Lo que una mujer necesita es una atención sanitaria de cálida calidad. Es decir, precisa de un sistema sanitario que tenga en cuenta sus características y particularidades, y que se adapte a las mismas. Pongamos algunos ejemplos: es falta contra la cálida calidad la “asunción de heterosexualidad”, en lugar de la “neutralidad sexual” que facilitaría la atención correcta a todas las mujeres, con independencia de su orientación sexual y/o identidad de género. En otro ejemplo, es falta contra la cálida calidad que a la mujer embarazada con problemas de sordera se le preste una atención deficiente que lleve a un peor resultado en el parto, pues no se superan los problemas de comunicación por falta de formación de los profesionales sanitarios que la atienden. 

La cálida calidad combina ciencia con humanidad y técnica. Por ejemplo, tras unos años en los que se recomendaron sistemáticamente los parches de hormonas en la menopausia, hoy se sabe que no son necesarios ni están indicados para todas las mujeres aunque sí para algunas de ellas. Lo que se precisa es cálida calidad que tenga en cuenta cada caso y que, sobre todo, fomente lo que de positivo tiene la menopausia, como la sexualidad sin preocupación por la fertilidad. 

Todas entendemos que algunos partos tienen que ser por cesárea, y se estima que es imprescindible en torno al 15% de los mismos. Es horrible que en algunos países de África las cesáreas se lleven a cabo en solo el 1% de los partos, pues eso significa que hay mujeres y bebés que mueren por falta de la intervención. De la misma manera, es absurdo que haya clínicas españolas en las que se sobrepasa el 50% de partos por cesáreas. La cesárea innecesaria carece de cálida calidad pues es un procedimiento más peligroso que el parto vaginal. Así, respecto al parto vaginal, la cesárea multiplica por cinco la parada cardíaca, por tres la histerectomía, por tres la fiebre puerperal, y dobla los casos de tromboembolismos. No es extraño que en los países nórdicos estén rechazando activamente las cesáreas las mujeres de clase alta que buscan en los profesionales sanitarios una atención de cálida calidad.  

En España, la violencia obstétrica llega al extremo de que han disminuido la cantidad de partos que se producen los sábados y los domingos pues son muchos los profesionales que prefieren programarlos e inducirlos durante los días laborables. Para terminar con otro ejemplo de cálida calidad, se debería ofrecer siempre la información suficiente para que podamos dar “consentimiento informado” en algo tan frecuente a partir de los 40 años en la vida de las mujeres como son las mamografías. Así, es habitual que se ignore que la mamografía es una radiografía y como tal emite radiaciones ionizantes que en sí mismas pueden producir cáncer (por cada 100.000 mamografías se producen 90 cánceres de mama y 10 muertes por dicha causa). Por todo ello, debemos exigir a los profesionales sanitarios que como mujeres se nos trate y se nos presten los servicios necesarios en la mínima cantidad pero con la máxima calidad.

Madre de cuatro hijos varones dice que no tuvo más remedio que “hacerse feminista de armas tomar”. Adora bailar y no aguanta ni la injusticia, ni la corrupción, ni a los abusones, ni a los estúpidos, ni las tonterías innecesarias.