Eres de las que opinan que el yoga es solo apto para modelos, abuelas en forma, estudiantes de disciplinas orientales, vegetarianos y hippies? ¿De los que creen que hay que tener mucha flexibilidad para poder practicarlo? ¿Te interesa pero piensas que no tienes tiempo para iniciarte? En definitiva, ¿crees que la práctica de yoga no es para ti? Pues sigue leyendo porque vamos a desmontar todos estos mitos y a demostrarte que no solo puedes practicar yoga, sino que además va a ser una de las cosas más beneficiosas que puedes hacer para mejorar tu bienestar.

Lo primero que debes plantearte es que si esta disciplina fuese tan complicada en sus inicios no tendría tantos practicantes. Además, cada vez son más las formas que se nos ofrecen para practicarlo: desde el tradicional, hasta el bikram yoga (que se practica en habitaciones a 40º de temperatura), pasando por el flow yoga de carácter más intenso. Eso sí, todas tienen en común una serie de beneficios muy variados para tu salud física y mental.

Está demostrado que mejora la flexibilidad, aumenta la concentración, nos ayuda a descansar mejor y a mejorar nuestra respiración, es una herramienta eficaz para combatir el estrés, mejora nuestra vida sexual (sí, diversos estudios han demostrado que el yoga puede aumentar el deseo y la satisfacción sexual, tanto en mujeres como en hombres) y, en definitiva, nos encamina hacia una vida más sana. Como afirma Borja Sainz, de AYOGA, “el objetivo del yoga es ensalzar y refinar nuestra percepción del mundo y de nosotros mismos, poder ver con claridad para conseguir iluminar nuestras vidas a través del conocimiento de nuestro ser. La intención es movernos a nivel holístico hacia un estado de calma y felicidad plena”. 

postura de yoga principiantes 1

Si aún después de todo este derroche de beneficios miras con recelo esta disciplina, no te preocupes. Es de lo más normal quedarse asombrada ante un grupo de gente practicando yoga y pensar “yo eso no puedo hacerlo”, pero que no te pueda tu inseguridad. Las posturas de yoga, conocidas como asanas, son muchísimas y tienen distintos intervalos de dificultad que permiten, incluso a los más torpes, iniciarse en su práctica e ir mejorando poco a poco para ir alcanzando posturas más complicadas. Los yoguis profesionales las conocen y te pueden guiar a través de ellas, pero si ahora mismo no tienes tiempo para ir a ninguna clase, vamos a darte unas pautas básicas para practicar yoga en casa, además de cinco posturas muy sencillas de iniciación que puedes realizar sin peligro. 

Recomendaciones generales

Para practicar yoga, como es obvio, debes elegir ropa cómoda que te permita moverte con total libertad, además de saber que no es recomendable comer o beber nada antes de empezar los ejercicios. Lo mejor es evitar haber comido durante la hora anterior al inicio de la práctica y, si tienes que beber, que sea agua y a pequeños sorbos. Eso sí, no ingieras nada durante las asanas. También deber tener en cuenta tu estado físico. Si tienes alguna lesión muscular o estás embarazada, lo mejor es que empieces directamente con un profesor que te indique las posturas que puedes realizar, ya que no todas (incluso algunas sencillas) van a ser buenas

postura yoga principiantes 2

Prepara el entorno

Elige un espacio tranquilo y sin muchos estímulos o distracciones que puedan distraerte y, por supuesto, ¡apaga el teléfono! Si hay más personas en casa, pídeles que no te molesten durante un rato y que no hagan mucho ruido. 

No fuerces tus límites

Una vez metida en materia, debes tener en cuenta que una postura de yoga es un objetivo que tienes que alcanzar, lo que significa que no tienes por qué hacerla perfecta el primer día. Empieza despacio y hazte con la postura a base de práctica. Un buen truco para incrementar la intensidad de las posturas es sostenerlas durante periodos más largos.  

Las posturas 

1. La cobra

(No, no tiene nada que ver con lo de Bisabl y Chenoa). Colócate boca abajo, con las piernas juntas y estiradas, dobla los brazos y apoya las manos a la altura de los hombros. Levanta el torso manteniendo las piernas pegadas al suelo, sujetándote con los brazos, bajando los hombros y elevando la barbilla de manera que miremos ligeramente hacia arriba. Mantén la postura 30 segundos, regresa a la posición inicial y repítela otros 30 segundos más. 

2. Media torsión espinal

Siéntate en el suelo con las piernas rectas delante de ti. Dobla la pierna derecha y pon la planta del pie en el suelo, pasándola por encima de la rodilla izquierda. Cruza el brazo izquierdo sobre el cuerpo y apóyalo en el muslo derecho, girando la columna. Apoya el brazo derecho en el suelo. Que la cabeza siga el movimiento de la columna. 

3. El niño

Ponte de rodillas y apoya los glúteos en los talones. Echa el cuerpo hacia delante, apoyando la frente en el suelo y deja los brazos a los lados. Mantente así unos 30 segundos. A continuación, en la misma postura, estira los brazos hacia delante y mantén otros 30 segundos. 

4. El árbol

Ponte de pie, con las piernas rectas, y junta las palmas de las manos por encima de la cabeza, doblando los codos. Eleva una de las piernas y apoya la planta del pie en la cara interna del muslo contrario. Aguanta así 30 segundos y repite después con la otra pierna. Esta postura es muy buena para estirar la columna vertebral.

5. El muerto

Túmbate con las piernas separadas, los brazos también separados del cuerpo, los pies relajados, las palmas de las manos hacia arriba y cierra los ojos. Permite que tu cuerpo se relaje por completo. ¿La clave? Concentrarse en la respiración. Es una de las mejores posturas para terminar tu ritual de asanas.