Tenemos que ser conscientes que el sobrepeso y la obesidad perjudica al individuo en su salud física, emocional, económica y social, con una estimación de pérdida de un 20% de años de vida. El impacto a nivel de sociedad también es extraordinariamente negativo y, lo que es más preocupante, es que a pesar de todos los esfuerzos realizados hasta ahora para reducir el número de individuos afectados, la situación no hace más que empeorar. De hecho, hay cada vez más obesos tanto en la población adulta, como en la infantil.

Según datos que arroja la Organización Mundial de la Salud, la obesidad sigue una tendencia alcista, habiéndose triplicado en todo el mundo desde 1975 hasta nuestros días. En 2016, más de 1.900 millones de adultos -personas de 18 años en adelante- tenían sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones eran obesos. Y en lo que respecta a la población infantil el datos es alarmante, pues en esta misma fecha se contabilizaban más de 340 millones de niños y adolescentes con sobrepeso y obesidad, lo que ha supuesto pasar del 4% en 1975 al 18% en 2016. Se podría decir que hay más personas obesas que con peso inferior al normal.

La causa final en todos estos casos no es más que un saldo energético positivo mantenido en el tiempo. Ingerir más energía que la que se gasta, lleva al organismo a almacenar ese exceso de energía en forma de grasa, provocado por la alta disponibilidad a consumir alimentos sabrosos e hipercalóricos, junto con vidas más sedentarias lo que supone un menor gasto energético.

¿Por qué ingerimos más energía de la que gastamos?

Pero si somos conscientes de ello, podríamos preguntarnos el por qué ingerimos más energía que la que gastamos. Pues el motivo no es más que otro que una alteración bioquímica y funcional a nivel de varias estructuras cerebrales, que condiciona un comportamiento que provoca una adicción a la comida; entendiéndose como un comportamiento alimentario hedónico, solo orientado a producir placer con el alimento y a apaciguar los síntomas de su abstinencia, y no orientado a la nutrición o supervivencia. El apetito está regulado por el cerebro, en el que se identifican dos áreas que regulan la ingesta. Una, el sistema homeostásico (encargado de valorar los gastos energéticos para garantizar su reposición) y otra área es el sistema hedónico o placentero de la ingesta (que asigna un valor de recompensa a cada alimento).

En algunos individuos de forma espontánea, por alteraciones hormonales o al exponerse  en exceso a cantidades de alimentos hiperenergéticos, se altera el funcionamiento del sistema hedónico que pasa a dominar e inhibir al sistema homeostásico, de manera que el individuo tiene que comer mucha mas energía de la que necesita, perdiendo la sensación de saciedad y necesitando comer alimentos en exceso, debido a la alteración funcional y bioquímica del cerebro. Para lo cual inhibe el centro de la saciedad y estimula el centro del hambre localizado a nivel del hipotálamo.

¿Cómo abordar la adicción a la comida?

Por todo ello, si no se considera y aborda la adicción a la comida de forma correcta, supondrá el fracaso de las tentativas de perder peso, que lleva a la persona a la frustración y finalmente a desistir de realizar cualquier dieta y ejercicio para bajar peso. En este aspecto cabe resaltar la eficacia de la Acupuntura que elimina la sensación de hambre, al regular las áreas encargadas de controlar el apetito, desactivando el centro hedonismo y dando prioridad al centro homeostástico.

Sin embargo, es importante distinguir dos situaciones clínicas diferentes, pero estrechamente relacionadas. Por un lado hay personas con sobrepeso/obesidad, con índices de masa corporal por encima de 25 y 30 respectivamente, y generalmente con adicción a la comida. Por otro lado, hay personas con la misma adicción sin alteración del peso, que suelen ser jóvenes que mantienen saldos energéticos equilibrados debido al aumento de gasto, pero que con el tiempo las probabilidades de que ganen peso están garantizadas.

Comportamiento de adictos a la comida

Normalmente las personas adictas a la comida siguen un patrón de comportamiento que se puede resumir en:

  1. Pocas veces alcanzan la sensación de saciedad durante comidas.
  2. Necesidad de terminar comidas principales con alimentos dulces.
  3. Sensación de hambre constante.
  4. Necesidad de picar entre horas, sobretodo alimentos hipercalóricos.
  5. “Ataques de ansiedad” por comida hipercalórica, normalmente suele ser el mismo tipo de comida (pan, chocolate, galletas…), que les lleva a tener que buscar ese alimento de forma imperiosa, y hasta que no se ingiere resulta difícil concentrarse en otras actividades.
  6. Dificultad para conciliar el sueño o despertarse por la noche con hambre, solo pudiendo conciliar el sueño comiendo más cantidad de comida hipercalórica.
  7. Pensamientos recurrentes y constantes sobre alimentos y comidas.
  8. Evitar en ocasiones comer con amigos/familiares por culpa de la comida.
  9. Facilidad para ganar peso y dificultad para perderlo.
  10. Preocupación y ansiedad debido a esta relación con la comida.

Tras varios estudios, ya no se duda de que el problema del sobrepeso/obesidad debe ser visto desde la perspectiva de la adicción a la comida. Por ello es necesario realizar una intervención nutricional para revertir el saldo energético. Se estima que el 30% del esfuerzo durante la intervención debe ir dirigida a la educación dietética. Y de una forma saludable deben seguir una dieta equilibrada, nutritiva e hipocalórica el tiempo suficiente, para perder el peso en exceso. El problema radica en que si sólo nos enfocamos en las numerosas dietas, sin abordar el problema neurobioquímico cerebral de la adicción, estamos abocados al fracaso y a la frustración.

La acupuntura elimina la sensación de hambre y ataja la adicción a la comida

Ante la adicción a la comida es donde interviene la acupuntura, ya que la evidencia contemporánea indica que produce efectos terapéuticos que activan el sistema nervioso central, con la consiguiente regulación neurohormonal y neuroinmune. Por esto el tratamiento con acupuntura controla el apetito/hambre/ansiedad por comer, lo que permite que el paciente pueda seguir una dieta equilibrada, nutritiva e hipocalórica sin pasar hambre, perdiendo peso el tiempo necesario hasta alcanzar su peso ideal. Y es aquí donde radica la efectividad de la acupuntura, ya que si se sigue una dieta en la que la persona pasa hambre, la mayoría no va a ser capaz de mantener el régimen alimentario el tiempo suficiente y, cuando abandonen, recuperarán el peso perdido en poco tiempo.

 

Dr. Beltrán Carrillo

Geriatra y Acupuntor Médico

web: beltrancarrillo.com