No podemos quitar el malestar, la tensión o el sufrimiento en la vida, como tampoco podemos retirar las olas del mar. Pero lo que sí podemos hacer es aprender a surfearlas.  

Cuando un paciente con diagnóstico de ansiedad mejora tras participar en un grupo de mindfulness del hospital, le resulta difícil a veces poner en palabras lo que aprendió porque la atención plena es una práctica, es una experiencia y no un conocimiento intelectual que se encuentra en los libros. Lo que esta persona sí sabía es que su mente estaba llena de pensamientos, que pasaba de uno a otro sin darse cuenta y que cuando estaba en el trabajo añoraba estar en casa y cuando estaba en casa, su mente estaba en las preocupaciones del día siguiente.También sabía que siempre que las cosas iban bien, sufría porque temía perderlas y que si iban mal, añoraba los viejos tiempos mientras anticipaba la catástrofe total.  

Así funciona la mente humana bajo condiciones de estrés. Nuestra respuesta de alarma se enciende ante pistas de peligro, y nos prepara para afrontarlo. Así que no hay nada malo en ello. Pero lo que en la época de las cavernas era un león real, se convierte en nuestra sociedad en un conjunto de señales virtuales que predicen el peligro, sin que necesariamente vaya a ocurrir una catástrofe. Nuestro sistema se desborda al pretender un control imposible. Recordando experiencias pasadas y anticipando peligros futuros nos perdemos el único tiempo en que realmente estamos vivos, el momento presente

El mindfulness o la atención plena es una práctica de raíces budistas de más de 2.500 años de antigüedad. Es un entrenamiento de la mente para traer la atención al momento presente con amabilidad hacia uno mismo, estando en la experiencia según se está desarrollando en cada momento. El médico estadounidense Jon Kabat-Zinn la introdujo en la medicina occidental en los años 80 y desde entonces su práctica se ha extendido a muchos campos de la medicina con resultados muy beneficiosos.

En relación con la disminución del estrés y las respuestas automáticas ante peligros reales o imaginarios, tras el entrenamiento en atención plena, se produce una disminución de las conexiones entre la parte del cerebro que decide y planifica y los centros encargados de la respuesta automática. En la vida cotidiana esto significa que si aprendemos, a través del mindfulness, a parar, a hacer una pausa y a observar lo que está sucediendo, quizás podamos disminuir nuestros hábitos de reacción automática y generar espacio para que surjan otras respuestas. 

¿No supone esto que podamos ganar un margen de libertad? En el Hospital Universitario La Paz y en la Universidad Autónoma de Madrid desarrollamos cursos de regulación emocional basada en el mindfulness para pacientes, profesionales sanitarios y público general. También hemos desarrollado una aplicación para móviles con un programa de entrenamiento. La propuesta es activar nuestros propios recursos internos, ser los actores de nuestra propia historia y aprender a surfear las olas del estrés en la vida. 

Empezó a meditar para sentirse mejor y años después lo trasladó a la terapia con pacientes. Convencida de que para enseñar el camino tienes que recorrerlo tú previamente, cree que solo quien practica ‘mindfulness’ puede ayudar a otros.