La seguridad en uno mismo es una buena aliada para escalar en la vida. Nos ayuda principalmente en el cara a cara: a ser resueltos en entrevistas de trabajo; en esas reuniones con clientes o inversores, decisivas para dar un impulso a nuestros negocios; a entrar con entusiasmo en el despacho de nuestros superiores para solicitar un ascenso o un aumento de sueldo… incluso para lanzarnos a hablar nuevos idiomas. Y no nos olvidemos de su utilidad desde el punto de vista personal y social: se convierte en el pequeño empujón que a veces necesitamos para iniciar conversaciones y conocer gente nueva.

Sin embargo, no siempre resulta fácil. Hay un importante número de factores que pueden ‘desinflarnos’ en un momento dado, entre los que podemos incluir unos cuantos centrados en lo físico y más concretamente en lo referente a nuestra boca. Todos conocemos a alguna persona que no se atreve a participar en una conversación o a sonreír ante una cámara porque cree que el aspecto de sus dientes provocará rechazo o burla. Aunque no vaya a ser así, esa percepción de la realidad nos convierte en inseguros y vulnerables. Nos empuja a escondernos y nos frena en esos momentos clave que debemos aprovechar para destacar.

Es una situación que es posible cambiar, gracias a las técnicas odontológicas que existen hoy en día, y que muchas veces no giran solo en torno a los cambios estéticos, sino que también terminan mejorando nuestra salud bucodental. No hay más que ver el desgaste que genera sobre nuestros dientes el paso del tiempo, la erosión, el movimiento continuo de nuestras piezas dentales y factores externos como el consumo de café o tabaco. Y es algo que se puede corregir desde el punto de vista odontológico.

Si decidimos ponernos en marcha, lo más importante que debemos hacer es encontrar a un buen dentista, experto en el diseño de la sonrisa. En las clínicas más avanzadas mostraremos el resultado de un tratamiento antes de realizarlo mediante la toma de fotografías e imágenes de la cavidad oral con un escáner intraoral. Con los datos que obtenemos de estas pruebas es posible analizar cómo mejorar una sonrisa. Incluso, realizar una simulación en 3D para que el paciente pueda ver con más claridad cómo quedaría después del tratamiento. Y una vez realizado, lo ideal sería tener una imagen de su ‘antes’ y su ‘después’ para que pueda comparar y valorar las mejoras realizadas.

Estas pueden ir desde blanquear el color del esmalte, que hoy en día puede realizarse con técnicas LED mucho menos agresivas para los dientes, hasta corregir problemas de longitud y desgaste, o arreglar fracturas dentales. Pero también es frecuente sustituir piezas o recolocar diversas zonas de la cavidad bucal con ortodoncias para conseguir unos dientes alineados y más sanos.

No debemos olvidar que una correcta posición de nuestros dientes, además de mejorar nuestra sonrisa, evitará la aparición de diversas patologías bucodentales, como el bruxismo, problemas mandibulares, enfermedades en las encías y dificultades para hablar o masticar. Hoy en día, con la ortodoncia de baja fricción, conocida como sistema Damon, se evita en muchos casos la extracción de piezas y se disminuyen las molestias en el paciente.

Se consigue una sonrisa más plena, llena y se muestran más dientes, ya que genera más expansión. Eso la diferencia de la ortodoncia tradicional y logra una sonrisa más bonita y amplia como la de Julia Roberts, además de un mejor resultado en menos tiempo: hasta seis meses puede reducirse el tiempo que normalmente transcurre con los brackets tradicionales. Aún más si nos decantamos por la ortodoncia Insignia, un ‘traje’ a medida para nuestros dientes gracias al diseño digital con el que conseguimos unos resultados muy precisos. Opciones como estas entran dentro del campo de la ortodoncia estética, que mejora el soporte de los labios o, al menos, no lo empeora, al mismo tiempo que mejora el perfil de la cara porque lo llena y no lo hunde. Con la ortodoncia tradicional se hundían los labios y empeoraba la cara de perfil, si corregían la mordida pero no tenían en cuenta la estética facial.

Una vez estemos conformes con nuestra sonrisa, es importante recordar que no hay mejor tratamiento que la prevención para mantenerla a salvo. Llevar unos hábitos de higiene diarios, visitar al odontólogo al menos dos veces al año y seguir sus recomendaciones son acciones que deben estar marcadas en negrita en nuestra agenda. No olvidemos que el paso del tiempo nos hace más vulnerables al desgaste progresivo, a las caries y a ciertas dolencias que aparecen en edades avanzadas que nos hacen perder piezas.

Contar con el asesoramiento de un dentista de confianza y seguir sus recomendaciones nos va a ayudar a mantener nuestros dientes sanos y fuertes y a tener la mejor de las sonrisas. Esa misma que nos va a imprimir seguridad en nosotros mismos, nos va a producir un mayor bienestar mismos y que nos va a empujar a comernos el mundo… sin dejarnos caries.

 

Dra. Susana Crespo, licenciada y doctorada (Cum Laude) en Odontología, directora de Clínica Dental SCJ en Alicante y experta en implantología, ortodoncia y estética dental