Quien pronuncia esta frase es Sofía, la misma mujer que está detrás del blog Nictecilla Reflexiona y así, con el pseudónimo de Nictecilla, es precisamente como la conocen y reconocen sus miles de seguidores. Sus reflexiones son sus pensamientos en voz alta y, también, los de muchos otros que se ven reflejados en sus palabras y experiencias como, por ejemplo, en las que dan título a este testimonio de una persona que va a terapia con un psicólogo ¿y qué? Ésta es su historia en primera persona. 

 

Siempre, en lo más profundo de mí, he sabido que necesitaba una “ayuda especial”. A pesar de que yo abriera mi corazón y contara a mis amigas, familia o parejas lo que rondaba por mi cabeza, no obtenía las respuestas que esperaba. Me sentía incomprendida. Yo siempre he sido muy analítica y quizá mi cabeza daba demasiadas vueltas y, en realidad, todo era más sencillo (o eso decían). Me pasé años acumulando vivencias que no sabía muy bien como encajar. Año tras año sintiendo que no me quería como debía, que la conexión que tenía conmigo misma fallaba.

Dar el paso de acudir a terapia no fue nada fácil, siempre piensas que no necesitas a nadie, que tú sola podrás arreglártelas. Piensas cosas como “¿cómo voy a contar mis cosas a alguien que ni me conoce?”, “¿podrá ayudarme?”,  “la terapia es para la gente que está loca” o, “los psicólogos solo te sacarán el dinero y te dejarán peor de lo que estabas”. Y es que aún tenemos muchos prejuicios, demasiados, acerca de la salud mental. Vivimos en una sociedad en la que ser inestable está mal visto, en la que no se permite la debilidad. ¡Cómo si atravesar tus dificultades fuera algo fácil!

En el colegio debes encajar, caer bien, no desentonar. En el ambiente de trabajo debes ser profesional, estable, implacable. Debes ser uno más. En mi caso, hace más de un año que voy a terapia regular con mi psicóloga, y es lo mejor que he podido hacer en mi vida. Gracias a sufrir una etapa muy difícil en mi vida, con ataques de pánico y mucha ansiedad, finalmente di el paso. Quizá debí haberlo hecho mucho antes y no dejar que todo explotara, pero soy humana. Yo misma tenía muchos prejuicios y, aunque respetaba mucho a quién acudía a terapia, pensaba que no era lo que yo necesitaba. ¡Qué equivocada estaba!

Cuando me decidí, pregunté a personas que pasaban por algo similar, busqué referencias y seleccioné algunos psicólogos en Internet. Probé una primera terapia. Recuerdo la primera vez que acudí, ¡estaba tan nerviosa! Conté muchas cosas que jamás he contado a nadie, me desnudé ante una persona que no conocía de nada… pero aún estaba un poco escéptica en cuanto a que esto me ayudara y, tras acudir a un par de sesiones, empecé a encontrarme peor de lo que estaba. Dábamos demasiadas vueltas a la ansiedad, a los ataques. Yo sentía que ese tipo de terapia no era para mí.

Al final un psicólogo es un especialista más en salud, en este caso salud mental, y al igual que ocurre con otros especialistas, cada uno tendrá su método. Se trata de encontrar aquel con el que sientas “feeling”, aquel que te ayude como tú necesitas. En mi caso me ha servido mucho ser consciente de la sensación después de cada sesión. Si sientes alivio, si te sientes ligero, si sientes tu cabeza despejada, como si te hubieras quitado un gran peso de encima: ése es tu especialista. Tras esta primera experiencia seguí buscando, y la vida quiso que me encontrara con la persona que actualmente me está guiando y ayudando a superar todo aquello que tenía “atascado” dentro de mí.

Un pensamiento que se suele tener acerca de las terapias es que “con ir basta”. Error. Detrás de una terapia hay mucho, muchísimo trabajo personal. El terapeuta te guía y te abre los ojos, te ayuda, te reconforta pero también te dice las cosas muy claras, aunque duelan. Y vaya si duelen… Avanzar más o menos depende de ti, de tus ganas y de tu implicación. A terapia se va a trabajar en una mejor versión de ti.

Yo voy a Terapia Gestalt porque es la que más se adapta a mí. El terapeuta no te define o encasilla, no te da las todas las respuestas, sino que te guía para que tú las encuentres. Además de encontrar respuestas por mí misma, me enseña a quererme, a respetarme, a tratarme con cariño y compasión. Me enseña a respetar mi ritmo, eso que tanta falta me hace tras sufrir una etapa fuerte de ansiedad. Es curioso como todo está relacionado, cómo todo sucede por algo. En todo este año habremos hablado dos o tres veces de la ansiedad, y sin embargo, siento que voy superando muchas de sus limitaciones.

En Terapia Gestalt no cambian como eres o sientes, sino la forma de enfrentar la vida. Tu forma de percibirla. Te enseñan a no machacarte por los “errores” y a aceptar tus limitaciones. A tratarte con cariño, a ser compasivo contigo mismo. En cuanto al cambio, gracias a ir a terapia mi relación conmigo misma y con los demás ha mejorado muchísimo. He dejado de sentirme rara o incomprendida.

Si este pequeño texto puede ayudarte a ti que me lees y sientes que necesitas respuestas. A ti que necesitas quererte y entenderte, ya habrá merecido la pena escribirlo.

Voy a terapia, ¿y qué? Ahora me siento más libre y más feliz. Por fin estoy haciendo todas esas cosas que antes no hubiera podido.

 

Sofía Navarro es la autora del blog "Balanced lifestyle" Nictecilla Reflexiona.