El sexo es uno de los principales motores de nuestras vidas. Levanta pasiones y también miedos. Podemos morirnos por mantener una relación con sexual con alguien, por que nos toque, nos acaricie y sin embargo, poner todas las excusas posibles para no provocar tal situación. La intimidad nos asusta. Pero el sexo tántrico puede cambiar este sentimiento de miedo. Nos enseña cómo recuperarla y a través de ella descubrir el placer de lo erótico, nuevas sensaciones, nuevas respuestas de nuestro cuerpo.

Tantra es una tradición hindú milenaria. Busca la sanación integral del ser humano a través de todas sus manifestaciones: física, mental, espiritual y emocional. Una de las vías hacia esta sanación es el sexo y la práctica tántrica lo observa como un camino hacia la transformación.

Mejora las relaciones de los amantes y evita la monotonía entre la pareja. Es decir, el objetivo del tantra no es meramente recreativo sino que busca crear un vínculo profundo entre la pareja a través de una práctica consciente del sexo. De hecho, el sexo tántrico surgió como revelación a la religión organizada que sostuvo que la sexualidad impedía alcanzar la iluminación. Tantra desafió esas creencias y defendió que el sexo era una puerta más hacia la divinidad.

El orgasmo femenino es un aspecto muy importante de esta filosofía sexual. De hecho, invita a los varones a que retrasen su eyaculación mediante técnicas de respiración, concentración y ejercicios musculares genitales. Estas técnicas ayudarán a prolongar el placer de ambos mediante una relación sexual más tierna, profunda, sensual, íntima y satisfactoria.

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