1 ¿ES MEJOR CERCA DE CASA O DEL TRABAJO?

Depende de la hora a la que quieras ir y la frecuencia. Cerca del trabajo se hace más fácil entrenar inmediatamente antes o después de la oficina, incluso aprovechar el tiempo del almuerzo. Tenerlo próximo a casa es bueno si piensas acudir los fines de semana. Si vas a moverte en coche, comprueba antes cómo se aparca y cómo está el tráfico en los alrededores.

 

2 ¿CONTRATO A UN ENTRENADOR PERSONAL?

Contar con un experto que te vigile y corrija tus errores a cada instante mejora tu rendimiento. También ayuda a que no flaquees y que ejerza casi de policía cuando, exhausta, exclames aquello de “no puedo más”. Pero deberás ser disciplinada con tu asistencia al gimnasio si quieres amortizar la inversión, dedicarle un presupuesto y ya verás, que al final, “sí puedes”.

 

3 ¿COMPENSAN LOS LOW COST?

El fenómeno de los gimnasios de bajo precio ha venido a dar respuesta a una parte importante de mercado que demandaba un sitio donde hacer ejercicio pero no podía asumir las cuotas de otros centros más caros. Si buscas un paquete básico de máquinas y clases es tu opción. En caso de que quieras zona de aguas, piscina climatizada, salón de estética, servicio de lavado de toallas o clases muy innovadoras, tendrás que buscar una alternativa más cara.

 

4 ¿Y SI NO ME DUCHO HASTA LLEGAR A CASA?

No es mala opción. Al entrenar, tu cuerpo aumenta de temperatura. Entonces el organismo pone en marcha el mecanismo de la transpiración para evitar recalentarse en exceso. Cuando paras, va enfriándose lentamente. Una ducha rápida nada más terminar no detendrá la sudoración y puedes verte, 20 minutos después, duchada y empapada de sudor de nuevo.

 

5 ¿PUEDO IR ESTANDO EMBARAZADA?

Es muy recomendable hacer ejercicio antes de que nazca tu bebé. Mejora la circulación y ayuda a mantener el peso a raya. Pero ni todos los ejercicios son recomendables ni la misma intensidad mientras avanza el embarazo. Coméntaselo a los monitores para que adapten las rutinas a tu estado. Un pulsómetro puede serte de ayuda para comprobar que la frecuencia cardíaca no se dispara y que el feto no sufre falta de oxígeno.

 

6 ¿ME DESMAQUILLO ANTES?

Hay cosméticos waterproof y altamente transpirables que resisten sin problemas tu paso por el gimnasio. Si no lo son, mejor retíralos antes de las sesiones para no acabar con un rostro digno de Halloween.

 

7 ¿DEBO LAVAR LA ROPA DEL GIMNASIO A DIARIO?

Sí. La has extendido sobre una colchoneta por la que han pasado decenas de cuerpos sudorosos, te ha ayudado a secar las máquinas de efluvios ajenos y, para terminar, ha enjuagado tu propia transpiración. No es mortal, pero es un excelente caldo de cultivo de bacterias potencialmente patógenas. ¿De verdad quieres doblarla, guardarla en la bolsa y volver a usarla mañana como si estuviera limpia?

 

8 ¿SIRVEN DE ALGO LAS PRENDAS DE COMPRESIÓN?

Hay que diferenciar entre las de compresión y las moldeadoras. Las primeras, habituales entre los amantes del running, comprimen ciertos grupos musculares para obligarlos a mantener en su sitio. Al no adoptar malas posturas, el rendimiento es mayor. Por ejemplo, las camisetas con esta tecnología ceden menos en los hombros o en la zona de la columna. Así ponen más complicado acabar corriendo encorvada en esos últimos kilómetros en los que el cansancio hace mella. ¿Y para qué? Porque al respirar recta inhalas más aire. Además, bien derecha, tu centro de gravedad está donde debe estar. Al inclinarte, el cuerpo debe compensar a cada zancada tu mala postura y acabas cansándote el doble. Posiblemente te hayan llamado la atención esas largas medias de algunos corredores. Sirven para favorecer el retorno venoso y ayudan a los músculos a recuperarse tras un gran esfuerzo (por ejemplo, una maratón). Las prendas moldeadoras, como la famosa colección Shape + de Decathlon, solo actúan a modo de faja exterior para lograr un efecto vientre plano y disimular algunas redondeces. Así puedes ir al gimnasio con ropa ceñida y sin complejos.

