Que San Valentín sea solo una excusa para escaparte con tu pareja (o amigo especial) a uno de estos cinco destinos. Todos destacan por un encanto concreto, aunque los tengan a borbotones. ¿En qué fase de la relación estáis? ¿Qué tipo de pareja sois? ¿Os apetece un plan más tranquilo o calzaros las botas y practicar senderismo? Hay para todos los gustos. Tomad nota y reservaros al menos un fin de semana romanticón.

Pasar un fin de semana diferente es algo que toda pareja quiere y busca en algún momento de la relación. Una escapada a alguna otra ciudad siempre va bien para romper con la rutina y disfrutar de un tiempo único con la otra persona. Como ya hemos dicho, los destinos son infinitos y dependerá de lo que os guste hacer como pareja, de vuestro presupuesto o de la idea de viaje que tengáis. ¿Queréis ver unos atardeceres preciosos? ¿Preferís callejear y comer bien? ¿Os divierte la naturaleza? ¿O sin embargo sois unos urbanitas sin remedio? Sea cual sea vuestro modo de entender unas mini vacaciones románticas, aquí te proponemos 5 destinos para todos los gustos para San Valentín.

Aunque el 14 de febrero es el día de los enamorados por excelencia, también es un día para celebrar el amor por toda la gente que te rodea y te hace feliz, así que si no tienes pareja, no te preocupes. Existen muchos otros planes que puedes hacer tú sola o con amigas o familiares, incluso puedes visitar alguno de estos destinos con ellas, será un plan genial para un fin de semana diferente.

Venecia
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Venecia

Del vaporetto a la góndola, y al revés. Venecia es uno de los destinos más románticos –y no apto para los sensibles al mareo– a los que podéis acudir, pero con un extra que pocos destinos os ofrecerá: ver los atardeceres coloristas atravesando pausadamente y en góndola el Gran Canal –la avenida principal de la ciudad– o aposentados en los múltiples puentes de la isla como el famosísimo Puente de Rialto. Esta experiencia hará que crezca el nivel amoroso cual el nivel del mar, del que siempre están pendientes los habitantes de esta ciudad marítima. Nada más llegar a Venecia, el plan será acudir a la increíble plaza de San Marcos para pasear por los pasajes porticados y disfrutar de su basílica, del Palacio Ducal, la Torre del Reloj y del Campanile. Toda la razón tenía Napoleón Bonaparte al llamar esta plaza como “el salón más bello de Europa”. Si lo vuestro es acudir callejeando hacia lo más auténtico, podéis perderos por el barrio de Cannaregio. Ahí daréis con la Venecia más popular al llegar al antiguo gueto judío medieval y visitar también la preciosa iglesia gótica de Madonna dell Orto. Si la escapada es de dos días, dedicad una mañana a visitar Burano, una preciosa isla, muy acogedora, con sus casas de fachadas de colores perfectamente pintadas (así los pescadores veían la suya en los días de niebla). Preparad la cámara porque no pararéis de haceros selfies con el paisaje.

Imperdibles

» Si os gustan las joyas o la cerámica (y queréis hacer un bonito regalo a vuestras madres), acudiréis a la isla de Murano, famosa por su cristal y donde podréis ver a los artesanos trabajándolo. Es como una Venecia en miniaura.

» No os vayáis sin dos cosas: pasear en góndola y hacer una foto de Venecia desde el Puente de Rialto (y perderos después en los puestos de los comerciantes).

» Si os gusta lo arriesgado, hay quien es capaz de ir hasta la isla abandonada de Poveglia, donde dejaban a las víctimas de la peste. Avisamos: es ilegal pero misterioso.

Nápoles
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Nápoles

Nápoles es tan canalla como sorprendente. Perderse en esta ciudad no es difícil y nada mas pisarla te embriaga su caos ordenado, el griterío en hora punta, el sonido de los cláxones... Es Italia, claro. Esta metrópolis de la región de la Campania –la segunda más poblada de Italia– presume de ser Patrimonio Mundial de la Humanidad. Es una ciudad repleta de planes artísticos, aunque vale la pena marcarse dos en la lista: ver el extraordinario Cristo velado (1753) de Giuseppe Sanmartino en la capilla de Sansevero –querréis tocarlo para comprobar que no es real (pero no os dejarán)– y acudir a la capilla del Pio Monte Della Misericordia para contemplar Las siete obras de misericordia (1607) de Caravaggio. A partir de entonces, cualquier pareja que busque Nápoles como destino romántico puede dejarse llevar. En la ciudad hay alrededor de 500 iglesias, así como castillos, plazas, palacios y jardines con mucha historia. Toda pareja paseará quemando la pizza Margarita o el plato de ragú por la zona del puerto, se hará una foto con el Vesuvio de fondo hasta acudir al Castel dell’Ovo, del siglo XII. De esta ciudad solo se lamenta una cosa: que el grafiti mal entendido sea tan protagonista del paisaje urbano. Pero entonces ya no sería Nápoles, sería otra cosa.

Imperdibles

» Comer con disfrute una sencilla pizza Margarita en locales tan feos como auténticos es lo que toca. La estética hostelera no debe engañaros. Haréis cola en Da Michele y Gino Sorbillo, tal vez de 30 minutos, pero vale tanto la pena que os olvidaréis.

