Hoy en día, es posible encontrar un sinfín de diccionarios para interpretar nuestros sueños: desde qué significa la aparición de un dedal en el paisaje onírico hasta a qué augurio corresponde la ensoñada caída de dientes.

Dejando atrás teorías y certezas aún por conocer, está claro que los sueños son un fiel reflejo de nuestro subconsciente. Y es que se trata de experiencias mentales que tienen lugar cuando nuestra conciencia está dormida e inactiva. De ahí que los sueños están exentos de prejuicios, estigmas o tabús. Muchas veces, incluso carecen de lógica alguna. La estimulación de los sueños no suele provenir del exterior, sino ?casi? completamente de nuestro interior.

La mayor parte del contenido de un sueño se relaciona con lo vivido el día anterior. Así, pues, es normal soñar con una persona con la que se ha coincidido por la mañana, o bien en repetir en nuestro sueño una situación ya llevada a cabo ese día, aunque, eso sí, divagando entre lo irreal y lo que ocurrió realmente.

Además, es posible deducir el carácter o estado de ánimo de una persona a raíz de lo que sueña. Esto se nota especialmente durante situaciones de ansiedad, estrés o preocupación: entonces surgen pesadillas, elementos oníricos agresivos e incluso personas muertas. En periodos de felicidad, en cambio, es habitual que la persona dormida fusione episodios alegres del pasado con otros actuales.