La Navidad está a la vuelta de la esquina y con ella muchas cosas bonitas y otras que deberemos tratar con asertividad. Y déjame adivinar, las fiestas navideñas te producen sensaciones contradictorias. Por un lado tienes la alegría, la ilusión, los regalos y los bonitos momentos en familia. Y, por otro lado, sientes nostalgia, cansancio, estás ahogada en gastos y te agobia pensar en aguantar a los suegros, los cuñados y el compañero gracioso del trabajo que no te hace ni pizca de gracia.

Lo sé, no tiene por qué ser literal, pero seguro que alguna vez has sentido algo parecido. Yo también.

Desde mi punto de vista, el mayor inconveniente que le veo a todo esto –y el motivo por el cual me he lanzado a tratar este tema- es que perdemos la oportunidad de disfrutar intensamente de fechas tan increíbles como estas por estar anticipándonos a la posible, pero no segura, catástrofe.

Sabemos que las cenas pueden terminar en discusión, que los regalos terminarán en tarjetas de crédito echando humo, que nuestro ánimo no será el mismo teniendo en cuenta a todos los que ya no están con nosotros y un sinfín de situaciones que, pudiendo ser alegres y maravillosas, se pueden tornar en un grisáceo bastante molesto.

Lo sé, pero como siempre digo: está en ti cambiarte de gafas y vivir el momento como tú quieras vivirlo.

Puedes transformar la nostalgia en amor infinito, las futuras deudas en menos regalos, pero más conscientes y especiales, las pesadas cenas navideñas en una oportunidad para escuchar a los demás y conocerles mejor y, en definitiva, puedes elegir cómo vivir las fechas en todos sus aspectos.

El año pasado hablamos de cómo vivir una Navidad consciente y en mi blog también publiqué un post sobre la Navidad y los sentimientos encontrados. Además, escribí una Carta a los Reyes Magos, que no te puedes perder; pero este año quiero centrarme en un solo tema: las relaciones interpersonales en estas fechas y la asertividad como ingrediente –casi- mágico para cuidarlas.

¿Qué es la asertividad?

Creo que ya lo he escrito en alguna ocasión, ¡la asertividad es uno de mis conceptos favoritos!

Olga Castanyer, autora de La Asertividad: expresión de una sana autoestima, lo define como la «capacidad de autoafirmar los propios derechos sin dejarse manipular y sin manipular a las demás». Y aquí es donde digo que se produce la magia, he comprobado que si aprendemos a permanecer en una posición neutra en conversaciones delicadas, véase el típico tema en familia que termina como el Rosario de la Aurora, no solo evitamos la discusión en sí misma, sino que además nos ahorramos la alteración que sufrimos cuando esta ocurre.

El resultado es que habremos evitado ponernos alerta, en actitud defensiva, nuestras pulsaciones no se habrán alterado y, por tanto, no tendremos que invertir tiempo y energía en que se nos pase el malestar posterior.

En mi primer libro, Slow Life, Guía práctica para un auténtico cambio de vida, sostengo que el desarrollo y puesta en práctica de una actitud asertiva es necesario para alcanzar esa vida pacífica con bienestar estable que todos queremos. Y además, lo relaciono directamente con los conceptos de silencio y escucha activa, los cuales nos permiten el espacio necesario para dar oportunidad a que nazca la empatía y la compasión.

Esta relación de conceptos que hago es el motivo principal por el que traigo a la asertividad sobre la mesa en esta época del año. Las comidas y cenas de Navidad con amigos, familiares y compañeros de trabajo, son una oportunidad magnífica para entrenar nuestra actitud asertiva y, de paso, experimentar sus beneficios.

La asertividad consiste en respetar a los demás mientras nos respetamos a nosotros mismos. Esto requiere de escucha, empatía y comprensión, no solo de lo que dicen nuestros interlocutores, sino también de lo que estamos pensando y sintiendo.

Respetar el derecho a opinar de los demás y saber hacer valer nuestro propio derecho de opinión no es tarea fácil, sobre todo si retomamos la definición de asertividad y tratamos de llevarlo a cabo sin manipular y sin que nos manipulen, es decir, sin agresión ni sumisión.

¿Cómo poner en práctica la asertividad?

Como siempre, llegó la hora de la verdad. «Sí, sí, todo esto está muy bien, pero cómo se práctica la asertividad desde cero», pues vamos con ello.

En primer lugar, quiero contarte qué implica ser asertivo y, en segundo lugar, he querido dejarte algunas recomendaciones que yo misma he seguido y que pongo en práctica cada día cuando siento que debo poner más atención a mi asertividad. Creo que así te estaré ofreciendo una visión más amplia y más aplicable al tema que estamos tratando: la asertividad para tus comidas y cenas navideñas.

Bien.

Ser asertivo tiene una serie de implicaciones que lo hacen tan beneficioso y, por supuesto, tan difícil. ¡Pero no porque seamos intolerantes o maleducados! Simplemente, la mayoría de nosotros nunca ha aprendido a escuchar sin pensar a la vez o a comunicarse cuidando su mensaje.

