Somos seres humanos y como tales, hablamos, y mucho. El silencio nos incomoda, no nos gusta y nos hace sentir un vacío. Tanto es así que, hay gente que deja puesta la televisión cuando están solas en casa para evitar el silencio. ¿Por qué nos asusta tanto la ausencia de la palabra, la ausencia de sonido? En realidad, el silencio es la mejor forma de conectar con nosotras mismas para desconectar del mundo que nos rodea. Aislarnos para encontrarnos, a veces, puede ser la mejor fórmula para ser feliz, por eso evitar esos estímulos que te estresan y te generan falsos agobios. Una felicidad sin distracciones es posible siguiendo esos pequeños consejos.

Evita el ruido. La ciencia reconoce que el exceso de decibelios provoca nerviosismo. Evítalos. También procura silenciar las perturbaciones en tu cabeza. Y más, si son malas vibraciones.

El consumismo es el peor aliado. Vivimos en una sociedad obsesionada por comprar lo último de todo y, a ser posible, barato. Renueva con mesura, investiga como son elaborados y apuesta por el comercio justo. Eso te hará sentirte mejor contigo misma a estar realizando una buena acción.

Mantén los sentidos controlados. Las ciudades están llenas de estímulos, sobre todo visuales: luces, pantallas, objetos que se mueven. Kankyo aconseja caminar con calma mirando al suelo para desconectar de tal avalancha.

Evita el estrés mediático. Escuchar la radio o la televisión a todas horas, embobarnos con tertulias exaltadas o consultar noticias constantemente magnifica la actualidad. Y crea una situación de alerta continua.

Desconexión digital.  El móvil, las redes sociales, internet… Son muy útiles, pero no si comandan tu vida… Ponte como norma apagarlos mientras haces otras actividades. O, al menos, no los consultes cada dos segundos.

Aprende de la naturaleza. Mira a los animales: no hablan, pero por ello no dejan de comunicarse cuando es necesario con el resto del clan o con los enemigos. El resto del día, disfrutan de la vida. Aprende de ellos.

A veces, el silencio también es la mejor opción cuando estamos en compañía. Son muchas las ocasiones en las que hablamos sin saber porque, diciendo lo primero que nos pasa por la cabeza. ¿Alguna vez te has preguntado si tus palabras pueden herir? Un discurso violento puede hacer daño a los demás. Y a ti misma. Por eso hay una serie de reglas que puedes usar para evitar estas ofensas verbales.

Medita. Verbalizar una idea grosera o iniciar una discusión innecesaria pone en marcha una rueda de agresividad difícil de parar.  Mide sus consecuencias y valora si te merece la pena.

Controla. No solo cuentan las palabras de viva voz. También las que te rondan dentro de la cabeza, esa ‘película’ interior que nos montamos y que no siempre corresponde con la realidad.

Silencia. Ante una provocación, el cuerpo se alerta. En vez de vociferar (en alto o mentalmente) relaja la lengua: deja caer la mandíbula y esconde la lengua tras los dientes. Aliviarás la tensión.

Si reprimir esa externalización verbal de tus sentimientos de ira te provoca malestar y negatividad, ¡Baila!: “¿Te asfixia un pensamiento negativo? Extiende los brazos, gira sobre ti misma y verbalízalo en alto. Esta incoherencia ayuda al cerebro a desbloquearse”

Por último, queremos presentarte la revolución budista y el veganismo, que mucho tienen que ver con la paz interior, el silencio y la felicidad. La doctrina budista fomenta el silencio como medio para calmar el espíritu. De ahí ese equilibrio relajado tras una cura de silencio. “Si todo el mundo callara en lugar de enzarzarse, lograríamos la paz mundial”. Esa armonía también implica no causar dolor a ningún ser vivo. En otras palabras: el respeto por los animales y el veganismo. Una cuestión peliaguda, cuando el Dalai Lama reconoció comer carne. “Al principio me irritó, pero hay que ser indulgente con los logros no conseguidos”, asegura Kankyo Tannier.