Mucho hablamos de desterrar definitivamente la procrastinación si queremos ser más productivas, cumplir con nuestra agenda y trabajar eficazmente por nuestros objetivos, pero poco nos detenemos a abordar lo difícil que es dejar de procrastinar cuando ya se ha convertido en un hábito.

Detrás de esa costumbre puede haber mucha tela que cortar: miedos, inseguridades, comodidad, descontento… Hoy vamos a dejar eso a un lado –pese a ser sumamente importante- y vamos a centrarnos en qué hacer cuando ya sabemos que tenemos esta costumbre y queremos cambiarla.

Antes de empezar, recuerda que si ya has intentado trabajar esto antes y no has logrado grandes cambios, quizás es porque procrastinar sigue ofreciéndote ciertas ventajas a las que, en el fondo, no quieres renunciar. Y, tengo que decirlo, ninguno de los consejos que vienen a continuación te van a resultar de utilidad, si no descubres qué ventajas son esas y trabajas con ello en profundidad.

¡Empecemos!

Organiza una rutina

Somos animales de costumbres, dicen. Y, aunque algunos de nosotros somos más amigos de la flexibilidad que de las rutinas cerradas, lo cierto es que tener unos tiempos marcados de cuándo hacemos qué tareas es ideal para desterrar la procrastinación. De esta manera sabremos que vamos a limpiar el correo porque es lo primero que hacemos al llegar a la oficina o haremos la contabilidad porque es final de mes. Conocer con antelación qué “nos toca hacer” facilita mucho la decisión de ponernos con ello.

Cuidado con las distracciones

Hablemos del móvil, los compañeros de trabajo o la propia bandeja de entrada de correo electrónico. ¿Cuántas veces interrumpes una actividad que podrías hacer en menos de 20 minutos por cosas que pueden esperar? ¡Es cierto! Algunas de tus distracciones ni siquiera dependen de ti, ¿pero qué me dices de las que sí están en tu mano?

No te lo pienses mucho

Cuánto tiempo puedes tardar en tomar la decisión de poner una lavadora. Piénsalo. Desde que viene a tu mente el recuerdo de que tienes ropa para lavar, hasta que decides levantarte y hacerlo, ¿cuántos minutos pasan? ¿Tres? Si pienso en mí, te diría que incluso transcurren cinco minutos mientras me convenzo de que no es buen momento, que luego no recordaré sacarla o simplemente que estoy haciendo algo más importante. Importante, sí; pero de forma distraída también.

La idea es que si me levantase en el mismo momento en que lo recuerdo y, simplemente, pusiese la lavadora sin mayor negociación, tardaría dos minutos en hacerlo y un minuto más en ponerme una alarma para que no se me olvide sacar la ropa –esto es muy común en mí, por eso incluyo lo de la alarma-.

¿Cuánto tiempo te va a ocupar esa actividad?

Este consejo está íntimamente relacionado con el anterior. ¡Cuéntame! ¿Cuánto tiempo ocupan esas tareas que dejas siempre para luego? ¡No hace falta agotar siempre los plazos! Si tienes una tarea pendiente que puedes hacer de una forma más o menos rápida y quitártela del medio, «cuanto antes empieces, antes terminas» como diría mi madre. No hay nada peor que postergar pequeñas tareas sin importancia solo porque no apetece hacerlas, ¡vamos a tener que hacerlas igual!

Sé realista con tu agenda

Algo muy común que nos suele ocurrir a muchos de los que hemos adoptado la procrastinación como estilo de vida es que todo empezó siendo demasiado ambiciosos programando la agenda y nos dimos cuenta de que si no llegamos a todo, podemos dejarlo para otro día y no pasa nada.

¡Error! Sí pasa, y mucho. Pasa que nos hemos acostumbrado a hacer listas interminables de tareas sabiendo que no vamos a poder cumplirlas y pasa también que nuestro yo más interno recibe todos los días el mensaje «otro día más que no haces lo que te propones», lo cual no es nada positivo, por cierto.