Entonces, veamos los cuatro principales requisitos de la asertividad:

1.- Ser sincero con uno mismo. Esto tiene una utilidad increíble que no solemos atender, y es que siendo sinceros con nosotros mismos detectaremos fácilmente qué nos molesta y qué no, y podremos dejar constancia de ello en el momento. De poco sirve «aguantar el chaparrón» en una conversación con un compañero de trabajo, si después vamos a estar tres días dándole vueltas a lo que teníamos que haber dicho o hecho en ese momento. Cuanto antes identifiques qué quieres hacer y puedas hacerlo, antes podrás dejar ir las sensaciones que la conversación te produzca.

2.- Ser tolerante. La tolerancia es causa y consecuencia de la asertividad. Es importante que comprendamos y aceptemos las diferencias entre todos nosotros, que empaticemos con las necesidades de los demás, sus experiencias y los motivos que les impulsan a comportarse de una u otra manera. Solemos pensar que somos los únicos que tenemos problemas y olvidamos que quizás esa persona que no soportas tiene esa actitud que no soportas porque le pasa algo grave y no sabe cómo lidiar con ello.

Te va a sonar a slogan hippy, pero prueba a abrir tu mente y tu corazón, y verás cómo tus relaciones cambian.

3.- No buscar aceptación. Tenemos la dichosa manía de buscar aceptación en los demás, de querer encajar constantemente y pretender que nos den la razón en todo para sentirnos apoyados. ¿Qué necesidad tenemos de ello? Si trabajásemos nuestra confianza y seguridad en nosotros mismos, quizás pasaríamos a comprender que no necesitamos respaldo de los demás y que la falta de consenso no es sinónimo de que nos rechacen. De esta manera perderíamos el interés en imponer nuestra opinión y con ello dejaríamos de actuar de forma agresiva ante las diferencias.

4.- Comprender el equilibrio. La asertividad implica también ser asertivo con uno mismo y respetar todas las experiencias como son. La asertividad pura no existe, sino que suele tratarse de un equilibrio entre la agresividad y la sumisión; así que siempre nos estaremos moviendo de un lado a otro de esa línea y, si nos enfadamos, indignamos o «perdemos el control» en algún momento, no habrá pasado nada. Autoestudio, análisis, aprendizaje y avance, nada más.

¡Continuemos!

Como imaginarás, la asertividad no es algo que solo debemos hacer en Navidad, sino que es un truco infalible para mejorar nuestras relaciones. ¡Cualquier relación! Pero claro, si pienso en las ventajas y desventajas de la Navidad, y me vienen a la cabeza todos los compromisos a los que nos vamos a tener que enfrentar… ¡lo primero que recuerdo es este concepto y cómo nos puede ayudar en este momento!

Vayamos entonces con tres sencillos trucos que podemos recordar en todo momento y que nos ayudarán a mantener nuestra actitud asertiva:

Escucha activa. Guarda silencio y escucha. Pero escucha bien, no utilices tu silencio para hacer interpretaciones, juicios o preparar respuestas. Solo escucha. Como no vas a interpretar lo que te dicen, es muy probable que no entiendas muchas de las cosas que has oído, así que ¡pregunta! ¿Por qué asumir lo que quisieron decir, si puedes preguntar qué han querido decir con eso que no has entendido? Pregunta y sigue escuchando. Es muy poderoso, tiende puentes y muestra respeto al interlocutor. ¡Haz la prueba!

¡Juicios fuera! Ya hemos comentado que debemos evitar juzgar mientras estamos escuchando, pues bien, vamos a alejar el juicio también cuando estamos hablando. Emitir opiniones es el deporte nacional, pero ¿alguna vez te has preguntado la utilidad de la opinión? Una opinión cambia en el momento en que cambia la experiencia. Hoy opinas algo y mañana puede que opines totalmente al contrario. ¿Y dónde quedan las discusiones que se tienen por opiniones?

Te invito a leer El valor de la opinión, un post donde reflexiono acerca de qué valor le damos a las opiniones propias y ajenas. ¡Es imperdible!

Por último, no busques el consenso. De verdad, si nunca te has entendido con tu cuñada, ¿crees que una cena de Navidad es el momento propicio para forzar el entendimiento? ¿Crees que es momento de entrar al trapo con los suegros o los compañeros de trabajo? ¿De verdad no tenemos nada mejor que hacer en ese momento que involucrarnos en un roce que no llevará a ningún sitio?

Ahí te lo dejo. Pretender que todos estemos de acuerdo o que los demás cambien visiones y forma de ser para que nosotros nos quedemos tranquilos, no tiene sentido. Y menos en reuniones familiares, de amigos o de trabajo.

Practicar la asertividad durante estas fechas te ayudará a sobrellevar la desgana que te producen los compromisos. Recuerda que no tienes que quedar por encima ni por debajo de nadie, que puedes replantearte para qué quieres tener razón y qué significa para ti cada conversación. Y, ante la duda, guarda silencio y aléjate lentamente.

Si te interesa el tema de la asertividad, te recomiendo leer el apartado de Slow Life dedicado a ello. Y si tu interés va más allá de la mera curiosidad, no te quepa la menor duda de que el libro de Olga Castanyer es una auténtica maravilla, muy didáctico, fácil de leer y no muy largo.

¡Ya me contarás si consigues salir airosa de las comidas y cenas navideñas con este maravilloso truco de la asertividad!