El mensaje que llevas horas esperando todavía no ha llegado y estás de un humor de perros. Pero cuando no tienes que recibir ninguno también te pasas el día chequeando el teléfono. Esta ansiedad te puede pasar factura: vas a ser más propensa a sufrir cambios de humor y te costará más concentrarte en tus tareas. A estas conclusiones ha llegado un estudio de la Universidad de Baylor (EE UU), que también apunta la suerte que corren las personas introvertidas, ya que no son tan propensas a este enganche. Según el estudio, los individuos que tienen más acentuada su necesidad de socializarse encuentran en el smartphone un arma de doble fi lo: cuando los mensajes abundan es una fi esta pero cuando buscan este estímulo sin éxito, se frustran. Otro dato interesante es la media de edad del dependiente: 21 años (a partir de 364 voluntarios, tanto hombres como mujeres, de entre 19 y 24). Detectarlo a tiempo es clave y para ello existen aplicaciones como Memento (para iOS), que monitoriza el uso.

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