Las obligaciones diarias pueden convertirse en cargas que pesan demasiado al acumularse. Las exigencias y los horarios laborales, junto al cuidado de la familia, pueden perjudicar el estado de ánimo cuando se gestionan mal. Trastornos como la ansiedad o la depresión afectan al 14,6 % de la población adulta en España, según datos del Instituto Nacional de Estadística.

En la sociedad actual, es normal que la mujer sienta presión social al intentar desarrollarse profesionalmente, sin descuidar a la familia y además teniendo que cuidar su imagen. Aunque que es necesario relativizar, a veces nos faltan recursos para conseguirlo. En Tómatelo con calma: técnicas de relajación para mujeres que siempre van con prisas (Planeta), la periodista italiana y autora de diversos libros de salud de la mujer, Anna Talò, propone algunos ejercicios sencillos que se pueden aplicar cada día. Toma nota y date el lujo de relajarte.

Ejercicio 1: un paseo reconfortante

Utilizar el camino al trabajo para concentrarte en el paseo o centrarte en ti misma es un ejercicio de meditación. Lo más importante es prestar atención a los movimientos de tu cuerpo. Respira profundamente 3 veces. Fíjate en cómo está tu postura: si caminas encorvada, endereza tu columna vertebral. Empieza a caminar sin dejar de estar atenta a tu respiración. Céntrate en el movimiento de tus pies, en cómo te sientan los zapatos que llevas, si son cómodos, altos o planos, y en cómo pisas el suelo. Observa el ritmo al que se mueven tus brazos: ¿es acompasado?, ¿o descoordinado? Es importante que adviertas las sensaciones de tu cuerpo, una a una. De esta forma es más fácil retomar el contacto contigo misma.

Ejercicio 2: visualización para saber decir no”

Aprender a decir no, con frases como “no me apetece”, “no vendré porque necesito descansar”, “no puedo asumir este trabajo” es una forma de reafirmar la autoestima y de poner límites en pos de tu bienestar. Si te cuesta pronunciarlo, este método te ayudará a practicar. Tienes una amiga que tiende a llamarte bien entrada la noche para explicarte que todo le va mal. Tu estás cansada y necesitas relajarte. Pero soportas la conversación porque la quieres y te da miedo que se moleste. Imagínate al final del día, agotada, necesitas desconectar. Entonces recibes su llamada, pero decides que a no ser que se trate de una emergencia, es hora de dar prioridad a tus necesidades. Escucha mentalmente tu voz diciéndole: “Ha sido un día duro y no puedo escucharte como te mereces. ¿Te importa si hablamos mañana?” En ese momento no la rechazas, sino que pides su comprensión. En la visualización, ella te comprende y te da las buenas noches. Y tú no te sientes culpable. Si eres importante para las personas que te quieren, seguirán ahí aunque no estés siempre dispuesta para ellos.

Ejercicio 3: meditación del me gusto

Antes de dormir, túmbate y respira profundamente 3 veces. Imagínate reflejada en un espejo donde se observas todo tu cuerpo. Examínate de arriba abajo. Concéntrate en tus virtudes y haz una lista mental de todo lo que te gusta de tu físico. Si tu mente se dirige hacia aspectos que no te gustan, considera normal esa distracción y reconduce tu pensamiento hacia las virtudes. Por muchos defectos que te encuentres, recuerda que tu cuerpo te permite moverte, hacer proyectos y relacionarte con los que quieres. Dedica unos momentos a repetirte mentalmente: “Me gusto”. Duérmete acunada por este pensamiento.