Corren tiempos extraños para las terapias naturales. Para algunos no son sino otras vías hacia un alivio al dolor, ya sea físico o emocional. Otros lo interpretan como un retorno al oscurantismo, a la negación de la ciencia. Es el caso los médicos agrupados bajo la Organización Médica Colegial que a principios de este año ponían en marcha el Observatorio Contra las Pseudociencias para pararle los pies a toda aquella terapia no contrastada por el método científico.

El objetivo es claro: «Garantizar que en la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud (SNS) no se utilicen falsas terapias, productos milagro ni técnicas pseudocientíficas engañosas o que no tengan un sustrato científico experimental y de efectividad reconocido». Reclaman que su práctica se aleje de los hospitales, en especial, de los públicos ya que entienden que este tipo de prácticas ofrecen a los pacientes remedios que les crean falsas expectativas. Pero, ¿qué es y qué aporta el reiki? ¿Es dañino?

 

¿Qué es?

Es un método de transferencia de energía para facilitar el bienestar físico, emocional y espiritual de las personas. Se efectúa mediante la imposición de manos para reconducir la energía entre los chakras y reequilibrar el organismo.

 

¿Hay que pagar?

Aunque desde la Federación Española de Reiki se da carta blanca a cada federado en materia de tarifas, sí recomiendan «una política de precios transparente y acorde a un baremo y circunstancias según zona y contenidos». Algunos terapeutas optan por no cobrar. Entienden que lo suyo es un don y nadie debe lucrarse por ello.

 

¿Qué dice el Ministerio de Sanidad?

En su Informe sobre Terapias Naturales (2011) reconoce su existencia, aunque plantea dudas acerca de la eficacia fisiológica de todos los medios no avalados por la ciencia occidental. Pero entiende que puede ayudar a calmar o a mejorar el ánimo.

 

Complementaria, no alternativa

En caso de enfermedad debe considerarse como una terapia complementaria de la medicina tradicional o de la terapia psicológica convencional, nunca como una alternativa. Su valor calmante puede poner al receptor en disposición a afrontar su problema, pero no tiene ningún valor curativo ni debe hacerle cuestionar el tratamiento médico-farmacológico. Tampoco es efectiva con todo el mundo.


En primera persona

La periodista Katia Rocha recurrió a esta terapia natural para aliviar el dolor emocional tras el fallecimiento de un familiar al que estaba muy unida. «Lo había probado antes, por curiosidad. La terapeuta entonces me dijo que estaba equilibrada y no me hacía falta». Un accidente de tráfico le arrebataba a su cuñado, padre de un sobrino de corta edad al que adora y desbarataba una familia que siempre ha estado muy unida. 

«Regresé hace algo más de un mes y fue una experiencia increíble. Me ayudó a quitarme la angustia que me oprimía la boca del estómago. También a dormir mejor y a no despertarme llorando. Desde entonces he ido dos veces y me noto mejor. Igual de triste, pero con menos angustia». No puede dejar de emocionarse al recordar lo que experimentaba durante las sesiones. «Cuando la terapeuta bajaba las manos hacia los pies me daban espasmos. Me comentó que ‘era la angustia saliendo de mi cuerpo’. Cuando finaliza te quedas en paz, más tranquila». Reconoce que ese trasvase de energía ha logrado quitarle la angustia. «Antes no podía dejar de llorar. Al levantarme, al ducharme, viendo a mi hermana y a mi sobrino. Sigo triste, pero estoy más equilibrada».

Para el experto en arte, Iñaki de Isasa, todo empezó «porque sentí que había cosas que excedían a mi control. Sobre todo, patologías que no podía entender ya que podían ser afecciones no derivadas directamente de una enfermedad. Te pongo un ejemplo: se me hincharon las encías y no tenía ningún problema odontológico. También tenía bronquitis crónicas sin explicación. Es ahí donde entra la canalización energética, desbloquear esos atascos que están causando esos problemas y lograr el equilibrio entre tus los diferentes puntos energéticos (los chakras)».

Otras personas, que prefieren permanecer en el anonimato, reconocen «fui una vez. Me sentó fatal y no volví».

Como todo, para gustos, los colores. Y la libertad de cada cual para elegir cómo pintar el cuadro de su vida.