 

9 ¿POR QUÉ EL YOGA NO ME RELAJA?

La primera causa, habitual en los gimnasios multidisciplinares, es obvia: es difícil centrarse en tu momento zen cuando en la sala de al lado el monitor de spinning se desgañita con David Guetta a todo volumen. Si lo que buscas es desconectar, opta por centros donde solo se impartan disciplinas relajantes (yoga, Pilates, tai chi, meditación…) o apúntate a talleres en exteriores. Hay una segunda razón. “Vivimos a toda velocidad. No pretenderemos entrar en clase y calmarnos de golpe. Relajarse lleva tiempo. Primero hay que centrarse en la respiración y no obsesionarse con la postura o con alcanzar el Nirvana. Poco a poco, sesión tras sesión, iremos sosegándonos más. Querer darlo todo también en yoga lo único que hace es estresar, que es precisamente de lo que estamos huyendo”, explica Valentina Raventós, monitora de yoga tailandés en OenTándem.

 

10 ¿POR QUÉ NO ADELGAZO?

Para perder peso hay que ingerir menos calorías de las que se queman. Uno de los errores de principiante es hacerse la cuenta de la vieja de las calorías quemadas con las cifras que se publican en la prensa y aplicárselas. En una clase de spinning puedes quemar de 300 a 500 calorías, según la intensidad de pedaleo y tu propia  corpulencia. Pero cada minuto que paras o relajas, son calorías de menos que quemas. El segundo error es comer más con la excusa de que “ya lo he quemado en el gimnasio”. La mala noticia es que a poco que te excedas, ya te vas a pasar. Un ejemplo: un tercio de cerveza son 132 calorías. Un sándwich mixto, 404 cal. Haz la cuenta.

 

11 ¿ES MEJOR IR ANTES DE TRABAJAR O DESPUÉS?

La eterna duda: ¿merece la pena madrugar para meterse en una sesión de body pump a las siete de la mañana? Una sesión de deporte matutino ayuda a espabilarnos y activa el metabolismo, con lo que a lo largo de la mañana quemarás más calorías sin esfuerzo. Además te aseguras cumplir con tu rutina deportiva al 100%, mientras que si lo dejas para la tarde puede que una reunión, un encargo imprevisto o la presión de los amigos te alejen del camino del gimnasio. Eso sí, ve siempre desayunada. “Entrenar en ayunas favorece el agotamiento de los depósitos de glucógeno corporal. Eso provoca fatiga, mareos y aumenta el riesgo de lesiones”, advierten Juana Mª González, Julia Farré y otras tres expertas en nutrición más en el libro La Dieta Inteligente para Runners (Vecchi Ediciones) supervisada por la  Clínica Alimmenta. ¿Y el pelo? Sudar a primera hora puede arruinar tu melena. Si te reúnes con un cliente al empezar la jornada y no tienes tiempo para lavar, secar y peinar, echa mano de un champú en seco. O, directamente, ve al gimnasio por la tarde. A última hora te toparás con la hora punta. Traducido: muchos usuarios a la caza de una elíptica, peleas por las plazas en spinning o aglomeración en el vestuario. A cambio puedes emplearte a fondo, descargar toda la adrenalina de un mal día y alargarte hasta la hora de cierre pasando por la sauna. Ojo: la actividad física de alta intensidad a última hora del día espabila igual que por la mañana. Solo que al caer la noche, esto puede dificultar el sueño.

