La espera en las colas o el paso de una etapa a otra son experiencias insoportables para ellos. Es necesario actuar rápido para que las cosas sucedan lo antes posible. Si no funciona, no se lo piensan dos veces. Buscan otro camino que les lleve donde quieren llegar. Se trata de un modelo de comportamiento muy extendido en la actualidad: personas que exigen una satisfacción inmediata. Al fin y al cabo, personas impacientes.

Por un lado, estas personas son rápidas, eficaces y decididas pero, por otro, no conseguir su propósito les supone una gran frustración y una profunda insatisfacción. Es cierto que, en general, los seres humanos preferimos recibir un beneficio inmediato después de una acción, pero también es necesario aprender a recibirlo de manera demorada, como el sueldo a final de mes, por ejemplo.

Muchas veces, la exigencia y la impaciencia están relacionadas con la falta de autoconfianza y la pérdida de control sobre uno mismo y el entorno. Aprender a conseguir los objetivos propuestos a corto, medio y largo plazo, es un ejercicio de sabiduría que requiere, en ocasiones, grandes dosis de paciencia. A menudo, es fundamental tomarse un tiempo para digerir el fracaso antes de lanzarse a buscar otro objeto de deseo.

Uno debe observar lo que le sucede cuando la espera se convierte en insoportable, ya que sólo la reflexión puede hacer que nazca el deseo de aprender desde la paciencia. El beneficio será la obtención de libertad, entendida como la capacidad para gestionar la propia vida desde la responsabilidad y desde la capacidad para decidir lo que uno quiere, puede o debe hacer en cada momento.