Que la feminidad ha sido satanizada desde tiempos inmemoriales no es secreto para nadie. Y que, absolutamente todos los aspectos de la mujer han estado siempre bajo el control de una sociedad patriarcal, tampoco. Estamos hablando de siglos y siglos de yugo por un único motivo, un motivo fuerte y poderoso: el miedo.

Podríamos pasar horas poniendo ejemplos de cómo la mujer es tan válida como el hombre y cómo, a lo largo de la historia, se le ha hecho creer que no es así para que ella misma observe sus propios límites y se limite a sus labores. ¡Pero no sólo eso! Por si quedaba algún tipo de duda y riesgo de la que mujer se sintiese válida, orgullosa y pieza importante en la sociedad, nos han convencido de que las tareas que nos asignaron son banales, propias del eslabón más bajo de la sociedad, sucias y carentes de valor. Muy propio del miedo, sí señor.

Pero centrémonos en el tema que nos ocupa, ¿qué ha hecho históricamente la sociedad con la menstruación? ¿Por qué la menstruación era símbolo de espiritualidad y momento sagrado en la vida de la mujer y ha terminado siendo el suplicio del mes? ¿En qué momento dejó de experimentarse y comenzó a sufrirse?

 

Menstruación: de la espiritualidad al inframundo

El ciclo menstrual es un aspecto increíblemente espiritual. Más allá del funcionamiento de los ovarios y toda la mecánica que está permanentemente activada, cada fase del ciclo viene acompañada de unos efectos sobre la mujer, un estado de ánimo, una energía y unas necesidades concretas –incluidas las que tienen que ver con la alimentación–.

Precisamente el valor que se le daba en la antigüedad estaba basado en la energía espiritual del ciclo y en la propia magia de la vida. Y con antigüedad me refiero a tiempos muy, muy antiguos, mucho antes de que la mujer tuviera menos derechos que el ganado y de que se inventasen el derecho de pernada.

En la civilización del Valle del Indo, por ejemplo, se sabe que las mujeres se dedicaban a tareas vitales para el buen funcionamiento de la aldea. Estas tareas se interrumpían con la llegada de la menstruación, momento en que la mujer se retiraba a rezar, escribir, meditar, pintar, bailar y otras actividades que consideraban más creativas y espirituales.

Hoy en día pensaríamos que se retiraban por impuras, porque no podían hacer sus labores habituales, porque los hombres no querían que les cocinaran o porque se les cortaba la mayonesa. ¡Pero nada más lejos de la realidad! Se retiraban a hacer actividades más espirituales porque se encontraban en un momento sagrado de su ciclo y no tenían por qué llevar a cabo tareas mundanas.

¿Y qué ha ocurrido para que hayamos pasado de considerarlo algo divino a no poder hablar de ello en público? Muchos han sido los factores que han ido cambiando la situación inicial, hasta dar como resultado la relación actual de la sociedad con la mujer y con la propia menstruación.

Anuncios de productos de higiene íntima donde el líquido es azul y no rojo, donde las ventajas del producto son que nadie va a notar nada, que no vamos a manchar y que se nos pasarán los días desaprecibidos. ¿Por qué nadie debe notarlo? ¿Por qué es tan catastrófico manchar algo? ¿Por qué tenemos que huir de esos días? ¿Acaso no estamos todos aquí gracias al ciclo de una mujer? ¿Por qué seguimos ocultando el tema a los hombres?

Necesitamos darle una vuelta a este tema y, además, con carácter urgente. Esto no es cuestión de querer modernizar el tema, ni luchar por más o menos derechos (que también), es cuestión de normalizar la menstruación y experimentarla como lo que es: un evento espiritual, dejar de huir de ella y, como consecuencia de todo esto, comenzar a disfrutar del ciclo.
 

Ideas que debemos superar si queremos reconciliarnos con nuestra menstruación:

 

  • Experimentar dolor durante la menstruación no nos hace débiles

Siempre huimos del dolor porque nos incomoda, es algo que hacemos con todo tipo de dolores y que seguiremos haciendo toda la vida a menos que aprendamos a experimentarlos en lugar de sufrirlos.

El dolor físico que experimentamos a lo largo del ciclo menstrual es un dolor natural que se manifiesta de forma e intensidad distinta en cada mujer. Algunas de nosotras tenemos una ligera molestia en el vientre y otras auténticos cólicos que nos dejan incapacitadas para cualquier tipo de trabajo físico o mental.

¡Y sí! Lo entiendo, entiendo que no apetece que llegue ese momento y mucho menos que tengamos que ir a trabajar, rendir, cumplir con los compromisos, etc. Pero si dejamos de ver esos días desde la perspectiva en que los vemos, prometo que la cosa cambiará mucho.