 

12 ¿CÓMO LAVO LA ROPA DEPORTIVA, A MANO O EN LAVADORA?

Salvo que el fabricante diga lo contrario, el textil puede lavarse sin problemas en la lavadora. Basta con poner un programa corto, en frío y con el centrifugado más suave. En unas sesiones sobre deporte y mujer organizadas por Adidas los expertos insistían a las asistentes en lavar la ropa deportiva nada más usarla para evitar que el sudor se corrompa y jamás usar suavizante con la ropa técnica. Esto se debe a que la fibras tecnológicas de estos tejidos (el Dry Fit de Nike, el Climachill de Adidas…) están entrelazadas para alejar el sudor de la piel. El suavizante obstruye esa salida, con lo que, al volver a usarlas se forma una capa de sudor que acaba haciendo mal olor. En cuanto al secado, mejor al aire libre y lejos de los rayos del sol.

 

13 ¿Y LAS ZAPATILLAS?

Sí, el calzado deportivo también se lava. Y, preferentemente, a mano (salvo los cordones que sí admiten lavadora). Todas tenemos amigas que juran lavarlas a máquina pero antes de introducirlas en el tambor recuerda cuánto te han costado (no son baratas) y si merece la pena acortarles la vida. El proceso es algo tedioso. Primero saca las plantillas y aséalas con agua y jabón. Si hay barro en el exterior del calzado (solo si has salido a correr), quítalo con un cepillo de uñas, agua caliente y jabón antigrasa. Y déjalas secar, nunca sobre el radiador para no deformarlas. Todos los fabricantes coinciden en que meterlas en la lavadora es solo el último recurso. Si no te queda otra, mételas en una bolsa de rejilla y usa el mismo programa que con el textil deportivo.

 

14 ¿ES MALO EL DEPORTE CON CAMISETAS DE ALGODÓN?

Depende de la actividad. Para las más tranquilas, aquellas en las que apenas se transpira (como por ejemplo, el tai-chi o algunas modalidades de yoga), muchas marcas apuestan por el algodón orgánico como símbolo de comunión espiritual con la naturaleza. Si piensas sudar la gota gorda olvídate del algodón, ya que actuará como una esponja absorbiendo toda la humedad corporal. Y lo que es peor: tardará mucho en secarse. Quedarte charlando con la camiseta empapada después de una clase de zumba es opositar a pillarte un resfriado.

 

15 ¿HAY QUE CAMBIAR DE ZAPATILLAS CON CADA ACTIVIDAD O HAY MODELOS QUE VALGAN PARA TODO?

Unas zapatillas de entrenamiento normales sirven para casi todas las clases así como para entrenar en sala. Las reconocerás por ser bastante ligeras y flexibles. Sin embargo, hay algunas disciplinas que requieren algún tipo especial de sujeción o de amortiguación en las que un calzado específico puede librarte de lesiones. Por ejemplo, para crossfit necesitas que se adhieran bien al suelo y resistan bien la erosión al trepar por la cuerda. Para bailar, en cambio, todo lo contrario: el dibujo de la suela debe ser suave para facilitar los giros y amortiguar óptimamente en el antepié durante las piruetas. Las de running sujetan bien el pie para evitar torceduras. Son incómodas para spinning, pero puedes usarlas si no quieres acumular deportivas en casa.

 

16 ¿MERECE LA PENA UNA CUOTA BARATA PERO DE LARGA DURACIÓN?

Lo del gimnasio viene a ser parecido al matrimonio. Antes de dar el sí quiero piensa con franqueza con qué asiduidad irás, cómo se te presenta el año o si habrá semanas enteras en las que, por viajes o por acumulación de trabajo, no tengas tiempo para entrenar. Si crees que vas a exprimir la cuota hasta el último céntimo, aprovecha las tarifas de alta fidelidad. ¿No estás segura? Paga mes a mes. En las cláusulas de algunos centros deportivos se contempla la posibilidad de darse de baja transitoriamente sin perder la matrícula. Esto viene bien en caso de viajes o postparto. A las viajeras frecuentes no les suele salir rentable la cuota en un único gimnasio. La solución son las apps que permiten ir cada día a un gimnasio distinto en ciudades diferentes pagando una única mensualidad (Gym For Less, Gym Advisor, So Much More). Incluso, ir días sueltos pagando una entrada cada vez.

