1. Creer que el cambio es posible: pero no vendrá solo. Toca esforzarse (y bastante)

Por qué: Se ha demostrado que muchas personas, pese a encontrarse en las peores circunstancias de su vida, han logrado un cambio en positivo. Si algo no te gusta, tendrás que poner de tu parte para que cambien las cosas.

De qué forma: El cambio, para que sea real, no viene de fuera. Viene de dentro. Uno mismo es el gran impulsor. “Debemos ser proactivos, reflexionar, y decirnos a nosotros qué es lo que queremos cambiar”, remarca Marc Reklau, autor de Destino felicidad (Temas de Hoy). “El cambio ha de ser poco a poco porque el progreso viene de los pequeños pasos. Por ejemplo, cambiando de hábitos mejoraremos nuestro estilo de vida. Si nos fijamos en la gran meta –que tardará en llegar– nos frustraremos y podríamos abandonar”, añade Reklau. Es muy importante que creas que puedes mejorar a través de entrenamiento y esfuerzo. Los psicólogos lo llaman “mentalidad de crecimiento”.

Obstáculos: Son muchos. Empezando por una misma, por las autoexcusas, por el miedo al sufrimiento. O por las circunstancias o personas que te rodean, nada favorables al cambio (o a tu cambio, tachándote de egoísta). Porque “la primera causa de infelicidad –conscientemente o no– es sentirse culpable por perseguir la felicidad. Y eso tiene que parar ya”, explica Marc Reklau.

En cada una de las experencias que te obligan a pararte y mirar el miedo cara a cara, ganas fuerza, valor y confianza. Debes hacer lo que crees que no puedes hacer” - Eleanor Roosevelt

2. Tus creencias son el motor: así piensas, así actúas. ¿Y si eres optimista?

Por qué: Robert Dilts, referente de la programación neurolinguística, define las creencias como juicios y evaluaciones sobre nosotros mismos, los otros y el mundo que nos rodea. Una creencia es un patrón de pensamiento habitual. Una vez que una persona cree que algo es cierto [no importa si es verdad o no] él o ella actúan como si lo fuera, recopilando hechos para corroborarlo, aunque sea falso”. Tus creencias influyen en tus emociones, tus emociones en tus acciones y tus acciones crean resultados, argumenta Reklau. Tal cual.

De qué forma: Creando una situación positiva. Los científicos le llaman priming o condicionamiento. Puedes poner cerca de ti fotos de personas o lugares que amas, rodearte de tus objetos más queridos, mirar películas que te inspiren, acudir a conferencias estimulantes... Enfócate en lo positivo.

Obstáculos: Hay cosas que no dependen de ti. Pero de ti dependen las reacciones al respecto. “Puedes elegir percibir el dolor, la negatividad, el estrés... o puedes mirar las cosas con una lente de optimismo, gratitud, esperanza, resiliencia y significado. Es posible que no consigas cambiar la realidad, pero puedes y debes usar tu cerebro para cambiar la manera en que procesas el mundo que te rodea y eso cambiará tu forma de reaccionar”, comenta Reklau.

Si uno cree en una religión o no, si uno cree en una religión o en otra, da igual: el propósito mismo de la vida es la felicidad. El movimiento mismo de nuestra vida es hacia ella” - Dalai Lama

3. Tienes poder para elegir, siempre: recuerda que tu vida es como es por las decisiones que tomaste

Por qué: Siempre puede elegir, aunque sea tu manera de ver las cosas. Ese cambio de percepción puede ser clave para que te sientas mejor. Piensa, por ejemplo, que tu vida son tus decisiones.

De qué forma: Se trata de elegir los pensamientos correctos. Obsérvalos de vez en cuando y analízalos. “Quien piensa en positivo no ignora que en la vida puede haber problemas, pero no considera que son oportunidades para crecer y sabe que solo tienen el significado que se les da”, remarca. Deja de ponerte excusas y de quejarte y toma decisiones, es decir, controla tu vida. “¿Qué es lo peor que te puede pasar? ¡Tienes que tomar riesgos!”, nos anima Reklau. Haz una lista de los “debería” y cámbialos por “elijo” o “decido”. ¿A que la cosa cambia?

