Vamos a empezar estas líneas dejando algo claro: la sensación de que tienes mucho trabajo siempre va acompañarte. Más trabajo del que te dé tiempo a hacer en un día, en dos, e incluso más del que podrías hacer si tu jornada tuviera el doble de horas y tú el doble de manos. Aún así, tengo mis dudas de que consiguieras acabarlo todo para, al día siguiente, aparecer libre y feliz cual colibrí en la oficina.

Y es que aunque no hayas subido una foto a Instagram acompañada del hashtag #toomuchwork seguramente sufres una de las epidemias más extendidas del siglo XXI: la falta de conciliación entre la vida profesional y la personal.

No importa si no concilias por falta de tiempo, porque eres freelance y cada minuto cuenta, porque tu trabajo te apasiona, te llena y te enamora, porque no eres consciente o porque quieres hacerle la pelota a los jefes. Da igual el motivo, debes dejar de hacerlo y poner en práctica la regla de Work Life Balance por 3 simples razones:

  1. Quien concilia es más feliz. Es un hecho, y así lo recoge este estudio que destaca que una buena conciliación es uno de los factores que más influyen a la hora de ser felices en la oficina. Y para serlo fuera de ella, se te ha olvidado que además de tu trabajo existen muchas otras actividades que te harán sentir plena y realizada. No le atribuyas al trabajo ese poder. También se te ha olvidado que todo ciudadano tiene obligaciones, pero también derechos y entre ellos reivindicamos el de divertirte y dedicarte tiempo a ti misma.  
     
  2. Trabajadores “quemados”. Dejar que el trabajo invada tu vida afectará negativamente tu salud, tu vida social y hasta a tus plantas –no tendrás tiempo ni de regarlas–. Pero es que además de rebote puede perjudicar a ese proyecto por el que tanto estás luchando. ¿Cómo? Por el síndrome de burnout, un estado de estrés crónico que te lleva a estar exhausta, sentirte poco eficiente y boicotea tu capacidad de decisión. Si al llegar a casa te notas muy desanimada, gruñona y a la defensiva puede que hayas caído y estés burnout.
     
  3. Tu empresa lo agradecerá. Flexibilidad horaria, bajas maternales y paternales de mayor duración que lo que marca la ley, teletrabajo… cada vez son más las empresas que se unen al carro de favorecer la conciliación conscientes de que esto se traduce en un trabajador más feliz (véase punto 1),  pero también en menores niveles de conflicto laboral, absentismo y una mejor cuenta de resultados. Sí, amiga mía, tu jefe se ha dado cuenta de que cuánto más feliz eres más produces y mejor optimizas el tiempo y eso le gusta. Si el tuyo es de los, todavía, reticentes muéstrale este estudio realizado por el Instituto Internacional de Ciencias Políticas verás que dejará de fulminarte con la mirada cuando salgas por la puerta a las siete.

Pero, como decía Bécquer “¡desengáñate!”, porque alcanzar el ansiado equilibrio entre vida privada y trabajo no depende tanto de los demás sino de ti misma. La responsabilidad de soltar el mouse y huir al gimnasio, a tomar unas cañas o a disfrutar de tu casa es solo tuya ­–qué pena, con lo que nos gusta culpar a otros–.

Así que si todavía te cuesta eso de irte a tu hora ­–que tampoco es cuestión de escaquearse, que aquí nos gusta dar el callo– toma nota de estos 5 consejos para practicar el Work Life Balance e intentar cumplir un poquito con eso de la Teoría del 888 (8 horas de trabajo, 8 de ocio y 8 para dormir).

  1. Aprende a sobrellevar el perfeccionismo. Si lo eres, significa que te implicas al máximo en tus tareas, te esfuerzas por conseguir todo lo que te propones y tus superiores te tienen por una trabajadora incansable y valiosa. Enhorabuena por esto, pero no olvides que el perfeccionismo es un arma de doble filo que puede llegar a provocarte cansancio, ansiedad y tristeza. Exigirse a uno mismo está bien pero ponle límites al perfeccionismo y permítete que el “debo” no rija todos los momentos de tu día.
     
  2. Delega más y mejor. Siento decírtelo pero no eres la única que puede hacer bien todas las tareas de la empresa. Delegar es todo un arte que no resulta nada sencillo, prueba de ello es esta investigación de John Hunt, profesor de la Business School en Londres, que demostró que sólo el 30% de los directivos lo hace. Para delegar correctamente ­–y descargarte de ser la superheroína de la empresa– haz partícipe a los que están a tu cargo de los proyectos, explícales el proceso y deja claros los límites. Una vez terminen solo tendrás que dedicar unos pocos minutos a revisar lo que han hecho y sorprenderte del potencial del personal que te rodea.
     
  3. Desconéctate. No vamos a insistirte en la necesidad de hacer un ‘detox’ digital pero si en lo importante que es que te desconectes del trabajo al menos el rato que estás tranquila en el sofá con tu pareja, familia y/o perro. Apaga las notificaciones de emails, redes sociales, grupos de Whatsapp, etc. que tengan que ver con el trabajo. No conseguirás un equilibrio entre vida privada y profesional si una vez fuera de la oficina tu mente sigue recibiendo ese tipo de impulsos.
     
  4. Benefíciate de la meditación. Puedes hacerla de buena mañana o tras un día largo y duro de trabajo. Y es que en cuestión de meditación no importa tanto el momento como el tiempo que le dediques y lo consciente que seas cuando lo hagas. Sobre todo, que no te tire para atrás la palabra porque este hábito puede cambiarte la vida. Meditar te ayudará a plantar cara a las distracciones y puede ser una práctica ideal para llenar parte de esas 8 horas que debes dedicarle al tiempo libre.
     
  5. Búscate un hobby. No serías la primera ni la última que clama a los cuatro vientos que necesita horas libres pero llegado ese tiempo no tiene cómo llenarlo. Apúntate a clases de inglés, retoma las lecciones de piano, hazte una cuenta en Netflix para seguir esa serie de la que todos hablan en la oficina –y tú eres la única que no ves porque no te la vida– o dedica las tardes a ponerte en forma con alguna rutina de ejercicios para hacer en casa. Verás lo fácil que te resulta levantarte de la silla ahora que tienes una motivación fuerte y válida.