La taza de té

La utilidad de la taza de té está en su vacío (emptiness). Un sabio fue una vez a un maestro zen para preguntar sobre el zen. Mientras el maestro zen le explicaba, el sabio le interrumpía constantemente con observaciones como: «¡Oh, sí, nosotros también tenemos eso...!», «Nosotros también hacemos eso», y así sucesivamente. Finalmente el maestro zen paró de hablar y empezó a servir té al sabio. Le llenó la taza, y entonces continuó vertiendo té hasta que la taza se desbordó. «¡Basta!», interrumpió una vez más el sabio. «¡Ya no cabe más en la taza!» «Efectivamente, ya lo veo», respondió el maestro zen. Si no vacías primero tu taza, ¿cómo puedes saborear mi taza de té?

La rana en el pozo

Un grupo de ranas viajaba por el bosque, cuando de repente dos de ellas cayeron en un pozo profundo. Las demás se reunieron alrededor del pozo y, cuando vieron lo profundo que era, le dijeron a las ranas que cayeron que era imposible salir y debían darse por muertas. Sin embargo, ellas seguían tratando de salir del hoyo con todas sus fuerzas. Las ranas de fuera les decían que esos esfuerzos serían inútiles, que nunca podrían salir. Una de las ranas atendió a lo que las demás decían, dejó de esforzarse, se dio por vencida y murió. La otra continuó saltando con tanto esfuerzo como le era posible. La multitud le gritaba que era inútil pero la rana seguía saltando, cada vez con más fuerza. Hasta que finalmente consiguió salir del pozo. Las otras le preguntaron: ?¿Acaso no escuchabas lo que te decíamos? La ranita les explico que era sorda y creía que las demás la estaban animando desde el borde a esforzarse más y más para salir del hueco. Una voz de aliento a alguien que se siente desanimado puede ayudarle, mientras que una palabra negativa puede acabar por destruirlo. Tengamos cuidado con lo que decimos, pero sobre todo con lo que escuchamos. Reflexión: ¿Cómo dejas que te influya lo que te dice tu entorno?

La vasija agrietada

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban en los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba la vasija rota sólo tenía la mitad del agua. Durante dos años completos esto fue así diariamente. Desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación. Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole: ?Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir. El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente: ?Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino. Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, pero de todos modos se sintió apenada porque, al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar. El aguador le dijo entonces: ?¿Te has dado cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y durante dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi madre. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza. Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

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