De pequeñas juegan juntas, intercambian su ropa, se pelean y compiten por el mejor sitio en la mesa o por sentarse en el regazo de mamá. Las dos quieren ser el ojito derecho de papá. Se tiran del pelo y rompen el dibujo de la otra, pero por la noche se deslizan en una sola cama para ahuyentar las sombras de la pared. Hay amor y rivalidad en su relación desde el principio.

Las hermana comparten intimidades, mientras que los hermanos comparten actividades. Un hombre con un problema busca antes refugio en su mujer o hijos, mientras la mujer tiende más a llamar a su hermana. La gran ventaja de las hermanas es que pueden contarse las intimidades sin tener miedo a que se rompa su relación. Es algo emocional, pero también el vínculo biológico influye.

Las relaciones entre hermanas no son estáticas. Suelen producirse cambios con el paso del tiempo. Estos pueden tener lugar cuando aparecen los novios y las hermanas empiezan a formar su propia familia. Sucesos impactantes como la muerte de los padres o el divorcio suelen estrechar la relación. Con el paso de los años, la rivalidad suele ir menguando mientras la relación es cada vez más profunda. Si es así, ya no son sólo hermanas sino también amigas.