¿Hace cuánto no le dices “te quiero” a la gente que te ama de verdad? Le pregunté esto a una chica joven, muy comedida en su manera de ser, y me dijo: “Ellos ya lo saben”. Ante lo cual mi respuesta fue: “¡Pues reafírmaselo!”. Tras quedarse pensando un rato me comunicó su conclusión: “¡Van a decir que estoy loca!”.

Si su entorno social iba a considerar que estaba “loca” por decirle a un amigo, a sus hermanas, a su abuela, a su madre y a su padre, “te quiero mucho”, la cuestión era más compleja de lo que yo había pensado inicialmente. Cuando una persona ha reducido su capacidad de sentir y expresarse afectivamente por miedo al qué dirán, por miedo a sufrir o a excederse, reprimiéndola, negándola, ignorándola o tratando de enfriarla, decimos que sufre de analfabetismo emocional: la incapacidad de leer, procesar y expresar las emociones, en uno mismo y en los demás.

Toda emoción reprimida, negada o ignorada queda encerrada en el cuerpo.

En tu caso, no sé que idea tienes de las emociones, pero considera lo siguiente: éstas te brindan la oportunidad de comportarte de manera diferente ante distintas situaciones, éstas te guían y funcionan como un conductor que te dirige hacia las metas. También te dan información para facilitar la toma de conciencia de lo que tu cuerpo está experimentando. Las emociones te dan la energía básica adecuada para sobrevivir en un medio complejo de estímulos de todo tipo. Cada emoción trae un mensaje específico que, si sabes descifrarlo, te brindará datos que aumentarán tu autoconocimiento.

Anularlas por decreto o para disimular y ocultar tu supuesto lado “animal”, hará que te desorganices sistemáticamente. Las emociones que reprimes quedan en una memoria afectiva y van minando el sistema inmunólogo, generan, insomnio, contracturas musculares y desorden conductual, entre otras muchas alteraciones. No expresarlas no te hace mejor, sino incompleta. Insisto una vez más: excederse en la “prudencia emocional”, puede terminar afectando tu salud, según todos los datos científicos.

No es un valor ser constipada y tampoco lo es convertirte en un vendaval emocional. Pero hay veces, hay momentos especiales donde, los extremos (si no te perjudican ni dañan a nadie) te hacen sentir vivos. Tal y como afirma la escritora y coach Deb Shapiro, “toda emoción reprimida, negada o ignorada queda encerrada en el cuerpo”. Sin pasión solo queda la tarea administrativa, el aspecto técnico: si no sientes lo que haces, si el proceso carece de entusiasmo, el resultado se verá afectado negativamente.

¿Has sentido alguna vez la vocación o la exaltación por algo en toda su magnitud? ¿Qué sientes en cada célula de tu cuerpo implicada en conseguir tus metas? ¿Te has dicho alguna vez: “Si no hago esto, reviento” (obviamente que sin que sea dañino para ti o para nadie)? Cuando este impulso ocurre, sale de lo más profundo de tu persona como si fuese una explosión biológica (a veces espiritual), incontenible y saludable. Si lo reprimes, enfermas, te deprimes, no funcionas. Esto es pasión o entusiasmo del bueno. Cuando lo sacas y lo dejas fluir, no solo descansas, sientes más cerca de ti cada estrella del universo, porque tu naturaleza se magnifica en cada acción y en cada pensamiento. Porque la emoción te pone en contacto con las fuentes naturales de la existencia.