El agotamiento corre como una plaga entre las mujeres de 40 años o más. La sobrecarga de trabajo es, tanto en el ámbito laboral como en casa, mayor para nosotras que para los hombres. Y es que los roles de unos y otros aún no están equilibrados: las mujeres dedican 4 horas a las tareas domésticas y al cuidado de los familiares cada día, mientras que los hombres emplean la mitad del tiempo, según datos del Instituto Nacional de Estadística. En la actualidad, el contexto social ayuda más bien poco a mitigar la sensación de cansancio que experimentan muchas. Sin embargo, en ello intervienen también factores personales. Esto es lo que no debes pasar por alto si en tu día a día gobierna el lamento “estoy agotada”.

Te hace falta un chequeo médico

La anemia y los problemas hormonales son los principales trastornos responsables de la sensación de fatiga. Algunos signos, como las pérdidas antes o después de la regla, si el periodo dura más de 7 días o se pierden más de 80 ml de sangre, te están avisando de que es necesario que visites al médico. Las alteraciones en la menstruación se relacionan con la anemia ferropénica, es decir, síntomas de cansancio y debilidad producidos por la falta de hierro.

Duermes menos de 7 horas

Dormir es un acto de salud tan de manual como lo es la alimentación sana. Privarte de menos de 7 u 8 horas de descanso produce irritabilidad, desconcentración y malestar general al día siguiente, aparte de patologías crónicas a la larga. En Que no te quiten el sueño Que no te quiten el sueño (Planeta), el doctor Eduard Estivill señala que existen más causas psicológicas que físicas por insomnio. Dos de las recomendacioness que propone para revertir la situación son seguir una rutina –levantarse e irse a dormir siempre que se pueda a la misma hora, tanto días laborables como fines de semana– y, si se necesita para conciliar el sueño, tomar valeriana, que se ha demostrado que tiene un ligero efecto sedante y relajante y aporta beneficios al cabo de un mes de su toma.

No estableces límites en el trabajo

Existen pautas que se pueden llevar a cabo para que el trabajo no te robe horas de ocio ni de descanso. Aprender a decir no es una manera de reafirmar que no estás disponible a todas horas para todo el mundo, algo te que asegurará un estado más relajado y reforzará tu autoestima. Son tiempos agitados para desenvolverse a paso firme en el terreno laboral, pero saber colocarte en una posición que te satisfaga es el primer paso para esquivar el estrés en este ámbito.

Has abandonado tu proyecto personal

Dedicar una parcela de tu tiempo a una actividad o a un trabajo que te motive te ayuda a cargarte de energía y a consolidar todo aquello que te define como persona, más allá de ser madre o “esposa de”. Tener la sensación de estar a diario pendiente de mil cosas a la vez, da como resultado no dedicarse a conciencia a ninguna,y, por tanto, disfrutar menos. Existen ideas para reconectar contigo misma y domesticar la multitarea.

Te riges por la exigencia y el perfeccionismo

Te culpabilizas al cometer un error, te resulta muy difícil delegar tareas y te gusta tenerlo todo bajo control: si te sientes identificada con estas actitudes, los niveles de exigencia y perfeccionismo que te impones tenderán a sobrepasarte. Querer hacer las cosas lo mejor posible es una cualidad muy valiosa, pero tener baja tolerancia a las equivocaciones –tanto propias como ajenas– daña la seguridad personal y las relaciones con los demás. Aprende a relativizar y ten en cuenta que, a lo largo de la vida, lo más plausible es que siempre se dé un margen para el error.