Sin duda, es la pregunta que muchos nos hacemos ¿qué es más saludable, correr o caminar?

La respuesta, según los escasos estudios científicos que han analizado esta cuestión, es que depende de qué aspecto de la salud se quiera cuidar y depende del estado físico y de las preferencias de cada persona. No es lo mismo una persona mayor con sobrepeso que busca adelgazar que una joven que quiere un buen rendimiento deportivo.

Lo que si se ha podido constatar es que los beneficios cardiovasculares y metabólicos en general (control de glucemias, colesterol, tensión arterial,?) de correr y de caminar son similares si la distancia recorrida es la misma, con independencia del tiempo dedicado a recorrerla.

Como ejercicio ideal para conseguir un máximo beneficio cardiovascular, se recomienda caminar a buen ritmo, durante al menos 45 minutos. Por lo tanto, si se prefiere caminar que correr, conviene hacerlo a un ritmo lo bastante vivo para ejercitar el sistema cardiorrespiratorio. Además, caminar elimina los inconvenientes de correr, fundamentalmente el impacto sobre tobillos y rodillas.

Andar también se ha mostrado eficaz contra el insomnio. En el caso de las mujeres post-menopáusicas, mejora la salud de los huesos. Ayuda a perder peso y, lo que es igualmente importante, mejora el estado de ánimo. Pero si se analizan los efectos sobre el estado de ánimo, correr parece ser mejor que caminar. Ambos ejercicios mejoran el riego sanguíneo del cerebro, favorecen el rendimiento intelectual, ayudan a preservar la memoria en personas mayores y reducen el riesgo de ictus y de alzhéimer.

Sin embargo, la actividad física intensa y sostenida, como correr, proporcionan una sensación de bienestar psicológico (euforia del corredor), debido al aumento de endorfinas, que no se puede conseguir caminando.

En definitiva, para quien prefiera caminar, está bien caminar. Para quien prefiera correr, está bien correr. Ambos son igualmente beneficiosos. Y cualquiera de los dos es mejor que quedarse sin hacer nada.