El abrazo es un modo con el que expresamos nuestras emociones. Dar un abrazo constituye un modo altruista de decirle al otro que le queremos, le estamos agradecido y que estamos a su lado para lo que nos necesite. Dado a tiempo, puede terminar con una discusión, frenar el rencor y la rabia o aumentar la alegría, la autoestima de quién lo recibe y de quién lo da.

Cuando abrazamos a alguien se desencadena en nuestro organismo el flujo de algunas hormonas responsables del bienestar como son las endorfinas por lo que se reduce el estrés y se combate la ansiedad y la depresión, además de reducir la tensión arterial y la frecuencia cardiaca.

Estas sustancias también contribuyen a bloquear los receptores del dolor con lo que esta técnica tan antigua como el ser humano puede incluso ayudar a sobrellevar tanto enfermedades graves como contrarrestar los síntomas de trastornos menstruales.

La segregación de la oxitocina, hormona relacionada con el apego y que también se estimula con el abrazo, fortalece el vínculo entre los dos individuos. Esto aumenta las ganas de vivir y la longevidad.

De los beneficios de los abrazos han surgido, de hecho, técnicas de bienestar y relajación como la abrazoterapia. Los expertos recomiendan abrazar mucho a los niños ya que de esta manera les llenaremos de confianza, seguridad y estaremos sembrando la semilla de una vida satisfactoria y feliz.