A favor:

1. Tu cuerpo responderá más rápido.
Este tipo de ejercicios son más efectivos que los convencionales. Y cuentan con más de 200 estudios que así lo certifican. Entre los beneficios: se queman más calorías en menos tiempo, baja la presión arterial y aumenta el índice VO2 máx (esto es la cantidad máxima de oxígeno que tu cuerpo consume: cuanto más alta sea, menor es el riesgo a padecer una dolencia cardiovascular). Sobre todo si lo haces al aire libre, por ejemplo, esta rutina de alta intensidad en la playa.

2. Conseguirás tus retos.
Estos ejercicios están indicados para personas que quieran alcanzar algún reto deportivo. Si buscas mejorar tus marcas o participar en algún evento, introdúcelos en tus rutinas.

3. No requieren dietas especiales.
A diferencia de otras prácticas no es necesario seguir ninguna rutina alimentaria. Eso sí, hagamos ejercicio o no, es fundamental una dieta equilibrada.

4. Tendrás un trainer.
Dejarte asesorar por una persona cualificada te ofrece garantías de éxito y salud.

En contra:

1. Prueba de esfuerzo.
Es imprescindible que te sometas a un control médico autorizado nos evitará problemas de salud y sustos.

2. Base inicial fundamental.
No debemos practicar este tipo de rutinas si no hemos hecho ejercicio hace tiempo y menos, si no lo hemos hecho nunca ya que se necesita partir de una forma física específica.

3. Cuidado si hay problemas de salud.
Debemos evitarlos si tenemos alguna enfermedad. Si aún así piensas que es compatible, mejor consúltalo con tu médico.

4. Ejercicios más lesivos.
Las lesiones están a la orden del día en este tipo de prácticas, más que en las convencionales.

5. Dos veces por semana como máximo.
Es la recomendación profesional si no quieres causarte daño.

6. Solo para competir.
Si lo que buscas es solo mantener un físico saludable, olvídate de ellos. Hay otras prácticas más adecuadas.