Cuanto más realista seas con las tareas del día, más fácil será que puedas hacer todas y mejor mensaje recibirás sobre tu desempeño. ¡Esta es una muy buena forma de ir desterrando el hábito de postergar!

Agrupa tareas

No conozco tus actividades diarias, pero seguro que las tareas son agrupables. Te pongo mi ejemplo, mis tareas del día a día podrían agruparse en: tareas de redacción, investigación, fotografía, estudio, tareas del hogar, etc.

Se ha demostrado que somos mucho más productivos cuando nos conectamos a un grupo de tareas e ignoramos todas las demás hasta que terminamos. Además, una vez terminado, se libera espacio no solo en la agenda, sino también a nivel mental.

Prioriza de acuerdo a tus valores

Si te has propuesto simplificar tus tareas y organizar una rutina realista, quizás te des cuenta de que te va a tocar dejar fuera algunas actividades que solías incluir diariamente. ¡No las deseches sin antes pasarlas por tu escala de valores!

Tú tienes unos valores y un orden de importancia de acuerdo a tu criterio, ¡úsalos! Si se trata de tareas del trabajo, ordénalo de una forma que tenga sentido para ti y que te ayude a ser más productiva. En caso de que sean tareas del hogar, hobbies, recados, etc, recuerda cuáles son tus principios, qué es lo más importante para ti y organízate de acuerdo a ello.

Cuanto más tiempo disponible, menos productividad

Este punto es sumamente interesante, porque no he logrado encontrar a nadie que hable sobre ello y, sin embargo, es un tema que se ha repetido en varios de mis procesos de coaching relacionados con este tema.

Si sabes que tienes por delante seis horas para hacer unas tareas, tardarás seis horas o más; sin embargo, a medida que dispones de menos tiempo para hacerlas, es más probable que no solo las termines a tiempo, sino que, además, te sobre un margen para organizar tus tareas del día siguiente, tomarte una infusión o simplemente cerrar el chiringuito y desconectar. Dime, ¿identificas en ti esto que te digo?

Stop al perfeccionismo

No hay nada peor que perderse en el perfeccionismo para alargar inútilmente la ejecución de una tarea. Cuando escribí Slow Life, Guía práctica para un auténtico cambio de vida o el ebook/programa Consigue tus objetivos, tuve que ponerme muy seria conmigo misma y las relecturas. Resulta que si no me pongo un límite de lecturas o de tiempo de entrega, podría haber estado dos vidas releyendo y modificando pequeños detalles de los textos.

Esto no es óptimo, obviamente. Si crees que el perfeccionismo puede estar mermando tu productividad y haciendo que postergues infinitamente la terminación de algunas tareas, ¡ponte límites!

¿Te premias?

No solemos hacerlo, pero cada vez que nos fijamos pequeños retos resulta positivo fijar también qué nos vamos a conceder al lograrlo. Un pequeño descanso por cada 20 minutos de concentración, una tarde libre por cada semana de productividad ¡o lo que sea!

Reconócete los intentos y los avances que logres, a veces nos distraemos buscando una mejor experiencia y no nos damos cuenta de que podemos tener esa mejor experiencia en otro momento o, incluso, ¡mientras hacemos la propia actividad!

Actúa desde el amor

Piensa en esa tarea que estás postergando y trata de hacerla con amor. Sea cual sea esa tarea y sea cual sea la incomodidad que te está llevando a postergarla, se atenuará o desaparecerá, si logras encontrar el amor que hay dentro de ti y lo utilizas para llevarla a cabo.

Trae a tu mente una tarea que no te guste o que, por el motivo que sea, dejes siempre para después. No es necesario que pienses por qué lo dejas para después o qué ganas con ello, solo nombra la tarea. Ahora dime ¿podrías encontrar su lado bonito? ¿Podrías hacerla con cariño? ¿Qué pasaría si encontrases el propósito de hacer esa actividad?

Por último, me permito recomendarte especialmente este punto, a mí me ha cambiado la vida –y la forma de hacer las tareas del hogar-.