Dice Jorge Bucay que todas las dificultades se nos revelan como etapas positivas de la vida, ya que nos permiten llegar a la felicidad. 

Si no te encuentras en tu mejor momento vital que esa oda al positivismo se cruce en tu pena te puede parecer hasta ofensivo. «¡No hay más que iones negativos en esto que me pasa!», pensaría yo sin perder ni un poco del dramatismo que gasto de vez en cuando. 

Pero pronto descubres cuan equivocada estabas, que cuando las nubes se van el sol regresa –lentamente, pero regresa– y que ese sol no broncea, pero si nos hace más fuertes. 

La moraleja de todo esto no te sonará a nuevo: de algo malo siempre sale algo bueno. El algo bueno puede ser un viaje, una amistad inesperada, una oferta para tu trabajo soñado o –mi favorito– lo que la coach Alejandra Rodríguez, en su libro Slow life. Guía práctica para un auténtico cambio de vida, llama realize. Es decir, ese momento en el que te das cuenta de que algo debe cambiar. 

Y es que, aunque no hace falta tocar fondo para entregarse a la vida consciente es cierto que atravesar un periodo de crisis personal suele funcionar como detonante. Pero esto del borrón y vida nueva puede resultar un tanto abrumador así que cuando el libro de Alejandra llegó a mis manos se me antojó la oportunidad ideal para poner en marcha mi nuevo propósito: pasarme a la slow life, que no es otra cosa que vivir menos inconscientemente y más disfrutando de nuestro tiempo y de las cosas sencillas.

Como las prisas no son buenas, hemos elegido empezar a trabajar 5 de los aspectos propuestos en el libro. Eso sí, ten en cuenta que este es un proceso muy personal y que puede que tú tengas otras prioridades.

 

1. Seguir una alimentación más saludable

Dolores de estómago, malas digestiones, intolerancias alimentarias, Síndrome del Intestino Irritable... Ya son muchas las personas que por uno o varios de estos motivos han tenido que cambiar su lista de la compra. Pero, con eso de que el intestino es el segundo cerebro, también debemos plantearnos eliminar las emociones y rutinas que están boicoteando nuestra salud.
 

La coach propone convertir cada tarea relacionada con la alimentación en un ritual. Así deberemos disfrutar con atención plena de preparar el café, poner la mesa –se acabó el desayunar de pie frente al mármol de la cocina– o de una simple copa de vino. Evitaremos que el estrés nos invada ya desde primera hora de la mañana y comeremos más lentamente, 2x1.

 

2. En mi peso (sea cual sea)

Si reuniéramos a 20, 50 o 100 mujeres en una sala y pidiéramos levantar la mano a las que estén orgullosas de su cuerpo, pocos brazos elevados veríamos. Para todas las que nos esconderíasmos los consejos de Alejandra fueron de lo más reconfortantes: 
 

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Se acabó eso de «peso ideal» mejor hablar de «peso natural». Mientras el primero nace de la necesidad de cumplir con un canon de belleza que impone la sociedad, al segundo llegamos cuando estamos felices con nuestro cuerpo y nos sentimos con energía y salud para dar y tomar. 
 

• La alimentación, la vida activa y el equilibrio emocional son fundamentales para situarnos en nuestro peso natural. Es sanísimo vencer la pereza, esforzarse hasta la última sentadilla en el gimnasio y hacer algún sacrificio –véase plantarse en la octava onza de chocolate– pero desengáñate nadie que tenga unos hábitos saludables «tendrá que librar una lucha para alcanzar su peso natural, este llegará solo», apunta Alejandra.
 

• Acéptate. Si andas en busca de la slow life trabajar este punto es clave. Acepta tus piernas, tus caderas, la celulitis o la grasa abdominal. Lo dice Alejandra Rodríguez: solo así seremos capaces de cuidar nuestro cuerpo con amor y no someterlo a exigencias innecesarias e incluso imposibles.

 

3. Practicar más la asertividad

No expresar qué se quiere o qué se necesita siempre trae problemas. Pero esto no es espontáneo, y es que «ser asertiva implica aceptar el posible rechazo, practicar la tolerancia y trabajar la empatía». Ojo, Alejandra advierte, no confundir con la sinceridad o la falta de educación, «una persona asertiva no impone, negocia».

 

4. Es de bien nacida ser agradecida

No hay forma posible de llevar una vida slow sin trabajar la sensación de gratitud. Alejandra nos ayuda a distinguir entre el agradecimiento «de boca hacia fuera» –el «gracias» a cambio de un regalo que tanto obsesionaba a tu madre– y el interno. Este último implica un ejercicio constante y, sobre todo, consciente de valorar todo lo que tenemos y vivimos día a día.

Para hacerlo nos propone un ejercicio de lo más sencillo: «al finalizar el día trata de anotar cosas por las que te sientes agradecido. Haz un repaso de todo lo que has hecho a lo largo del día, desde que te despertaste». ¿Cuántas eres capaz de anotar tú?
 

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5. Estado natural: tranquila

Reto especialmente dedicado a las que viven en alerta constante, tengan al estrés por compañero de viaje y rara vez consigan desconectar. Cuando nacemos nuestro estado natural es de calma y confianza, sin embargo, a medida que crecemos también lo hacen las preocupaciones por el pasado, el presente y el futuro que alteran nuestra paz interior. La buena noticia, apunta la coach, es que podemos devolverla a sus niveles iniciales. ¿Cómo? En tres pasos:
 

Localizar y separar aquello que nos provoca inestabilidad. Puede ser el trabajo, la vida en pareja, la crianza de los hijos… Una vez identificadas deberemos trabajarlas de forma aislada.

• Entender y asumir que todo lo que sucede fuera de nosotras está fuera de nuestro control y, por lo tanto, no tiene sentido preocuparse por algo que ya ha ocurrido o puede ocurrir –o no–.

• Conocernos a nosotras mismas nos ayudará a marcar en rosa fosforito el momento exacto en el que algo nos molesta y así evitar el efecto «olla a presión».

Evidentemente esta es una carrera de fondo en la que seguirás encontrando baches, pero cada día te será más difícil salir de tu estado natural de tranquilidad y acercarte poco a poco a ese ansiado estilo de vida slow.