Lo intentas con determinación una y otra vez –y siguiendo los consejos de la guía de meditación para principiantes– te sientas con disposición zen y observas cómo el aire entra y sale por la nariz. Pero a los siete segundos de comenzar recuerdas que te queda por poner una lavadora de ropa oscura. Aún así, no desfalleces y vuelves a lo tuyo. Inspiras e espiras. Sin embargo, la ropa sucia pendiente regresa a tu cabeza –también te acuerdas de que debes llamar a tu madre, comprar leche y reservar mesa para el sábado en aquel argentino nuevo que han abierto a dos calles de tu casa–. Y así, las ideas vienen y van en tu mente hasta que acabas harta arrojando un «me cuesta meditar» y claudicando en tu viaje de plenitud hacia el mindfulness.

Es probable que las técnicas de meditación no sean para ti si has vivido esta escena de forma recurrente. De hecho, en personas ansiosas o con tendencia obsesiva, meditar puede ser contraproducente; ya que pueden sentirse demasiado impotentes o incapaces por no conseguirlo. Cuando no te resulta fácil y aún dispara más tus nervios, existen técnicas de relajación alternativas a la meditación con las que podrás desarrollar la atención plena, mejorar la concentración y disfrutar.

 

1. Pégate (más de) un baile

En casa, en el gimnasio o apuntándote a un curso: baila al más puro estilo celebrador de Emma Stone y Ryan Gosling en La la land. Bailar no sólo es un ejercicio aeróbico estupendo para quemar calorías y mejorar la coordinación –lo que a su vez, te hará ganar elegancia de movimiento–, además es bueno para tu cerebro: este estudio elaborado en 2003 por el Albert Einstein College of Medicine (Nueva York) asegura que previene la demencia y mejora las capacidades cognitivas.

 

2. Súmate al pinta y colorea

Se cuentan en millones las personas que alrededor del mundo se han rendido a los libros para colorear como técnica de relajación. ¿Qué beneficios promete rellenar con color dibujitos de caras, flores o animales? Entre otros, mayor concentración y más calma. Al pintar intentarás no sobrepasar las líneas negras, a la vez que realizas las combinaciones que más te gustan. Con todo, desarrollarás la coordinación oculomanual, es decir, entre el ojo y la mano y la atención. Aquí tienes algunos mandalas descargables para probar esta técnica que ya se usa tanto en escuelas como en centros médicos como antídoto contra los estados nerviosos.

 

3. Come al estilo «slow»

Es probable que haya consenso general en el hecho de que todo lo que se hace con calma y dedicación, se disfruta más. Y esta la máxima que gobierna el movimiento slow, una filosofía de vida que nació como respuesta frente a la industria de la comida rápida. En el terreno de la alimentación, defiende saborear la comida, cocinar alimentos de proximidad y de temporada –sobre todo, frutas y verduras– y evitar el despilfarro. Introducir estas costumbres en el día a día es una apuesta saludable y, además, hábitos como masticar bien la comida y apreciar su gusto y aroma cultivarán tu conciencia plena. 

 

4. Recupera tu «querido diario»

Si te gusta escribir, llevar un diario personal es una buena manera de descargar el exceso de pensamientos. Esta actividad de reminiscencias adolescentes te permite plasmar en el papel las andanzas de la rutina y las preocupaciones, lo que te puede ayudar a parar de darle vueltas a las cosas. También puedes poner en marcha un diario de la gratitud, una práctica que promete entrenar el optimismo detectando todo aquello que aporta bienestar.

 

5. Descubre el potencial del yoga

Puede que una disciplina en la que se emiten ooooooms y namastés al unísono te genere recelo. Pero más allá de la vertiente espiritual –con la que no todo el mundo conecta–, el yoga exige mucha concentración y te ayuda a ser consciente de tu estado físico, además de ser un antídoto ideal para el estrés. Así como a mejorarlo sobremanera: aporta flexibilidad, corrección postural y desarrolla la musculatura. Además, en cada práctica se dedica un tiempo a la relajación y al control de la respiración, dos elementos que contribuyen a dejar de lado las tensiones. Prueba a practicarlo a primera hora de la mañana con ejercicios sencillos con los que ni tendrás que salir de la cama. 

 

¿Sabes frenar los pensamientos negativos con mindfulness?