ella, el objetivo debe ser cuantificable.

En nuestro ejemplo de reducir el colesterol, podría ser muy sencillo determinar un periodo de tiempo y una analítica para comprobar los resultados de nuestros cambios, pero piensa en objetivos como aprender un idioma, mejorar relaciones o ponerse en forma. ¿Cómo mediremos los resultados de nuestras acciones?

4. Posible.

Este aspecto de las metas suele generar controversia porque a priori pareciera que atenta contra la teoría de que todo el que quiere, puede. Sin embargo, si nos tomamos un segundo para plantear las cosas de manera objetiva y pacífica, comprobaremos que, a veces, con querer no es suficiente.

Piensa en las veces que hemos intentado introducir nuevos hábitos en nuestra vida que requieren una cantidad de tiempo que no tenemos, o las veces que nos proponemos lograr algo en un plazo que no es posible –o no es saludable-.

5. Determinable en el tiempo.

Continuando con la idea de que el objetivo sea posible y, además, posible también en el tiempo fijado, vayamos con esta quinta característica de los objetivos bien fijados.

Además de que el tiempo sea posible y cuantificable a su vez, conviene que se puedan fijar distintos niveles o divisiones para poder hacer un alto en el camino y comprobar cómo van nuestros propósitos.

Para reducir nuestro colesterol habíamos pensado en cambiar nuestra alimentación y salir a andar todos los días, ¿qué te parece si revisamos nuestro objetivo semanalmente? Uno de los trucos que siempre ofrezco en mi programa Propósitos a personas cuya adopción de hábitos no les resulta fácil, es fijarse el objetivo cada semana, comprobar qué dificultades hubo y qué se puede hacer para mejorar nuestro desempeño. De este modo vamos comprobando poco a poco qué tal nos va con las medidas que estamos tomando.

Y, por otro lado, no podremos reducir nuestro colesterol en un mes, de manera que fijémonos un plazo de tiempo posible, ¿qué tal 6 meses?

6. Atractivo.

¡Este punto parece lógico, pero no siempre lo tenemos en cuenta! La configuración de nuestro objetivo debe parecernos atractiva o apetecible de alguna forma, de lo contrario aumentaremos el riesgo de aburrirnos a mitad de camino. Piensa que, cuando hablamos de la configuración, nos estamos refiriendo al planteamiento y, aunque estemos buscando lo mismo, dos planteamientos distintos pueden cambiar rotundamente el resultado.

¿Qué tal si revisas cómo has configurado tu objetivo y lo reajustas para que sea más divertido, placentero o llevadero? ¿Tienes algún compañero para salir a andar? ¡En nuestro ejemplo podría ser de gran ayuda!

7. Firme.

Por último, necesitamos que sea firme, es decir, que no quepa duda en ti sobre que el objetivo cumple con todas estas características, que tienes la capacidad de lograrlo y que trabajarás incansablemente por ello.

Esta característica versa más sobre tu actitud frente a la meta que sobre la meta en sí misma. ¿Cómo te sientes tú respecto de tus objetivos? ¿Tienes alguna duda? ¿Cómo podrías quedar libre de dudas? ¿Crees que será necesario cambiar de objetivo?

 

Resumiendo…

¡Estos son las siete características de los objetivos bien configurados! ¡Cuéntame! ¿Tienes objetivos actualmente? ¿Cumplen estos requisitos?

Recuerda que la diferencia entre lograr un objetivo y quedarse a medio camino podría estar en algo tan fácil como revisar nuestra meta y elegir una frase que cumpla con estos detalles. Si hemos pasado el filtro de que sea nuestro, sea apetecible y firme, solo quedaría enunciarlo de forma específica, cuantificable, posible y determinable en el tiempo.

Recuerda que puedes encontrar más contenido en Instagram en @spiritualwoman y también en mi web. ¡Muchísimas gracias por leerme!