Cuando eres madre la rutina diaria se complica. Y más si encima trabajas. Mientras son bebés y das el pecho, porque dependen de la madre para comer cada poco tiempo. Cuando van creciendo, porque hay que supervisarles, ayudarles con los deberes o vigilar que no se abran la cabeza peleando con los hermanos.

En esa cascada de actividades diarias sacar unos minutos para meditar parece misión imposible. «¿De dónde saco yo tiempo si no me da la vida con tanto jaleo?», solemos preguntarnos. Cuca Azinovich, directora del Proyecto Bienestar Consciente y experta en mindfulness y meditación nos muestra de dónde sacar esos micro momentos para equilibrar nuestra mente y aumentar la sensación de bienestar espiritual.

«Sentarse a meditar es tan importante como la práctica informal. Y esa rutina diaria con los pequeños nos ofrece infinidad de micro momentos para regular nuestra atención en el presente. Lo importante es centrarnos en cada actividad y olvidarnos de ese engaño que nos han vendido a las mujeres de ser multitasking», señala. «Hay que intentar conectar con el crecimiento del niño y disfrutarlos como una experiencia única». Sobre todo, en los primeros meses de vida, crecen muy rápido. Pero son frágiles.

Es fácil angustiarse pensando «¿y si se me muere?», «¿lo estaré haciendo bien?», «tiene una manchita nueva, he de llamar al pediatra», «por cierto, ¿cuándo fui por última vez al pediatra». Y a la vez, pensamos que nos estamos haciendo esclavas del pequeño y queremos hacer más, mirar Internet, chatear con amigas, mirar las novedades de ropa en tal tienda online… Y terminamos por estresarnos aún más, sin disfrutar de nada de los que hacemos. A continuación, Azinovich nos ofrece ocho situaciones donde ser madre y reconectarnos con el presente es posible para hacer una micro meditación o disfrutar de unos instantes de mindfulness.

 

Madre amamantar hijo


1. Al dar el pecho

«Vas a estar quieta unos minutos en una relación muy íntima con tu hijo. No permitas que la cabeza se vaya a otros asuntos». Nada de pensar qué necesitas del supermercado, las llamadas que has de hacer o si has de pedir cita en la peluquería para retocar las raíces, que ya toca. «Disfruta de ese momento. Siente cada sensación, cada ruidito que hace el bebé, sus pequeñas manitas sobre tu pecho. Es una de las emociones más poderosas de conexión con la vida y con el presente».
 

2. Al acunarlo

«Vive ese momento de forma plena. Siente esa pequeña vida que tienes en los brazos. Nota su calor, escucha su respiración, siente su aroma. Y contágiate de su calma a medida que se queda dormido». No lo hagas de forma mecánica, como si fuera una obligación.


3. Aprovecha las meditaciones de transición

«Son esos pequeños instantes entre una actividad y otra. Por ejemplo, cuando acabas de acostar a los niños, no te metas inmediatamente en la cocina o te zambullas en el sofá a ver un capítulo de tu serie favorita. Date dos minutos para conectar con tu respiración en tres tiempos. El primer momento será para conectar las sensaciones físicas y las emociones. A continuación, dirigiremos la atención a la respiración. Finalmente, expandimos la atención al cuerpo para reconectar con él. Es una actividad muy simple que podemos hacer junto a la puerta del dormitorio de los niños. No lleva mucho tiempo y nos permite recuperar la calma».  

 

Madre baño hijo


4. Disfruta del baño

No tomes el baño diario con estrés ni como una obligación fastidiosa, sino como un momento de conexión con tu hijo y con la vida. «A veces olvidamos la importancia del tacto y es una emoción muy poderosa. La suavidad de la piel del niño, el calor del agua, la humedad… No pienses en nada más. Solo estate ahí. Siente ese momento, hazlo presente».


5. Cocina con sentido

Comer es una necesidad. Pero puede – y debe – ser placentera. «Mientras preparamos la comida, podemos disfrutar de los aromas, los sabores, los colores de los alimentos, las texturas… Es un torrente de sensaciones que no conviene esquivar, por ejemplo, mirando la tele. Además, una preparación sentida de los platos suele hacer que el alimento salga más rico».


6. Incorpórate al juego

«Vale más compartir con ellos unos minutos de juego consciente que tirarnos toda la tarde en el parque mirando el móvil mientras ellos juegan a su aire». Azinovich insiste en que es posible estar en el parque sin contestar whatsapps ni enviando mails. Nuestras madres lo hacían. «Integrarse en el juego mientras se columpia, se desliza por el tobogán o echa arena en el cubo sería esa meditación informal que al final de la jornada resulta tan valiosa».

 

madre columpio hijo
 

7. Aprovecha la ducha

Posiblemente los únicos minutos del día totalmente tuyos. «Siente el agua caliente, la suavidad del jabón, el ruido del agua». Aunque para muchas parece un buen momento para poner la agenda al día, es justo lo contrario. «De nuevo hay que luchar contra la tentación de ser multitarea, de aprovechar una situación para hacer otra. Queda muy bien para reportaje de revista, pero nos aleja de la realidad». Lo dicho, disfruta de la ducha.


8. Antes de dormir

«Personalmente, llego a la cama tan cansada que no me da tiempo a hacer una meditación profunda. Pero aunque solo sean dos minutos, antes de cerrar los ojos podemos dar gracias a la vida por tener agua caliente o la nevera llena. Aunque hayas tenido un día de perros, te aseguras de que tu último pensamiento antes de cerrar los ojos, es gratificante». Un ejercicio que, además, ayuda a conciliar el sueño y allana el camino a un descanso más reparador.