Uno de los puntos comunes que tenemos la mayoría de las personas es que dedicamos mucho tiempo a los demás, más que a nosotros mismos. Y, normalmente, lo hacemos para conseguir su aprobación y su respeto. Esta actitud tan loable termina convirtiéndose en perniciosa cuando volcamos todo nuestro tiempo y recursos sobre el resto, y no dejamos nada para nuestro disfrute.

No es algo raro, se da a menudo. Especialmente, cuando esas personas a las que ayudamos, como la familia, los vecinos o los clientes, terminan desarrollando una dependencia hacia nosotros. Y nosotros no somos capaces de cortarla de raíz para no romper el compromiso adquirido y, a su vez, perder la aprobación de la que antes hablábamos. A pesar de que sabemos que es una dinámica que nos resta tiempo para hacer otras actividades más gratificantes.

Por eso, es importante ser un poco egoísta en este sentido y darle prioridad a aquello que más nos gusta. Y, sobre todo, no caer en esos bucles y encajar en nuestra agenda diaria las actividades que nos van a dar la felicidad a corto, medio y largo plazo. Por ejemplo, no alargar nuestra jornada laboral para poder disfrutar de nuestros hijos varias tardes a la semana. O hacerle hueco a realizar algún deporte con amigos para cubrir el espectro de la salud y las relaciones sociales. O apuntarse a manualidades, pintura, bricolaje o cualquier otra actividad que nos ayude a sentirnos realizados.

Y, por supuesto, no saltárselo nunca o casi nunca, para hacerle un favor a otra persona ajena al momento que queremos disfrutar. Porque en el momento en el que empecemos a hacer excepciones, volveremos de nuevo a ese bucle que nos restará libertad y que nos obligará a abandonar lo que más nos gusta.

Debemos priorizarnos cada día para cubrir todas las áreas de la rueda de la vida: lo personal y lo profesional, el ocio y la formación, la familia, los amigos, la salud, lo espiritual… ¿Y cómo lo podemos conseguir? Marcándonos un objetivo, un ‘para qué’ concreto y realista que potencie nuestra motivación. De esta manera, estimularemos la mente para que trabaje en nuestro favor.

Pero no sólo esto es suficiente. Ese objetivo que nos estimula, debe trabajarse con una planificación previa para que todas nuestras pequeñas acciones diarias vayan encaminadas a conseguirlo. Cumplir religiosamente con esa agenda que nos hemos marcado, es esencial para lograr nuestras metas. Asimismo, es importante analizar nuestros pasos cada día para saber si hemos fallado en algún paso y, si es así, cómo podemos subsanarlo de cara a la siguiente jornada.

Por otro lado, no debemos sentirnos culpables por dedicarnos tiempo a nivel individual. Hay que tener en cuenta que priorizarnos en determinados momentos va a ayudarnos a ser más felices y, en consecuencia, a dar lo mejor de nosotros cuando estemos con los demás: estaremos menos irritables con la familia, más receptivos en el trabajo... Unos momentos en los que es más interesante dar calidad que cantidad.

Aritz Urresti, CEO de goalboxes, experto en Productividad, conferenciante y autor del libro Las Cajitas del Éxito.