Obstáculos: Por supuesto que hay cosas terribles en la vida. “Aún así puedes elegir cómo te afectaran estos acontecimientos. Te garantizo que encontrarás gente que pasó por situaciones trágicas y aun así prosperaron. Toma a esas personas como ejemplos a seguir”, dice el autor. Emociones negativas como la ira son otro obstáculo. Lo fundamental es analizar cómo te sientes, permitirte expresarlas, por ejemplo, por escrito. “Yo escribo mis emails rabiosos y luego los dejo descansar un día. El 99% van a la basura”, remarca.

“Estás hoy donde tus pensamientos te han traído: estarás mañana donde tus pensamientos te lleven” - James Allen

4. El foco crea la realidad: enfócate en lo bueno

Por qué: Porque es más saludable y porque te encamina hacia la felicidad. “No quiero que ignores lo negativo, sino que te concentres en lo positivo”, confiesa el autor de Destino felicidad. ¿Dónde está tu foco? ¿En qué te concentras? ¿En el pasado o en el presente? Todo depende de dónde pongas tu atención.

De qué forma: Cuando estamos buscando algo lo vemos en todas partes. Si estás embarazada, no pararás de ver a otras embarazadas. Esto nos sucede siempre. Es genial si te centras en las oportunidades. Así que puedes hacerlo. Entrena tu cerebro para enfocarlo en lo positivo. Para ello apunta diariamente en una lista todas las cosas buenas que te han sucedido, recomienda Reklau. En tu trabajo, tu vida, tu familia, tus deseos... Otro ejercicio eficaz es este: por la noche, recuerda y anota tres cosas buenas que te han pasado durante el día y revívelas en tu mente. Con cinco minutos para estos ejercicios es suficiente. ¡Pero hazlos!

Obstáculos: El pesimismo lo es. Pero cuidado. “No puedo negar que hay momentos en la vida en los que es bueno ser pesimista (impedir una inversión tonta o jugarnos la salud). Por este motivo tenemos que desarrollar un sentido realista, sano y razonable de optimismo, pero sobre todo dar prioridad a lo bueno”, comenta.

“La manera en que percibimos el mundo es mucho más importante para la felicidad que las circunstancias objetivas. No es lo externo lo que importa, sino lo interno. Depende de nuestro estado de ánimo: en qué elegimos centrarnos” - Ed Diener

5. Ponte metas a alcanzar: encuéntrale el sentido a lo que haces

Por qué: Con una meta tendrás un objetivo. Y siempre que traces un plan podrás estar más cerca de lograr lo que desees. Si vas por la vida sin un propósito, todo será más difícil.

De qué forma: Debes encontrarle sentido a lo que haces. “Yo encontré mi propósito vital hace 3 o 4 años y es el de ayudar a los demás (...)”, comenta el autor. Pero todo se basa en la autorreflexión. “Es cuando te paras un momento, te haces preguntas comprometedoras que la mayoría de veces no nos contestamos. Las respuestas son incómodas, nos dan miedo... Hay que sentarse y preguntarse la verdad a sí mismo, y encontrar el coraje para responder”, dice Reklau. “El inicio de todo es siempre la autorreflexión y eso me pasó a mí durante la formación en coaching”, añade. Tras ese periodo de reflexión, viene el momento de marcarse pequeños retos (por escrito) y de actuar. “Los comportamientos son realmente más poderosos, las acciones son siempre más poderosas que las palabras”, dice. Date tiempo. “La única manera de cimentar un cambio duradero es apoyarlo en hábitos o rituales”, insiste.

Obstáculos: “Que te lleguen ideas en contra de todo lo aprendido durante toda tu vida”, remarca él como gran obstáculo. De esta forma, tu concepción del mundo (o más bien de tu vida) cambiará. La falta de valentía, la zona de confort, la apatía, la impaciencia o la procrastinación son otros impedimentos.

“Las personas que exponen claramente por escrito sus objetivos logran mucho más, y en un período de tiempo más corto, que las personas que no lo hacen jamás podrían imaginar” - Brian Tracy

6. Aprendes a fallar o no aprendes: el perfeccionismo siempre te limitará

Por qué: “¿Cómo aprendiste a caminar? Intentándolo una y otra vez. Cayéndote y levantándote. De mayores pagamos un alto precio por el miedo al ridículo, miedo a fallar, por no enfrentarnos a las cosas”, recuerda el coach y autor de Destino felicidad. Como dice Tal Ben Shahar, de la Universidad de Harvard, “o aprendes a fallar o no aprendes”. Tienes que aceptar que fracasarás en algún momento.