 

17 ¿Y LOS QUE SOLO ADMITEN MUJERES?

No se trata de ser ni ultrafeminista ni sexista. “Es una opción comercial: dirigirse solo a la mitad del mercado para dar una oferta más especializada. Por ejemplo, en la decoración o en la programación de las clases colectivas, dando más cabida al baile. Además, las clientas se sienten más relajadas sin hombres. Cuando hay usuarios masculinos, se vuelven más competitivas, con ellas mismas y con las demás”, explica Chus de Gregorio, directora del centro Arsenal de Ortega y Gasset (Madrid). “Y la sala de musculación no huele a sudor como en los mixtos”.

 

18 ¿DEBERÍA IR AL FISIOTERAPEUTA?

Rotundamente, sí. “Lo ideal sería una visita cada mes y medio o dos meses. En especial si se realiza algún tipo de actividad física para descongestionar los músculos. Es menos arriesgado si se trabaja con un entrenador personal, que vigila bien las posturas y las cargas que pone a cada músculo. En las clases colectivas, en cambio, es fácil no rotar bien la cadera o mover mal un brazo. Esto puede ocasionar tirones o sobrecargas”, advierte Alba Jiménez, fisioterapeuta en los centros Saludando. Pero lo habitual es no acudir hasta que algo duele. “Mi consejo es llegar a un punto medio, una periodicidad anual. Igual que nos mentalizamos de que hay que hacerse una revisión ginecológica o dental al año, ¿por qué no incluir en el calendario de visitas a un profesional la del fisioterapeuta?”.

 

19 ¿CADA CUÁNTO CAMBIO MI BOTELLA DE AGUA?

Mira las instrucciones de uso de las botellas de supermercado: son de usar y tirar. Y se recomienda no rellenarlas. En la web plasticinfo.org explican por qué: al beber siempre entran bacterias de nuestra propia boca. Estas prosperan con facilidad en ambientes cálidos y húmedos y se adhieren mejor al plástico que al vidrio o metal. Dadas las temperaturas cálidas de un centro deportivo, tenemos las condiciones ideales para que la botella deje de ser segura. Cámbiala a diario o lleva tu propio bidón. En este sentido, puede que dudes entre optar por uno con o sin bisfenol A, más conocido como BPA. Este compuesto químico suscita enorme controversia entra la comunidad científica ya que algunos estudios lo señalan como causante de distintas patologías, desde migrañas hasta cáncer. En los biberones está prohibido desde hace años. Actualmente casi todas las marcas comerciales disponen de ambos tipos de recipientes con el beneplácito de las autoridades sanitarias. Eso sí, aclárala al llegar a casa y no la dejes llena de agua varios días.

 

20 ¿COMPENSA ALQUILAR UNA TAQUILLA?

No todos los centros cuentan con este servicio. “Tener tu propia taquilla te permite dejar en el gimnasio cosas que pesan o abultan mucho en la bolsa de deporte: los productos de aseo en su tamaño normal sin recurrir a tamaños de viaje, la plancha del pelo, los productos de peinado como la laca o la espuma, los guantes de boxeo…”, nos desglosan desde la recepción de Duets Sports Badalona. “También se puede compartir con una amiga”. No conviene dejar ni la toalla ni las zapatillas. La humedad concentrada dentro de ese pequeño espacio puede generar un desagradable olor. El textil sudado llévatelo siempre a casa y lávalo.