Si hoy tenías un plan y te ha venido la regla, ¡no pasa nada! ¿Te apetece quedarte en casa recogida y darte cariño? ¿Te apetece una bolsa de agua caliente, una manta y un buen libro? Cancela el plan y quédate contigo, por tres días que te dediques al mes no se va a caer el mundo.
 

Normalizar la menstruación dolor

 

  • No tenemos que ocultarlo

Parece ser que tenemos que guardar en secreto que nos encontramos en esos días del mes porque nadie puede enterarse. Este detalle, que parece inofensivo, realmente nos está mandando un mensaje constante de encontrarnos en unos días sucios, unos días donde debemos avergonzarnos de nuestro estado y donde tenemos que hacer malabares para que nadie descubra nuestro secreto.

¡Sí, malabares! Creo que no exagero, ¿o acaso tú nunca has sacado tu tampón o compresa del bolso como una ninja o lo has ocultado en la manga para que nadie te descubra? Bueno, créeme, yo sí y actualmente hay millones de adolescentes haciéndolo en los colegios.

 

  • No tenemos que medicarnos sí o sí

¡Y esta es mi parte favorita! El momento en que nos tomamos el Ibuprofeno de rigor, obviando la necesidad real de nuestro cuerpo. En primer lugar, debemos recordar que vamos a aprender a experimentar el dolor y, con ello, dejaremos de sufrir por él. Esto nos ayudará a poder prescindir un poco más de esos medicamentos de estar por casa.

Además, dado que no tenemos necesidad alguna de rendir por rendir, si nos apetece quedarnos en casa hoy y no ir al gimnasio, ¡pues no vamos! Si nuestro cuerpo, con su malestar, está pidiendo a gritos un sofá y una manta, ¿por qué tenemos que darle una pastilla y una mancuerna?

Por supuesto, me refiero aquí a molestias tolerables y a planes cancelables. Si no es tu caso, ¡borra lo que he dicho!
 

Normalizar la menstruación medicamentos

 

  • Desterremos viejas creencias

Una forma estupenda de comenzar a normalizar la menstruación es tomar consciencia de tu componente espiritual y dejar de pensar que estamos en días prohibidos en los que, si regamos las plantas, se pudren.

Señoras, la mujer es cíclica, cambiante y hermosa en todas sus fases. Quizás unos días somos más sociables que otros, quizás una semana estamos floreciendo y a la semana siguiente buscamos estar solas. ¡Es normal! ¿Imaginas pedirle a la luna que siempre estuviera llena?

 

  • No estamos raras

¡Otro de mis puntos preferidos! ¿Eres de las que no soporta nada durante esos días? ¿O más bien de las que llora por todo? Existe una creencia extendida de que las variaciones hormonales nos vuelven locas y reaccionamos de forma intensa ante situaciones cotidianas.

Es innegable que una variación hormonal afecta a nuestro estado de ánimo, pero quizás gran parte de ese mal carácter, o esa falta de paciencia durante esos días, no está tanto en este motivo como en el hecho de que queremos estar con nosotras mismas en silencio y no nos dejan.

Sabemos que pasamos la mayoría del tiempo pendientes de todo y de todos y, durante la menstruación, una parte de nosotras no quiere rendir, quiere simplemente ser.

 

  • La conciliación laboral es posible, si todos respetamos el ciclo

Después de leer todo esto, estoy realmente segura de que crees que me acabo de caer de un guindo y que todo esto que te cuento es la utopía del mes. Sí, tienes razón, no es fácil.

No es fácil porque tenemos que empezar por cambiar nuestra propia forma de ver la menstruación, una forma a la que nos hemos adaptado y con la que convivimos desde hace años. Sin embargo, si empezamos el cambio por nosotras mismas, pronto podremos llevarlo a nuestro entorno, nuestras parejas, hijos y jefes, y este cambio se haría notar en la forma en que tratamos el tema, nos tratamos a nosotras mismas y en cómo nos tratan los demás.

No hay mejor forma de reconciliarse con la menstruación que aceptarla y amarla, porque es una parte muy espiritual y muy importante de nosotras. ¡Pero no solo la menstruación como tal! Antes de tener la primera regla y cuando la menopausia ya se ha presentado, el ciclo femenino espiritual sigue activo. Se manifiesta de otra forma y la mujer adopta otras actitudes, ¡pero ahí está!

Siéntete orgullosa de ser mujer todos los días del mes, respeta y experimenta tu ciclo. No te avergüences de tu cuerpo y su forma de funcionar; si todas comenzamos a respetarnos como somos, nuestras hijas lo harán y pronto toda la sociedad comprenderá que no hay vergüenza ni oscuridad en la menstruación, hay magia, feminidad y espiritualidad.