» Deleitaros con el ragú. Porque esta salsa de carne estofada a fuego lento con tomate es un vicio en el restaurante Tandem: prepararos para mojar pan y/o acompañarla de pasta.

Huesca
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Huesca

Las parejas amantes de la naturaleza y de los relatos míticos y legendarios agradecerán este destino. Después de llevar consigo todo lo necesario tras pasar por Decahtlon, toca llegar a Jaca –por ejemplo–, hospedarse en una casita rural y echar un ojo a las múltiples rutas que pueden hacerse por Huesca. Entre Hecho y Ansó, destaca el conjunto megalítico de Guarrinza, el mayor de todo el Pirineo. El plan podría ser hacer senderismo por el Valle de Aguas Tuertas –cuyo nombre nos recuerda a la fantasiosa Juego de Tronos– para imbuiros de naturaleza en estado puro. Hay decenas en el Alto Aragón, pero cuando deis con el Dolmen de Aguas Tuertas y su escenario o decidáis poner vuestros pies descalzos en un lago cercano chapoteano y pisando arcilla, llegaréis a un estado de desconexión urbanita que, vale, no es tan romántico como un viaje en góndola, pero sí os asegurará una sensación mística-natural. Este estado de paz lo podréis rubricar acudiendo al Real (e incrustado) Monasterio de San Juan de la Peña, que forma parte del camino aragonés del Camino de Santiago. Verlo te deja con la boca abierta (y entrar también, aseguraros de su horario). Al volver diréis: “Qué bonito es Aragón, de verdad”.

Imperdibles

» Si os va la historia y os apetece que os suba la adrenalina, acercaros hasta la estación abandonada de Canfranc, inaugurada en 1928 y que unía España y Francia. El lugar –repleto de túneles, hangares y trenes de época– es sobrecogedor. Se puede visitar con guía.

» Planifícalo bien consultando la web patrimonioculturaldearagon.es y el completo blog huescalamagia.es. No os olvidéis la cámara.

Oporto
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Oporto

Encantadora, evocadora, romántica, decadente... Que te regalen un viaje a esta ciudad portuguesa es como tomar una taza de chocolate con el frío invierno: reconfortante. Además, te envolverá en su precioso conjunto. Nada justifica ir hasta Oporto más que ella misma. En un fin de semana podréis recorrer las calles del centro histórico con deleite. Al final del día, pasead por la ribera del Duero entre los puentes de Don Luis I y el de Arrábida, pese a que sea uno de los espacios más concurridos de la ciudad. Sus bonitas fachadas de colores, con ese toque marinero, pintan muchas de sus calles. La decadencia melancólica está presente en el barrio Do Barredo, situado entre la catedral y la orilla del Duero, serpenteado por calles estrechas y escaleras, edificios algo deteriorados y balcones con ropa tendida. Porque no hay nada mejor que conocer un destino descubriendo su cotidianidad, valdrá la pena que os acerquéis hasta el mercado de Bolhao, con dos plantas, datado en el siglo XIX. Y para paseo imprescindibles, el de la calle peatonal de Santa Catarina, la calle comercial por excelencia del centro de Oporto. Os impresionará pasearla arriba y abajo desde la Praça do Marquês de Pombal hasta el modernista Café Majestic. Una maravilla.

Imperdibles

» Déjate seducir por la escalera y sus detalles modernistas y neogóticos de la librería Lello e Irmao. ¡Y también por sus libros!

» Sube los más de 240 escalones de La Torre de los Clérigos, el mejor mirador de Oporto para unas vistas panorámicas del centro histórico.

» No te vayas sin comer un buen bacalao o tomar un buen vino con vistas al Duero y a Vila Nova de Gaia. Y si hay fados de fondo, ¡mejor!

París
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París

A estas alturas no vamos a descubrirle a nadie que París es la ciudad del amor. Nosotros también la recomendaremos como uno de los lugares más hermosos a los que ir (y más en pareja). Si la escapada es de un par de días, toca callejear, y mucho, a sabiendas que tendréis que volver. Porque París no te la acabas nunca. Estos son algunos básicos. Deberéis contemplar la esbelta iluminada –según la hora– figura de la Torre Eiffel desde Trocadero. Si la queréis ver de más cerca, muchísimo más, podéis subir a ella y reservar en su delicioso restaurante 58 Tour Eiffel. Cumplida la Torre Eiffel, otra visión mágica y majestuosa es la que tendréis entrando a la Sainte Chapelle, cuyas vidrieras son alucinantes. El momento más romántico de vuestra escapada será el que destinéis a pasear por la orilla del Sena, por ejemplo, paseando desde la Catedral de Notre Dame hasta la Torre Eiffel bordeando el río. No dejéis de cruzar Le Pont Neuf, el puente más antiguo y que une la Île de la Cité con la ciudad porque os dará unas vistas únicas. Más dosis de romanticismo: acudir al corazón de Montmatre, barrio bohemio por excelencia. Se entiende que hoy sea tan turístico, como el barrio Latino, al que podéis ir a tomar un merecido cóctel.

Imperdibles

» Tomarse un café en alguno de los fantásticos locales de la zona de Saint-Germain-des-Près y Montparnasse, como Le Procope, el primer café literario de la ciudad, o el Café de la Paix, que es como un museo.

» Madrugar para ver la Catedral de Notre Dame, una de las góticas más antiguas del mundo. Su interior es espectacular y sus vistas de París también, aunque os esperen 387 escalones.