 

21 SI HAGO PESAS, ¿ME PONDRÉ CACHAS?

Rotundamente, no. Sin embargo es uno de los principales temores de las féminas cuando el monitor les pone una tabla de ejercicios. Pero para generar un aumento muscular muy evidente, como el de los culturistas, hace falta testosterona y las mujeres tenemos niveles mínimos de esa hormona masculina. “Harían falta un número exagerado de repeticiones para salir del gimnasio con los brazos de Silvester Stallone en Rambo”, comenta el entrenador personal Sergio Llul. Para lo que sí sirven las pesas es para tonificar, mitigar la flacidez y, todo lo más, definir la silueta. Sin ir más lejos, la reina Letizia muestra ahora unos brazos más tonificados que durante su época de periodista, bonitos pero muy lejos de estar hipermusculados.

 

22 ¿TENGO QUE DORMIR MÁS?

Tienes que dormir bien. Y las horas necesarias. Para un adulto de entre 18 y 65 años la Fundación Nacional del Sueño recomienda entre siete y nueve horas y una menos a partir de los 65. ¿Quieres funcionar a pleno rendimiento en una clase o con los aparatos de la sala? Ve al gimnasio plenamente descansada. De lo contrario, no solo te agotarás aún más, sino que esa debilidad puede hacer que te lesiones por no hacer bien los movimientos. Además cada vez te costará más recuperarte del esfuerzo del día anterior (los músculos se regeneran sobre todo durante el sueño). La prueba nos la dan un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford (EE UU). Estudiaron el rendimiento de varias tenistas aumentando de 8 a 10 horas su cuota de sueño diario. La conclusión fue abrumadora: cuanto más tiempo pasaban en brazos de Morfeo, mejor jugaban.

 

23 ¿TENGO QUE TOMAR SUPLEMENTOS?

Nada más poner el pie en el gimnasio te toparás con un enorme supermercado de complementos dietéticos, suplementos, concentrados energizantes… No son imprescindibles salvo que te machaques a base de bien. Lo que sí debes es cuidar más tu alimentación. “Una dieta variada y equilibrada es esencial para entrenar con fuerzas. Nada más terminar hay que hidratarse bien con batidos o zumos ricos en vitamina C para estimular la recuperación. Además después del ejercicio es importante comer alimentos ricos en proteínas para reparar las fibras musculares, y en ácidos grasos esenciales (pescado azul, aceite de oliva crudo, frutos secos). También hidratos de carbono para llenar las reservas energéticas”, explica Laura Ayuso, especialista en entrenamiento personal y nutrición de Sport Zone. Si ves que te cuesta recuperarte de una sesión dura, prueba a incluir un suplemento de magnesio y si temes por tus huesos, uno de colágeno.

 

24 ¿Y SI ME ROBAN?

Los amigos de lo ajeno no conocen límites y también actúan en los gimnasios. No pierdas de vista el móvil ni dejes cosas de valor en la taquilla. “El centro está exento de responsabilidad y lo comunica, no solo en las cláusulas del contrato, sino en carteles claramente visibles”, confirma el abogado Tomás Martínez, del despacho jurídico Tomás Martínez y Asociados. Si llevas algo de gran valor como un ordenador portátil dilo en recepción. Según los casos pueden dejarlo a buen recaudo en un despacho pero dependerá de que quieran hacerte el favor.

 

25 SI ME LESIONO, ¿PUEDO PEDIR RESONSABILIDADES AL GIMNASIO?

“No. Los contratiempos habituales de una práctica deportiva normal, como torceduras o rotura de fibras, se entienden como consecuencias posibles y no puede extrapolarse una responsabilidad al

gimnasio. Solo habría una excepción: que el daño se haya producido debido al mal estado de las instalaciones (unas espalderas mal ancladas o rotas) o del material (pesas deficientes, cinta de correr mal calibrada…)”, apunta Martínez. “Si alguien teme lesionarse, porque la actividad sea intensa o por su propio estado de salud, debería contratar un seguro médico específico”.