Una de las formas más comunes de conseguir esto es a través de la meditación, pero no acaba ahí la cosa. Añadir o cambiar pequeñas rutinas a tu día a día puede resultar también muy beneficioso y por ello queremos proponerte 3 muy sencillas, pero eficaces para que empieces.

? Respirar: Suena obvio ¿verdad? Pues no lo es tanto como piensas. En tan solo tres segundo puedes volver a reconectar con tu cuerpo simplemente utilizando al respiración. Lo importante es el cómo hacerlo. Deja a un lado la respiración pectoral (la que más utilizamos) y céntrate en la respiración abdominal. Esta es la que practicas sin darnos cuenta cuando estamos dormidos y se trata de trabajarla cuando estamos despiertos. Respira profundamente y lleva ese aire al abdomen sintiendo como se infla esa zona. Pararse a respirar unas tres o cuatro veces al día no te llevará más de 10 minutos y notarás la diferencia.

? Crea tu propia rutina de aplicarte tu bálsamo o cacao de labios preferido: Asociar el mindfulness a algo que hacemos muchas veces al día es fundamental para practicarlo. La cuestión es pararse y centrarse en lo que estás haciendo. Siente la textura del producto, su olor, la sensación que deja sobre los labios. Si no usas cacao, utiliza cualquier otra cosa que esté muy presente en tu día a día. Y no tiene por qué ser algo cosmético, se trata de vivir y sentir las pequeñas experiencias diarias.

? Utiliza las molestias del día a día en tu beneficio: Esperar el autobús, estar en un atasco, una cola muy larga en el súper... Cualquiera de esos momentos es bueno para practicar mindfulness. En vez de caer en la desesperación y la frustración, pensar en la prisa que llevamos, etc, aprovecha esos momentos para respirar despacio. Toma consciencia del espacio que te rodea, siente el aire en la cara si estas en la calle... Vive y experimenta el espacio.