Las emociones básicas o primarias son aquellas innatas en el ser humano. Se transmiten por herencia genética y no dependen ni de la sociedad en la que vivamos ni de la cultura ni la experiencia vivida.

Como si de una paleta donde se mezclan los colores primarios para obtener otras tonalidades, a partir de la combinación de emociones primarias nacen todas las demás.

Así, para que una emoción se considere básica, debe ser universal, reconocible a primera vista, puntual, e implicar repercusiones físicas (aceleramiento de la frecuencia cardíaca, sequedad bucal, tensión muscular?) Aunque su clasificación varía según los investigadores, las más citadas son la alegría, la tristeza, el miedo, la ira, la aversión y la sorpresa.

Aunque todo el mundo prefiere la alegría a la tristeza, las emociones negativas son igual de necesarias que las positivas y toda persona debe saber experimentarlas y gestionarlas sin represión. Aunque no podemos elegir qué ni cómo sentir, podemos escoger cómo manejar las emociones. En esta ardua tarea, la experiencia y los errores son los mejores maestros.