De qué forma: Prepárate para el fracaso. Cosa que no significa que lo esperes. Duele, pero volverás a recuperarte. Cuanto más fracases, más dominarás tu respuesta ante él. “La perseverancia es más importante que el talento, la inteligencia o la estrategia”, afirma este autor. Cultiva la paciencia y la perseverancia. “Aquí el fracaso es visto como un estigma, mientras que en otros países, como EE UU, forma parte del juego”, comenta Reklau. Juguemos entonces. Sé más amable contigo.

Obstáculos: El perfeccionismo. La mentalidad del perfeccionista es la de “todo o nada”. Está a la defensiva, es sensible a la crítica, no disfruta del proceso, cree que solo hay una forma de hacer las cosas, le aterroriza el fracaso (el suyo y que otros lo vean así). “Hay lugares y profesiones donde se requiere perfeccionismo, como la cirugía, pero en muchas áreas de nuestra vida éste no es necesario y nos hace daño. La buena noticia –como dice Marc Reklau– es que no tienes que ser perfecta”. El miedo al fracaso hace que dejemos de actuar y también el perfeccionismo puede llevarnos a este punto de inacción.

No he fracasado. Simplemente acabo de encontrar 10.000 formas que no funcionan (...) La forma más segura de tener éxito es intentarlo siempre solo una vez más” - Thomas Alva Edison

7. Nunca dejes de quererte: blinda tu autoestima haciendo que crezca

Por qué: Porque la autoestima es la base de todo. De cómo te ves (y te sientes) y de cómo te relacionas sanamente con los demás. Es “la disposición a verse a sí mismo como competente para hacer frente a los desafíos de la vida y digno de felicidad”, afirma Nathaniel Branden. No confundir con la arrogancia o el narcisismo, cosas que, precisamente, denotan falta de autoestima y no un exceso de ella. Con un buen nivel de autoestima tendrás altos niveles de resiliencia y de inteligencia emocional. Pero debe trabajarse siempre.

De qué forma: Se necesita tiempo. La vida te dará reveses y saber gestionarlos (o no) dependerá de nuestra autoestima. “Hace falta aprender a aceptarse a uno mismo, ser abierto, ser vulnerable y cometer errores”, comenta el autor. Tómate momentos para reflexionar, sigue tus propósitos u objetivos, ten una vocación, date el permiso de ser humana, sin perfeccionismo.

Obstáculos: Las quejas constantes, las excusas que harán que eludas responsabilidades, la falta de autoafirmación –no saber decir no o sí cuando lo crees necesario–, no conocerse lo suficiente o ser incoherente con lo que dices y lo que haces.

“De todos los juicios que hacemos en nuestra vida, ninguno es tan importante como el que emitimos sobre nosotros mismos” - Nathaniel Branden

8. Cultiva buenas relaciones: que sean prósperas, que avancen, que te enriquezcan.

Por qué: Con una buena red de personas que te quieran y te soporten (en todas las acepciones) podrás recuperarte más rápido de los contratiempos. No es que tú sola no puedas, es que la ayuda de otros, ese apoyo incondicional y sincero, puede ser el impulso definitivo. “Las relaciones son una necesidad natural. Nadie puede sobrevivir ni prosperar sin relaciones”, establece Reklau. Ser feliz y compartirlo mejora la ecuación. Igual que cuando atraviesas un mal momento, el pegamento social puede fortalecerte.

De qué forma: Invierte tiempo en esas relaciones. No juzgues a los demás, pero sé

honesta. Los secretos de una relación próspera son, entre otros, pasar tiempo con esa persona, no abandonar la relación, crear altos niveles de intimidad y apreciar lo bueno. Encontrar a la persona no es lo difícil, la parte más motivadora es la de, una vez encontrados mutuamente, dedicarse el uno al otro. Siempre con respeto. Siempre.

Obstáculos: Que te cueste establecer esos vínculos, que seas desconfiada, que tus falsas creencias sobre las relaciones interpersonales te limiten. No quieras impresionar constantemente al otro, trata de expresarte. Así de sencillo. No hay nada como ser auténtico.

“Las cosas no siempre ocurren para mejor, pero algunas personas son capaces de sacar lo mejor de las cosas que les ocurren” - Tal Ben-Shahar